Archivo de la etiqueta: tercer contrato social de la educación

Fascismo, populismo, nuevo contrato social y educación.

Por qué es tan importante alcanzar el Tercer Contrato Social de la educación para la paz, la democracia, la justicia y el progreso global.

La falta de perspectivas económicas y laborales de gran parte de la sociedad, está generando un gran descontento y desafecto con las instituciones y los órganos de representación política, una situación que de no ser encauzada correctamente nos puede llevar a la emergencia del fascismo y el populismo, y finalmente, si no ponemos remedio, a un estallido social.

Toda época histórica se basa en un contrato social desde el que se establecen un conjunto de derechos y deberes de los ciudadanos, un statu quo en el que, si los ciudadanos y el estado cumplen su parte, se crean las condiciones para la paz social y la prosperidad.

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7800 millones de perros verdes.

Desarrollar tus propias ideas, trazar tu camino y construir tu destino.

Procurar que cada persona desarrolle sus propias ideas, trace su camino y construya su destino para dejar un legado, debería ser la base del nuevo contrato social global (New Deal). Un ideario que rompa un statu quo actual que se empeña en justo lo contrario: producir individuos sumisos que obedecen órdenes, siguen el camino marcado por el stablishment y trabajan para construir los sueños de otros. Necesitamos una nueva educación sobre la que edificar un nuevo orden que convierta a las personas en creadoras de riqueza revolucionaria.

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Las 6 Preguntas para avanzar hacia un nuevo contrato social.

Cuando creíamos tener todas las respuestas nos cambiaron las preguntas.

Hasta ahora, cuando las personas perdíamos el norte en algún momento de nuestra vida y nos preguntábamos ¿qué debo hacer?, automáticamente teníamos una serie de respuestas válidas y aceptadas desde un consenso general: estudiar, esforzarse, aprender un oficio, ser un trabajador obediente… Si las recetas se aplicaban correctamente,podíamos aspirar a un trabajo seguro y una vida digna, contribuyendo a su vez al desarrollo del conjunto de la sociedad. El problema ha llegado cuando esto ha dejado de funcionar, obligándonos a cambiar las preguntas y buscar nuevas respuestas.

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La pandemia. Una oportunidad única para sacar a los estudiantes del aula y reinventar la educación.

Cuando la preocupación en este momento es que los estudiantes retornen a las aulas para restaurar la normalidad, es decir, la vuelta al pasado. Tenemos una oportunidad histórica y única para sacar la educación del aula y llevarla a otros espacios donde debería estar produciéndose el aprendizaje. El desafío actual no es cómo “meter” a los estudiantes en el aula, sino cómo sacarlos sin que el aula pierda su función de nexo y espacio de encuentro para conducir el proceso educativo.

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Todos los culpables del fracaso educativo.

Todos los actores que forman parte del sistema educativo trabajan bajo presión: el estudiante bajo la presión de la familia y del profesor para la consecución de los resultados académicos; la familia bajo el apremio y las privaciones económicas para costear los estudios de los hijos; el profesor bajo los estándares fijados por las autoridades educativas, el centro, las familias y la desmotivación de los estudiantes…

El director del centro vive con el “aliento en el cogote” de la comunidad educativa (estudiantes, padres, profesores, personal no docente) y las exigencias de las autoridades regionales; el consejero y el director general bajo la presión constante de los centros educativos, estudiantes, profesores y el presidente que les puso en el cargo; el presidente regional acuciado por todos los anteriores, la opinión pública y el ministerio de educación; el ministro sobrevive con el corazón en un puño bajo la presión constante de los consejeros regionales, los diferentes actores de la comunidad educativa nacional y la evaluación del presidente del gobierno que le nombró; el presidente del gobierno zozobra asfixiado por las exigencias de los actores educativos organizados de todo el país (sindicatos, estudiantes, profesores, centros educativos, universidades…),  además de las embestidas diarias de los medios de comunicación, los lobbys, la oposición política, la de su propio partido, la de los votantes y la de los organismos supranacionales a los que pertenece el país con sus reclamos, recomendaciones y varas de medir.

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