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Vidas mercenarias

RESUMEN DEL ARTÍCULO

Los mercenarios más peligrosos de de hoy ya no luchan en el campo de batalla: se alquilan en los platós, las redes sociales, los tribunales y las cloacas de las universidades. Reclutados entre ex-cargos resentidos, académicos estancados profesionalmente y viejas glorias dispuestas a mudar de piel, estos operadores a sueldo desprovistos de principios ejecutan el trabajo sucio que para sus pagadores supone un riesgo difícil de asumir por el coste reputacional que conlleva.

A través de una red de medios y pseudo-medios y libelos digitales,  alimentan un espectáculo mediático vomitivo. Salen a escena con las desgracias colectivas (inundaciones, incendios, crisis migratorias, asesinatos) como perros de presa para fabricar o alimentar bulos, envenenar la convivencia y manipular a legiones de bobos incautos. Su táctica calca los métodos de la propaganda nazi diseñada por sus amos: linchamiento personal, señalamiento del enemigo y manipulación circular del relato.

Como Judas a la espera de su exigua bolsa de monedas, su único dios es el dinero y su patria, el mejor postor. Estos pobres demonios exhiben su docilidad mediática disfrazados de falsos defensores del pueblo, sosteniendo un sistema que maximiza beneficios a costa de la polarización social.

Frente a esta maquinaria destinada a moldear la opinión pública mediante engaños y medias verdades, el único antídoto posible es el espíritu crítico de una ciudadanía bien formada.

Adelante!!!

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Cómo se genera  la energía que decide unas elecciones

RESUMEN DEL ARTÍCULO

Existe un termómetro infalible para predecir el éxito electoral que no tiene nada que ver con las encuestas ni el cálculo racional: la energía emocional que se respira en los actos públicos. La política se decide en el territorio invisible del deseo, y en ese ecosistema, quien logra elevar las expectativas gana por goleada a quien solo se centra en cubrir las necesidades básicas.

Vivimos un cambio de época impulsado por disrupciones tecnológicas y crisis sísmicas que reconfiguran la arquitectura emocional de la sociedad. En este tránsito, los partidos tradicionales cometen un error histórico: siguen hablando el lenguaje de la escasez y la gestión burocrática («el pan»), mientras la ciudadanía, angustiada pero deseosa, busca desesperadamente un sentido («el futuro»). Aquí es donde la ultraderecha y los populismos encuentran su autopista hacia el poder: llenan el vacío con relatos de abundancia, fantasías de identidad y enemigos culpables, convirtiendo la frustración en combustible político.

Los seres humanos no somos criaturas racionales, sino animales emocionales que racionalizan lo que sienten. Podemos soportar la pobreza, pero no la falta de horizonte. Mientras las fuerzas democráticas se limitan a administrar lo existente con un discurso asistencial que no inspira, sus adversarios despliegan una «reprogramación global de expectativas» basada en ilusiones que, aunque falaces, movilizan y generan adhesiones inquebrantables.

La conclusión es una alerta roja: si la política democrática no recupera su alma y empieza a articular un proyecto de futuro que emocione, movilice y devuelva el propósito a la vida de la gente, entregará el destino de la sociedad a los traficantes de ilusiones. Aún estamos a tiempo de construir un relato que reivindique la grandeza de lo posible frente a la facilidad de lo destructivo, pero el reloj corre.

Adelante!!!

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Cómo conectar con la fibra sensible del electorado

RESUMEN DEL ARTÍCULO 

¿Por qué algunas personas olvidan sus principios y votan contra sus intereses? ¿Y por qué otras hacen exactamente lo contrario: sacrifican sus intereses para ser fieles a sus principios? La respuesta está en la dimensión emocional desde la que vivimos y decidimos.

Con el tiempo entendemos que estamos hechos de tres materiales: lo aburrido, lo vibrante y lo divino. Según cuál domine, nos volvemos personas vulgares, brillantes o elevadas. Y, naturalmente, nos sentimos atraídos por quienes despiertan en nosotros lo emocionante y lo selecto. Los griegos lo sabían bien y llamaron a estas formas de habitar el tiempo CronosKairós y Aión: lo anodino, lo vibrante y lo trascendente.

El mecanismo es sencillo: al escuchar a alguien, nuestra mente decide en segundos si lo que oímos nos empequeñece o nos eleva. Buscamos ideas audaces, selectas, capaces de sacarnos del gris de Cronos para llevarnos a la vibración de Kairós y, cuando es posible, a la plenitud de Aión. Por eso conectamos con quienes inspiran y nos alejamos de quienes nos empequeñecen.

En política sucede igual. Todos vivimos atrapados en lo prosaico —trabajo, tareas anodinas, preocupaciones—, pero seguimos necesitando a quien nos haga vibrar, a quien convoque a lo épico y nos invite a una aventura colectiva. Por eso las propuestas electorales deben abrir paso a un proyecto más grande: un propósito que dé sentido a la vida de la gente.

La política fracasa cuando olvida que las sociedades no mueren por falta de recursos, sino por falta de sentido. Y hoy, más que nunca, un milímetro de visión y vibración basta para inclinar la balanza.

Adelante!!!

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El legado

El galardón más preciado de la existencia es la satisfacción de haber dejado un valor a los demás, la confortante sensación de que nuestra vida ha merecido la pena, y que cada una de nuestras acciones ha perseguido un propósito elevado.

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Machismo, racismo, xenofobia, abuso de poder e injusticia. Señas de nuestra identidad cultural.

Nos guste o no, cosificar a la mujer, insultar y denigrar de personas de otro color o llamar maricón a alguien es la normalidad de una sociedad enferma y las señas de identidad de una cultura que necesita una revisión a fondo. Y nos rasgamos las vestiduras cuando saltan a la escena mediática actitudes machistas, racistas o misóginas, casi siempre en el fútbol, porque es lo que más ve la gente, sin ser capaces de reconocer que esos comportamientos son la norma de nuestra vida diaria, una expresión indeseable de nuestra cultura que está socialmente normalizada en el día a día y solo nos escandaliza cuando sale en televisión y lo ven centenares de millones de personas en todo el mundo.

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