Toda la literatura barata que se ha despachado en torno a la inteligencia emocional desde la popularización de la obra de Gardner y Goleman, los libros de autoayuda y otras modas efímeras nos han llevado a manosear el mundo de las emociones y su gestión hasta pervertirlo.
Te voy a contar la experiencia que nos ha llevado un cuarto de siglo en el desarrollo de una metodología y un modelo para crear personas emprendedoras a partir de personas que no lo son. Y lo voy a hacer porque considero que es el mayor reto que tiene la educación para abordar los desafíos del siglo XXI.
La principal preocupación de las personas en este momento es que no ven posibilidades y oportunidades de futuro, algo que no ocurría a nuestros padres y abuelos que tenían una vida predecible y con pocas incertidumbres (uno comenzaba a trabajar y se jubilaba en el mismo oficio como agricultor, maestro, herrero…). En una realidad que se ha vuelto incierta, las personas tenemos que buscarnos la vida y realizar diversos trabajos y actividades a lo largo del tiempo, situación que nos genera zozobra e incertidumbre. Sin embargo las políticas educativas y de empleo siguen siendo las mismas. No han cambiado y necesitamos rediseñarlas para ayudar a las personas a que descubran posibilidades y oportunidades en torno a las cuales llevar a cabo su proyecto vital.
El ser humano es el único animal que promete. Y al prometer, anticipamos e inventamos el futuro.
Si observas a perros, gatos o chimpancés, te darás cuenta que no hacen promesas. El hecho de prometer nos abre a posibilidades y nos da poder, por eso es tan importante aprender a prometer cosas valiosas a los demás. Prometer es una de las competencias clave para el siglo XXI, si de mí dependiera, se enseñaría en las escuelas, universidades y escuelas de negocio como base para producir personas creativas, innovadoras, emprendedoras y líderes.
No sabemos qué trabajos van a existir en el futuro, lo que sí tenemos claro es que la mayor parte de los niños y niñas de hoy tendrán que inventarse su propio trabajo y forma de ganarse la vida. Y desde esta perspectiva hemos de hacer los cambios en la educación hoy, reinventando las formas de aprender, los espacios del aprendizaje (rediseño del aula), las competencias (competencias clave para el siglo XXI), y el sentido último de la educación (educación basada en proyectos).