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El propósito

RESUMEN DEL ARTÍCULO

Hace muchos años, mi padre me enseñó que algunas personas “doblan el gorro” poco después de jubilarse, no por la edad, sino porque no saben cómo llenar su tiempo. Aquellas palabras quedaron grabadas en mí y se convirtieron en un antídoto contra el aburrimiento, la zozobra y el vacío existencial.

Vivimos en una sociedad que avanza a tal velocidad que apenas logramos acomodarnos a una realidad cuando otra viene a descolocarnos. El estrés, la soledad, los problemas de salud mental y el nihilismo comparten una raíz profunda: la pérdida del sentido.

Por eso, construir un propósito lo cambia todo. El propósito no es un objetivo, sino un compromiso existencial con uno mismo, una causa superior y un legado. Es la estrella Polar que orienta nuestras acciones, la luz que nos hace saltar de la cama como un muelle y convierte las prácticas en hábitos, los hábitos en carácter y el carácter en destino.

Quizá haya llegado el momento de emprender la travesía hacia tu Ítaca interior. No desaparecerán las dificultades, pero cada esfuerzo ocupará su lugar dentro de una obra mayor. Cuando tomas el timón de tu ser, la vida florece, el aburrimiento retrocede y el viaje cobra sentido.

Adelante!!!

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El legado

El galardón más preciado de la existencia es la satisfacción de haber dejado un valor a los demás, la confortante sensación de que nuestra vida ha merecido la pena, y que cada una de nuestras acciones ha perseguido un propósito elevado.

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Toda una vida en una caja de zapatos

Esa vieja caja presente en los hogares humildes que se guardaba con celo en el armario o la mesilla de noche y constituía su principal patrimonio intangible. Un capital emocional cuyos valores depositados en ese modesto banco del tiempo eran las fotografías de la familia, en el intento por esquivar el olvido que seremos y el deseo de permanecer unidos.

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La sociedad de la queja permanente y la crítica fácil. Una vacuna para salir indemne.

Cierto día, un padre y su hijo hicieron un viaje en su borrico. Al pasar por un pueblo los vecinos murmuraron: qué vergüenza, el padre montado en el burro y el pobre hijo tan pequeño caminando; escuchando las críticas,  el padre se bajó del burro y le cedió el puesto a su hijo. Llegaron a otro pueblo y la gente murmuró de nuevo: qué injusticia, el joven cómodamente montado sobre el burro y el pobre hombre caminando; por lo que decidieron montarse los dos en el burro. Y así llegaron a otro lugar donde los viandantes comentaban: qué vergüenza, dos hombres que pueden caminar perfectamente maltratando a un pobre animal; por lo que ambos decidieron continuar el camino a pie. Al paso por el siguiente pueblo, los paisanos decían: qué tontos, tienen un burro y no se montan en él. Después de una larga reflexión, el padre dijo: sabes hijo, vamos a hacer lo que consideremos que tenemos que hacer en cada momento, porque si nos guiamos por lo que opinan los demás, siempre recibiremos críticas y nuestra vida será un calvario.

Una sociedad en minoría de edad.

Crítica fácil, queja permanente, reivindicación de derechos, escaqueo de responsabilidades, ley del mínimo esfuerzo, superficialidad, procrastinación, descompromiso… son rasgos que se retroalimentan en la sociedad actual, generando una deriva sin freno hacia el nihilismo.

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Una causa por la que vivir.

El mundo se nos ha desordenado, en los próximos años tendremos que construir un nuevo orden para poder seguir viviendo juntos, necesitaremos llegar a acuerdos globales para redefinir la economía, las finanzas, el trabajo o la educación. Estamos abocados a un nuevo contrato social para habitar la complejidad y la incertidumbre, a un New Deal (nuevo trato). 

En la construcción del nuevo orden, cada uno de nosotros tenemos una tarea, y hay que hacerlo bien, con responsabilidad,  porque de lo contrario estamos expuestos a un estallido social con graves consecuencias y sufrimientos.

Y ya que tenemos que crear un nuevo mundo, hagámoslo mejor que el actual. Es el momento para arrimar todos el hombro, animando a cada persona a que construya un legado para las futuras generaciones, que encare su vida desde un propósito elevado, desde una causa por la que merezca la pena luchar y vivir.

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