Grandes mentiras, discursos dominantes y frustración social.

La necesidad de una nueva política enfocada en la creación de riqueza.

Decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, y en eso no iba muy desencaminado. Es increíble como un conjunto de planteamientos falsos, cuando no aberrantes, se pueden convertir en ideas aceptadas que pasan a formar parte del discurso y la acción de los gobiernos sin que nadie se cuestione sus fundamentos. 

Las necesidades insatisfechas son el motor de la economía (sin plantearse la solvencia de la demanda), la mejor política de empleo es poner a las personas desempleadas a buscar un trabajo (que no existe), si estudias mucho y sacas una carrera tendrás un buen trabajo y un futuro asegurado, emprende y tendrás éxito (aunque no estés preparado ni tengas las habilidades necesarias), las necesidades y el gasto social se cubren con deuda (dando una patada hacia adelante a los problemas)…. Son algunas de las mentiras y miserias que se han instalado en la acción política, generando una inercia que empobrece a los países, empeñando el futuro de las próximas generaciones y revelando que los gobiernos no tienen un plan a largo plazo para crear riqueza, más allá de medidas cortoplacistas soportadas en diagnósticos falsos o erróneos para ir parcheando unos problemas que cada día se hacen más grandes.

Mentira 1. Como hay muchas necesidades insatisfechas, para dar respuesta a las mismas se crearán muchas empresas, empleos, actividades económicas y riqueza.

Desde un planteamiento económico y laboral simplista, se señala que en el futuro tendremos muchas oportunidades para crear innumerables empresas y empleos porque en las sociedades hay muchas necesidades insatisfechas. Y de esta manera, los gobiernos hacen recaer esta responsabilidad en la sociedad y los agentes económicos, lavándose las manos, como si con ellos no fuera el asunto.

En sus análisis, los expertos de los departamentos gubernamentales, desde un ejercicio de prospectiva, describen a la perfección  y hacen proyecciones de las empresas y empleos potenciales que podría crear la satisfacción de las necesidades de la gente. ¡Tiempo perdido!,  porque ¿de qué nos sirve que las personas tengan necesidades si no tienen dinero para pagárselas?

Lo transcendente no es que haya necesidades, donde hay seres humanos siempre habrá una larga lista de necesidades insatisfechas , y cuantas más sean cubiertas, más rápida crecerá la lista de demandas. La cosa no está en las necesidades sino en el dinero para pagarlas (solvencia de la demanda). De lo contrario, Burundi, Sudán del Sur y Malawi, serían los países con mayor potencial de prosperidad del mundo, y no lo son porque la cuestión no es las necesidades que tiene esta pobre gente sino la incapacidad para costeárselas.

Es inútil centrarse en las necesidades humanas y no hacerlo en la creación de riqueza para cubrirlas. Lo trascendente es que los Estados y gobiernos se apliquen a fondo en crear riqueza (fomentando una actitud proactiva, una educación transformadora, una cultura del emprendimiento y la innovación, entornos y ecosistemas de colaboración entre agentes…), para que cada persona aprenda a buscarse la vida y crear economía con la que satisfacer sus necesidades y la de los demás. Y esto no significa que el Estado deje desprotegidos a los más débiles, sino todo lo contrario, porque con esta política estará velando por unas cuentas públicas saneadas con más ingresos y más capacidad de gasto.

Que haya necesidades insatisfechas no presupone que se vaya a crear economía por generación espontánea para satisfacerlas. 

Mentira 2. Poner a las personas desempleadas a buscar un empleo, presuponiendo que con ello se reducen los desempleados y aumentan los empleos.

La tarea principal de los gobiernos, junto a la promoción de una educación transformadora donde cada persona pueda alcanzar la mejor versión de sí misma, la creación de las condiciones para generar riqueza y el desarrollo del emprendimiento como primera opción vital, debería ser la creación de las condiciones para crear nuevos empleos desde las políticas y programas públicos.

Pero nada más lejos de la realidad, porque los servicios públicos de empleo se dedican a realizar una especie de rifa de la raquítica lista de empleos disponibles, un despropósito en el que no confían ni los empleadores ni los desempleados.

Por mucho que los gobiernos pongan a todas las personas desempleadas a buscar un empleo, no se van a crear más puestos de trabajo. Además de ser una desconsideración, porque no se puede pedir a la gente que busque algo que no existe. ¿Es ético pedir a millones de personas que busquen unas decenas de miles de empleos? ¿No es algo obsceno? ¿No sería más práctico poner a trabajar a los funcionarios que se encargan de estas tareas en otra cosa y dejar esta tarea a la inteligencia artificial?

Por ejemplo, en un país con 4 millones de personas desempleadas, es aberrante que las políticas públicas de empleo se limiten a poner a los desempleados a buscar unas decenas de miles de empleos (que se van a cubrir de todas maneras), eso es jugar con la gente y dañar su autoestima. Una política de empleo digna ha de centrarse en crear las condiciones para que surjan nuevas iniciativas, no en entretener a la gente. 

Poner a las personas a buscar un empleo que no existe, no garantiza que encuentren trabajo o que con ello se vayan a crear más empleos.

Mentira 3. Estudiar mucho y alcanzar los objetivos académicos es garantía para tener un buen trabajo.

Esta mentira duró hasta hace unas décadas cuando comenzó a estudiar mucha gente. Sin embargo, la mentira se repite hasta la saciedad sin que nadie se ruborice, mientras engordan las universidades, se disparan los millones de títulos en circulación y se alargan las colas del paro. ¿Cómo podemos seguir sosteniendo esta falsedad sin fundamento? Hasta Goebbels sentiría un poco de sonrojo.

Y esto no quiere decir que la gente no estudie, pero otras cosas, de otra manera y con otro propósito. Una nueva educación para que cada ser humano se haga cargo de su vida en un mundo incierto, para que emprenda y se convierta en creador de riqueza material e inmaterial.

Prometer a la gente que estudie una carrera no garantiza un trabajo ni una seguridad de por vida.

Mentira 4. La llamada a emprender a toda costa (sin capacitar para ello ni crear las condiciones adecuadas).

La mayoría de gobiernos e instituciones no saben lo que es el emprendimiento, no lo han sabido nunca, prueba de ello es que el gasto público para formar emprendedores (programas formativos, facultades de estudios empresariales, escuelas de negocio, servicios de asesoramiento al emprendimiento…) son completamente ineficaces, de ellas surgen manadas de funcionarios y muy pocos emprendedores.

El emprendimiento está relacionado con la adquisición de competencias y habilidades para que las personas descubran posibilidades y las conviertan en proyectos: aprender a escuchar necesidades, a crear ofertas valiosas, a trabajar en equipo, a dirigir, a ser impecables, a gestionar estados de ánimo, a planificar de forma flexible, a evaluar… Algo que ni por asomo se aborda en los programas educativos.

Cuando los gobiernos no pueden garantizar el empleo y la creación de tejido empresarial, trasladan la responsabilidad a la sociedad y a las personas desempleadas, animándolas a que se lancen al emprendimiento sin el paracaídas de una verdadera capacitación y sin el entorno favorable (ecosistema) para que los emprendimientos arraiguen.

Los gobiernos, que deberían ser motores del emprendimiento económico y social, se convierten en frenos, en lugar de promover el surgimiento de nuevos emprendedores en todos los ámbitos de la vida, frenan su progresión. En lugar de crear ecosistemas emprendedores, hacen lo contrario. Su discurso va por un lado y las políticas que llevan a cabo van por otro.

Y cuando las arcas públicas se vacían, hacen llamamientos desesperados para que la gente se lance a la aventura de emprender, y muchas personas acaban haciéndolo por necesidad.

Pedir a la gente que emprenda sin recibir una capacitación adecuada para ello es una temeridad.

Mentira 5.  Abusar de la deuda pública como si no hubiera que pagarla nunca (recurrir al gasto público para parchear unas políticas que no funcionan).

Cuando los gobiernos no tienen un proyecto para crear riqueza, ni el coraje para hacer los cambios en la educación que lo propicie, ni una hoja de ruta para el emprendimiento, se limitan a lo más fácil: desarrollar políticas de asistencia social (rentas de subsistencia) y emisión de deuda para endosar la factura a los jóvenes y las futuras generaciones. Y esto no quiere decir que no haya que atender a las personas más desfavorecidas, que es un imperativo ético y moral de cualquier gobierno, sino que hay que tener un proyecto de futuro más ambicioso, fundado más creación de riqueza que en la distribución de la escasez, cosa esta última, que también podría hacer una inteligencia artificial o la aplicación de algoritmos con más solvencia y equidad.

Recurrir a la deuda pública por inercia como práctica habitual para cubrir las necesidades es una temeridad, si no hay un proyecto de creación de riqueza a largo plazo y una decisión inquebrantable para hacer las reformas necesarias.

Aquí hemos expuesto 5 mentiras que mil veces repetidas se convierten en verdad y hechos consumados, pero no son todas, hay muchas más (realidad del cambio climático, brecha digital, hambre, desigualdades…). Los gobiernos lo saben pero miran para otro lado, evidenciando falta de compromiso, desidia y ausencia total de liderazgo.

Discurso dominante y prácticas sociales.

Para crear un mundo con personas cuyas necesidades estén satisfechas,  que haya mucho trabajo, que los estudios produzcan valor, que haya muchos emprendedores creando economía e innovación social, que los gobiernos tengan muchos recursos para hacer frente al gasto social…. Necesitamos que toda la sociedad esté enfocada en la creación de riqueza, y esto no es un discurso, son prácticas sociales que se pueden entrenar y convertirse en políticas públicas.

El problema es que los gobiernos y los partidos políticos no miran más allá de las próximas elecciones, movidos por el tacticismo electoral, escondiendo los problemas en los cajones y evitando abordarlos porque generan tensión y controversia. 

Donde no hay visión, la gente perece.

Dónde está la raíz de la riqueza y la pobreza.

En el sentimiento y percepción de abundancia o escasez. Si creo que ahí fuera hay abundancia, me abro a posibilidades, a hacer cosas, a aprender y emprender, me convierto en una persona de progreso que arriesga, mi confianza crece. Si, por el contrario, tengo la creencia de que el universo es fuente de escasez, dejo de ver posibilidades y mi energía se enfoca en conservar lo que tengo, en no arriesgar, me convierto en una persona conservadora que no se expone lo mínimo, mi confianza decae.

Crear una base social de personas entrenadas en crear riqueza, debería ser la tarea principal de cualquier gobierno, abordando un nuevo contrato social, una acción decidida que implica valorar a las personas que emprenden (cultura del emprendimiento), la transformación de la educación enfocada en nuevas competencias, una política de incentivo de la ciencia y la investigación, desarrollo de la innovación, incorporación de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial a todas las facetas de la producción (big data, algoritmos, inteligencia artificial, programación, robótica, blockchain,), concertación social, reforma radical de la Administración, incentivos al emprendimiento, nuevos servicios públicos de apoyo a emprendedores, capacitación masiva MOOC abierta a toda la sociedad, concertación de los agentes económicos y sociales ante este propósito, cultivo del esfuerzo y el riesgo, asunción del fracaso como una oportunidad para aprender, etc.

Frustración social.

Finalmente, la suma de las grandes mentiras mil veces repetidas con la inexistencia de un proyecto de futuro, la falta de coraje para abordar los cambios en la educación, la ausencia de voluntad para transformar una Administración arcaica, la mentalidad funcionarial trasnochada… terminan generando una gran frustración social, la desafección con los órganos de representación política y el advenimiento de ideologías fascistas y populistas que pescan con facilidad en las aguas revueltas de una sociedad descontenta y descreída.
El gran desafío de nuestra sociedad es enfocarnos en la creación de riqueza, mediante un plan que comprometa al conjunto de la sociedad y a cada individuo en este propósito.

Adelante!!!

Artículos relacionados.

1 comentario en “Grandes mentiras, discursos dominantes y frustración social.

  1. Pingback: El nuevo contrato social. | El blog de Juan Carlos Casco

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.