
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Sigue leyendoDesde hace más de una década, una marea de fondo empuja al mundo hacia gobiernos de ultraderecha con rasgos autoritarios y fascistas. Nace de las transformaciones en la tecnología, la economía y el trabajo, y coge a pie cambiado al liberalismo y la izquierda.
La ultraderecha habla en clave de riqueza e identidad; la izquierda, en clave de pobreza. La ultraderecha se apropió de las palabras libertad, igualdad y solidaridad, mientras la izquierda perdía el monopolio de la utopía frente a la promesa liberal de que todos somos ricos en potencia.
No es solo la crisis de los partidos, sino del modelo que los sustenta: estructuras rígidas para una realidad líquida, donde la selección negativa premia la obediencia y expulsa el talento.
Los partidos tradicionales se han quedado en la letanía de sus programas. Han perdido la conexión emocional con un electorado desideologizado, desclasado y descreído que no se resigna a igualarse por abajo. Reconquistarlo exige transferir entusiasmo y un gran proyecto colectivo de futuro que dé sentido a la vida de la gente.
Los electores podrán perdonar a un líder que se equivoque con su visión, pero nunca que no la tenga.
Adelante!!!




