Archivo de la etiqueta: emociones

El Capital emocional. La principal riqueza de las naciones en el siglo XXI.

El capital emocional es el motor de la nueva economía.

El capital, para Adam Smith, eran los recursos financieros, humanos y materiales (fábricas, máquinas) con los que contaba una sociedad para crear valor (La Riqueza de las Naciones). Con la llegada de la Sociedad del conocimiento (Peter Drucker), aparecen otras formas críticas de capital (capital intelectual, capital relacional, capital cliente, capital reputacional…). Pero ninguno de ellos fue capaz de ver el capital más importante con el que cuenta un país, región, ciudad, organización o una persona para crear valor y riqueza, se trata del CAPITAL EMOCIONAL, entendido como el estado de ánimo que tienen las personas que viven en un lugar para  movilizar el conjunto de los recursos y activos que tienen a su alcance.

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10 claves para convertirte en un líder político influyente.

Cambio histórico, estados de ánimo y liderazgo. Un nuevo estilo de hacer política.

La primera destreza que tiene que desarrollar una persona que aspira a liderar en cualquier ámbito (política, cultura, religión, empresa… ) es aprender a observar los cambios históricos, lo nuevo que emerge de ellos, los sentimientos y emociones de definen cada época, así como el estado de ánimo resultante, al objeto de hacerse cargo de él, transformarlo y expandirlo. Y todo esto necesita una disciplina que se puede aprender.

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7 prácticas para reeducar nuestras emociones, superar el desánimo colectivo y esquivar la depresión.

¿Por qué la sociedad está en depresión? 

El cambio permanente al que nos vemos sometidos nos está trayendo muchos problemas mentales y emocionales (miedo, zozobra, desazón, ira, resignación, resentimiento, paralización, desconcierto…), como reacción a las situaciones nuevas e imprevistas que tenemos que enfrentar cada día. La educación de las emociones que recibimos estaba diseñada para una vida más previsible y estable, pero cuando el tiempo se aceleró y las circunstancias comenzaron a cambiar rápidamente, se desordenó nuestro equilibrio y empezamos a sufrir tensiones emocionales que afectan gravemente a nuestra salud (solo hay que mirar el agravamiento de la salud mental de la población en los últimos años). Los cambios son tan grandes que la mente humana no está diseñada para  encajarlos con tanta celeridad.

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La gran esperanza en el futuro está en los poetas.

La dimensión poética no es patrimonio exclusivo de los poetas, todas las personas estamos hechas de vulgaridad y poesía. Cuando danzamos y fluimos con la poética la vida florece a nuestro alrededor. Los poetas han sido los principales arquitectos para dar forma a nuestro mundo y traernos como máximas la belleza, la bondad, el amor o la justicia. En este momento nos encaminamos al mayor salto civilizatorio de la humanidad, y la esperanza para que el nuevo mundo sea más bello, bueno, amable, amoroso, confortable y justo, dependerá en gran medida de las palabras de los poetas actuales y venideros para crearnos nuevos lenguajes, imaginarios, ideales, realidades y mundos posibles.

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Las relaciones internacionales, un club de apariencia refinada que funciona como una banda de gánsteres.

La ciudadanía ha de abandonar su inocencia y dejar de pensar que el mundo se mueve por reglas justas. La política internacional en sus más altas esferas, es lo más parecido a una banda de gánsteres, donde el único fuero es la fuerza y su ejercicio intimidatorio al servicio de unos intereses económicos, cuyas prácticas son lo más parecido a las mafias. La mayor parte de las veces, la apelación a dios, la patria, la seguridad, los derechos humanos, la justicia, la libertad o la democracia; no son más que burdas excusas para justificar las acciones más atroces a favor de los intereses económicos de los poderosos.

Así, las relaciones entre países, con algunas honrosas excepciones, se mueven igual que una banda de barrio, sus estructuras de poder y mecanismos son los mismos que los de las viejas tribus guerreras, solo que con instrumentos coercitivos más sutiles y una diplomacia florentina más cuidada, pero con armas de destrucción masiva mucho más poderosas, que se activan sin importar sus trágicas consecuencias.

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