Archivo de la categoría: Crecimiento Personal

No tengo miedo al fracaso

Cuando era niño, lo que más temía cuando me caía era sentir la afrenta de ser visto por los demás y quedar sometido a su escrutinio, algo que me producía mucho más dolor que los golpes. Con los años, me di cuenta que este sentimiento aprendido, heredado como un tic de mi mundo cultural, condicionaba mi vida, limitando mi espacio para actuar y atreverme a hacer cosas importantes.

El otro día me preguntaron cuál era la principal enseñanza que podríamos dejar a los jóvenes en estos momentos, la escena de la caída me vino a la cabeza y respondí: “perder el miedo al fracaso es la cosa más valiosa que podemos dejar a nuestros hijos y a las personas que queremos”.

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Se acabó la seguridad. Vivir se ha convertido en una aventura.

Aunque en estos momentos de zozobra nos parezca que el futuro está lleno de fatalidad, se abre ante nosotros en un horizonte de posibilidades donde todo está por hacer y cada uno de nosotros tenemos la llave para construir nuestro destino. Eso sí, aprendiendo a vivir la vida como una auténtica aventura y abandonando la absurda idea de que podemos tenerlo todo bajo control.

Para hacerlo tendremos que cambiar nuestra forma de pensar, empezando por entender que el control es una quimera en un mundo presidido por el cambio y la incertidumbre. Si no lo logramos, lo vamos a pasar muy mal.

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Méntor, Telémaco y la nueva educación. El mentor como figura clave para navegar por el mundo incierto que nos espera.

Cuando Ulises parte a la guerra, lo primero que hizo fue encomendar a su amigo Méntor la educación de Telémaco, su hijo. La lección que nos ofrece la Odisea  (siglo VIII a.c) para un tiempo lleno de turbulencias como el actual es impagable porque nos ofrece las claves más modernas para la educación de nuestros hijos, estudiantes, equipos y trabajadores.

Méntor se revela como la figura y el rol clave que deberíamos adoptar como padres, madres, profesoras o entrenadores. Su papel contiene aspectos emocionales relacionados con el amor y el compromiso para propiciar un sustrato de confianza desde donde ejercer la labor de tutor, orientador y guía.

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Una causa por la que vivir.

El mundo se nos ha desordenado, en los próximos años tendremos que construir un nuevo orden para poder seguir viviendo juntos, necesitaremos llegar a acuerdos globales para redefinir la economía, las finanzas, el trabajo o la educación. Estamos abocados a un nuevo contrato social para habitar la complejidad y la incertidumbre, a un New Deal (nuevo trato). 

En la construcción del nuevo orden, cada uno de nosotros tenemos una tarea, y hay que hacerlo bien, con responsabilidad,  porque de lo contrario estamos expuestos a un estallido social con graves consecuencias y sufrimientos.

Y ya que tenemos que crear un nuevo mundo, hagámoslo mejor que el actual. Es el momento para arrimar todos el hombro, animando a cada persona a que construya un legado para las futuras generaciones, que encare su vida desde un propósito elevado, desde una causa por la que merezca la pena luchar y vivir.

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Una nueva mirada para entender la vida, el ser humano y las épocas históricas como estados de ánimo.

El recuerdo que tenemos de cada persona, de cada familia, de cada ciudad, de cada país, lo guarda nuestra memoria como un conjunto de emociones. Los recuerdos que nos  trae la mente y evocamos, nos llegan en forma de emociones antes que en datos, información o imágenes.

Nuestra mente registra a las personas de manera automática en función de las emociones que nos transmiten, creando una etiqueta que se genera en segundos. El archivo (recuerdo) que tenemos de los demás y los acontecimientos es más emocional que racional, en función del cual tomamos decisiones, nos enamorarnos, compramos o establecemos relaciones.

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