
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Sigue leyendoLos partidos políticos se quedan sin votantes, las iglesias sin fieles, las empresas sin clientes… y se comportan como la orquesta del Titanic, tocando mientras el barco se hunde y viviendo de las exiguas rentas de un pasado glorioso.
Vivimos un desacoplamiento histórico: mientras avanzan a pasos agigantados la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial, nuestras instituciones permanecen ancladas en el siglo XIX. Este cataclismo de credibilidad nace de una verdad incómoda: no son los fieles quienes abandonan sus marcas, son las organizaciones las que han abandonado a su gente.
Cuando una institución se vuelve sorda al latido de la calle, los seguidores se sienten invisibles y el propósito se diluye. En esta era de «destrucción creativa», el marketing y la cosmética pueden dar el pego un rato; cuando lo que se requiere es una metanoia: una transformación profunda del alma y la arquitectura organizacional. Culpar al ciudadano por «no entender» es el último refugio de la soberbia.
El éxito adaptativo no pertenece a los más grandes, sino a los más flexibles y capaces de adaptarse con rapidez a los cambios en el medio y tienen el valor de refundarse. Para sobrevivir, debemos sustituir la burocracia por el sentido y la identidad por la acción y la comunidad. El futuro es de quienes tengan el valor de morir a lo que fueron para nacer a lo que el mundo necesita que sean hoy.
Adelante!!!




