Debemos dejar de ver al ser humano como ser individual y aprender a entenderlo como especie.
Cada día se pone más evidencia la extrema fragilidad del ser individual en el mundo y la necesidad de sortear un abismo existencial que nos reduce a la nada, una sensación que nos puede llegar a angustiar si no aprendemos a pensar y actuar como una especie que basa su fuerza en la inteligencia colectiva. El individualismo nos ha demostrado que nos conduce al más estrepitoso de los fracasos, una actitud ineficaz para enfrentar una realidad ante la que se yerguen unos desafíos descomunales (enfermedades, migraciones, guerras, crisis climática…) para el conjunto de la humanidad.
