… Y el Rey, preocupado por la parálisis y la desunión del reino, envió un emisario y le pidió que no regresase hasta traer evidencias sobre las cosas comunes que compartían sus súbditos, con la esperanza de corregir el origen del mal y relanzar la vida del país …
Pero realmente no lo eres, en realidad eres preso de las creencias donde naciste. Tú no eliges quien eres, realmente cuando llegas al mundo, sin pedirte permiso, te adscriben a una religión y un ideario (historias del pasado, la patria, el más allá…). Luego, desde la etiqueta que te tocó en suerte (budista, cristiano, musulmán, liberal, comunista…), puedes contarte a ti mismo el cuento de que eres libre y manejas el control de tu vida: ¡Qué iluso!
Y así puedes vivir toda la vida y morir pensando que la elección fue tuya. También puedes ver el engaño y cortar por lo sano con lo que te vino impuesto sin tu consentimiento.
Y no me estoy refiriendo a los mangantes que roban gasoil, ni a los que realizan conexiones eléctricas clandestinas… No, no, nada de eso, estoy hablando de otros tipos mucho mas peligrosos, esos que cuando se acercan a ti, te amargan la vida y roban la esperanza allí donde se hacen presentes.
Estamos rodeados de personas y ambientes que limitan nuestro crecimiento, por eso debemos generar mecanismos para identificarlos y blindarnos ante ellos, so pena de quedar atrapados en sus redes y condenar nuestra existencia a la mediocridad. Y lo tenemos que hacer porque el mundo está lleno de personas inspiradoras y espacios sociales fértiles donde poder desplegar nuestro potencial y ser felices.
Cuando paro un momento la mente y me pregunto ¿qué es el ser humano? ¿Quién soy yo?Reconozco en mí a un animal al que se le escapa el presente entre los dedos, mientras su lugar es ocupado por los recuerdos del pasado y las expectativas del porvenir. En esos momentos veo con claridad mi condición de ser imperfecto e inacabado, un individuo sometido a una presión existencial permanente que se ve atrapado en cada minuto de su vida entre la recreación mental de historias del pasado que no volverán y la imaginación de un futuro que no acaba de llegar.
Qué estrategia podemos adoptar ante las cosas que nos pasan en la vida: situarnos en el peor escenario posible o hacerlo en el mejor. Los astronautas que conquistaron la Luna corrían un gran riesgo y fueron entrenados en la técnica psicológica de “la peor fantasía”, que consiste en recrear en la mente el peor de los escenarios y preparase para aceptarlo.