Una nueva generación de líderes para gobernar la complejidad. Un ejemplo inspirador.

El papel reservado a los líderes políticos del futuro no consistirá en hacer obras faraónicas e inauguraciones con placas impresas en las fachadas para la posteridad, eso es tarea de la sociedad y la maquinaria de la administración (empresas, emprendedores, trabajadores, servicios públicos…). Su misión principal no será hacer cosas materiales para cambiar el mundo, sino desarrollar a las personas que van a cambiar el mundo. Su legado no estará en invertir en cosas, sino invertir en las personas. Las sociedades ricas son aquellas donde la acción política se enfoca en el desarrollo de la creatividad, la innovación, la ciencia, la tecnología, la educación transformadora, el emprendimiento y el talento; orquestando todas estas energías en torno a un proyecto colectivo. Pero esto es incompatible con la actual cultura política, que precisará un nuevo estilo de liderazgo que sea capaz de unir desde la diversidad a la gente en un propósito.

Necesitamos formar una nueva hornada de líderes.

O desarrollamos esa nueva generación de líderes políticos ahora o nos precipitaremos al abismo. Aunque tenemos nuevos desafíos globales, seguimos mirando y gobernando el mundo desde el paradigma local y de los estados-nación, cuando los problemas y las realidades rebasan por completo esas circunstancias. Todo se levanta y se destruye con el liderazgo,  por eso debemos alumbrar e impulsar un nuevo estilo de dirección para gobernar nuestros entornos locales, nacionales y globales desde una nueva mirada. 

Para inducir un cambio de paradigma en una sociedad, los líderes políticos han de encarnar ese cambio. Y esto es así porque los comportamientos de la sociedad imitan las formas y estilo y de sus líderes políticos.

Un nuevo liderazgo para no rebasar los limites que nos llevan a la destrucción del planeta.

Ya hemos superado 4 de los 9 límites marcados por la ciencia que marcan el camino sin retorno a la destrucción del planeta (clima, salud de los bosques, biodiversidad, calidad del suelo, agua dulce, capa de ozono, acidificación oceánica, aire contaminado y otros contaminantes en el suelo). A esto hay que añadir otras amenazas que están en relación causal con las anteriores, como las desigualdades hirientes, las migraciones, el aumento de la población, las tensiones geopolíticas, los conflictos a gran escala, los desequilibrios territoriales (rural/urbano) o el surgimiento de los fundamentalismos y totalitarismos que buscan pescar en un mundo que está revuelto. Y todo ello ante una clase política que únicamente busca un rédito electoral de corto plazo, sin importarle el futuro de la comunidad, e incluso yendo abiertamente contra los intereses del país si eso puede desgastar al gobierno de turno y restarle unos votos.

Un mundo desordenado sin un orden global que necesita un new deal.

La globalización de la economía y sus complejidades inherentes no ha venido acompañada de nuevos estilos de liderazgo y modelos de gobernanza. Tenemos líderes locales y nacionales de mente simplista para hacer frente a una realidad global, generando entropía y disfuncionalidades. Un mundo que adolece de dirigentes que se hagan cargo de los desafíos globales. En definitiva, un mundo regido por visiones nacionalistas y localistas que defienden los intereses de una fracción pequeña de la ciudadanía frente al conjunto. Una senda que nos lleva a un desastre seguro al adolecer de gestores de la complejidad.

Una nueva generación de líderes que miren al futuro.

Necesitamos un cambio de paradigma en la política que deje de poner el foco en la ideología y las identidades, en lo que fuimos y de donde venimos, en el compromiso con el nosotros, en el pasado. Y lo ponga en la visión del futuro, el compromiso con el todo, con el nosotros y ellos, que nos convoque a la acción, a construir cosas juntos, a hacer una diferencia y dejar un legado.

Un nuevo liderazgo que deje al lado los valores y se centre en los principios.

Que abrace los principios que están presentes y constituyen la base de las civilizaciones milenarias (paz, respeto, convivencia, fraternidad, justicia…), frente a los valores locales que han ido degenerando en “principios menores” que lo justifican casi todo en función de los intereses de un grupo. No hay que olvidar que incluso las ideologías fascistas actúan en función de una escala de valores (el mismo Hitler desarrolló su acción política en nombre de sus valores). Para hacer ese cambio necesitaremos alumbrar nuevas éticas basadas en principios y enterrar viejas morales edificadas sobre valores locales.

Un nuevo estilo de hacer política que se haga cargo del estado de ánimo de la ciudadanía.

En un momento de enorme zozobra e incertidumbre donde todo tiene que ser repensado, rediseñado y refundado; donde la gente necesita referentes y focos para dirigirse, líderes capaces de unir en la diferencia, generar fe y esperanza, inspirar y orquestar a las personas en torno a un propósito compartido. Solo así podremos enfrentar los desafíos que se yerguen como gigantes en el horizonte, desde la fuerza del grupo, el humanismo y la inteligencia colectiva.

El reto de orquestar a la ciudadanía con la valentía de intentar lo imposible para lograr lo difícil.

Una concertación que exige conjugar las energías de la sociedad de arriba/abajo, abajo/arriba; izquierda/derecha, derecha/izquierda; fuera/dentro y dentro/fuera. Para mirar adelante sin preguntar a nadie de dónde viene, poniendo el foco en la acción y en la obra que vamos a construir juntos.

Todos venimos de unos esquemas mentales, cultura, ideología o creencias; y en estos momentos tenemos que plantearnos si todos esos argumentos son más importantes que el futuro de todos. 

Acción colectiva, voluntad, carácter, valentía, sacrificio, sentido, criterio; son valores que comienza a demandar una ciudadanía hastiada de la dejación de las altas funciones de la cosa pública. En el futuro, podremos perdonar a nuestros líderes a que se equivoquen con su visión, lo que no les perdonaremos nunca es que no tengan una visión y una decisión firme de llevarla a cabo.

Los líderes sin carácter, solo son capaces de invocar las identidades, porque esto atiza las pasiones bajas de los individuos. Convocar al futuro desde la lealtad, el respeto a la diferencia y la inclusividad, es la forma de ganar el porvenir y evitar los futuros distópicos y plausibles que nos acechan.

La nueva recompensa emocional del liderazgo.

La refundación del liderazgo sobre las bases descritas, no es tarea fácil, no se construye desde las tripas, desde el aplauso fácil de los acólitos, sino del enfoque al todo, el carácter, el compromiso y la lealtad con la gente y la Historia.

Crear y extender una nueva cultura política es la obra más necesaria de nuestro tiempo, un camino lleno de trampas, porque la propia ciudadanía ha copiado el modelo frentista y visceral de sus líderes políticos. Por tanto, no basta con que los líderes den ese paso, habrá que reeducar también a una gran parte de la sociedad que ya ha copiado ese estilo y se encuentra instalada en el insulto, la descalificación, la negación del otro o el uso sistemático de la mentira, porque es lo único que ha conocido.

Un caso práctico que constituye un laboratorio para el mundo.

Para cambiar el modelo y estilo de hacer política, la ciudadanía necesita conocer ejemplos prácticos que encarnen el cambio. Estos ejemplos se convierten en el laboratorio desde donde se destilan las prácticas a seguir por otros que deciden secundar la experiencia.

Aunque se trata de un ejemplo local, la unión entre dos ciudades en el Suroeste de España (Don Benito – Villanueva de la Serena), constituye todo un acontecimiento que tiene todos los ingredientes para poner a prueba todas las dificultades inherentes y mostrar el camino a otras comunidades y líderes del mundo. Aquí veremos, entre otras cosas, si la ciudadanía está preparada para responder al cambio de estilo político que proponen algunos líderes disruptivos, o si por el contrario pesa más la inercia generada por la vieja política que antepone la oposición y negación del otro y sus propuestas, a costa incluso de sacrificar lo que dicta el sentido común y los intereses de todos. Veremos.

La pelota para iniciar un cambio en el liderazgo a escala global está en el tejado de los actuales dirigentes políticos, que pueden dar el salto y transformarse de peleles y muñecos de trapo en líderes de verdad. ¿Serán capaces de sacrificarse y abandonar su zona de confort? ¿Serán capaces de abandonar el regate corto y la verborrea inútil? ¿Se atreverán a abandonar las banderas y trincheras de las identidades para comprometerse con el futuro de la gente?…  Ahí van a tener la prueba de fuego desde donde serán juzgados por la historia, aquí tienen una oportunidad de oro para demostrar si están a la altura de las circunstancias, abandonando el subterfugio del relato del de dónde venimos, para generar un nuevo constructo del hacia dónde vamos juntos.

Adelante!!!

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