Javi y Nuki.

La voluntad forja el carácter.

Mi hermano es Javi, un hombre que  en 1980 tenía 11 años, Nuki era su perra. Un día Javi, en una de sus cacerías furtivas por el paraje de Casita Santa, vio como Nuki seguía la carrera de un conejo con tanto ahínco, que después de adentrarse por el agujero del vivar, quedó atrapada en lo más profundo de las entrañas de la tierra.

Javi sintió un escalofrío al poner el oído en la enorme y estrecha gruta.La llamó hasta perder el aliento sin encontrar eco alguno como respuesta.

Al cabo de unos minutos escuchó un aullido tenebroso en el fondo del vivar. Era una de las peores señales, Nuki había quedado encarcelada en el fondo de aquella conejera gigante.
Javi se fue a casa triste. Entre la familia le consolamos como pudimos, sabedores del fatal desenlace y conocedores del amor que le unía a un animal tan especial al que  solo le faltaba el habla, un amor que era compartido por todos.

Al día siguiente, Javi no desayunó,marchó con tristeza a la escuela. A mediodía, ates de ir a casa volvió al lugar. Por la tarde hizo lo mismo, al llegar al sitio casi sin aliento, puso la oreja en el suelo y escuchó de nuevo el gemido profundo y lejano.

Desesperado, arañó el suelo con sus manos, cuando los dedos se ensangrentaron, buscó piedras y palos para seguir excavando mientras amontonaba la tierra entre los canchos que flanqueaban su espalda.

Y llegó la noche, y el día siguiente, y otro día, y otro. Y Javi, no faltó ni una sola jornada a la escuela ni al rescate de su perra a mediodía y por la tarde.

Por medio, desoyó los consejos de los más viejos que le decían: “amigo, un perro  “encanchalado” es un animal muerto”. Tampoco los de sus padres y hermanos. Javi, como un poseso, día a día continuo su afán sin desfallecer.

Afectado por el dolor, en lugar de elegir el camino más fácil de la rendición a la evidencia, siguió la senda más difícil. Y para contradecirnos a todos se armó de un pico y una pala. Y repitió su rutina cada día en el santuario donde Nuki estaba condenada a muerte.

Y sin tregua continuó excavando, centímetro a centímetro, jadeo a jadeo, en una tarea imposible para una criatura.

Semanas después, en una tarde soleada de invierno, al ponerse el sol, apareció mi hermano ante mi madre con Nuki mal herida en sus brazos.

Nunca he visto una escena de gozo tan pleno, un recuerdo que me hace sentir una de las gratificaciones más grandes con la que te puede honrar la vida. No hay oro en el mundo que pueda pagar esta emoción.

Nuki, su hija y nietos vivieron felices con nosotros. Pero el mayor tesoro en forma de lección la recibimos de mi hermano. 

En parte, esta vivencia cambió mi visión del mundo, una epifanía y una metanoia en toda regla que me mostró que el único camino para lidiar con las adversidades es plantarles cara, no dando crédito a los que nos dicen que hay cosas imposibles, aprendí el valor de la palabra

Adelante!!!

Nunca olvidaré su lección, que hoy me la ha vuelto a traer la memoria por el día de su cumpleaños, la llevo conmigo para siempre. Desde entonces la palabra imposible quedó proscrita de mi vocabulario.

Adelante!!!

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