La necesidad de una nueva política enfocada en la creación de riqueza.
Decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, y en eso no iba muy desencaminado. Es increíble como un conjunto de planteamientos falsos, cuando no aberrantes, se pueden convertir en ideas aceptadas que pasan a formar parte del discurso y la acción de los gobiernos sin que nadie se cuestione sus fundamentos.
La historia de los últimos siglos ha sido una lucha entre tres grandes modelos económicos, sociales y políticos: liberal, socialista y fascista. La derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial y el fracaso del modelo comunista después, dejó la supremacía del orden mundial en manos del liberalismo.
Esto no ha supuesto la desaparición del comunismo, de hecho 1/4 de la humanidad vive en este régimen que se dirige inexorablemente (si no está ya) a la economía de mercado. Un pragmatismo que quedó reflejado en la célebre frase de Deng Xiaoping: “Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones”. El fascismo tampoco se esfumó de la escena, ya que en el mundo hay países que viven en un régimen híbrido liberal/fascista, e incluso en la ideología de muchos partidos que amenazan nuestras democracias.
Trumps, Putins, Johnsons Bolsonaros y sus cohortes de imitadores menores en todos nuestros países han monopolizado el relato, manejan la agenda, mientras, las fuerzas progresistas vagan desnortadas sin una propuesta de futuro con la que inspirar a la gente. Vaya tropa ¡Qué desastre!
Que tenemos
administraciones mejores que hace 40 años es una obviedad, eso está muy bien,
pero lo importante en este momento es cómo evolucionamos nuestras instituciones
para dar respuesta a los grandes desafíos del siglo XXI, pues las que tenemos
son ineficientes y hacen aguas por todas partes.
El paradigma
en el que se sustentan nuestros modelos de gobernanza está agotado. Nuestras
instituciones (ayuntamientos, diputaciones) fueron diseñadas para dar respuesta
a las necesidades del siglo XIX y XX, pero el mundo ha cambiado.
El mundo ha cambiado, estamos en la era de internet, inteligencia artificial, big data, en la Cuarta Revolución Industrial. Cuando el mundo cambia y las ofertas a la ciudadanía no se renuevan, tenemos un serio problema.