Cambio histórico, estados de ánimo y liderazgo. Un nuevo estilo de hacer política.
La primera destreza que tiene que desarrollar una persona que aspira a liderar en cualquier ámbito (política, cultura, religión, empresa… ) es aprender a observar los cambios históricos, lo nuevo que emerge de ellos, los sentimientos y emociones de definen cada época, así como el estado de ánimo resultante, al objeto de hacerse cargo de él, transformarlo y expandirlo. Y todo esto necesita una disciplina que se puede aprender.
Se acercan las próximas elecciones y las personas que se postulan a un cargo comienzan a ponerse nerviosas y activarse, prestas a escribir su programa electoral cual carta los Reyes Magos, sin percatarse que antes de realizar esta tarea deberían preguntarse qué proyecto de futuro tienen para su ciudad o comunidad, aunque se asusten al descubrir que no lo tienen.
En el mundo tan complejo que nos ha tocado vivir, de una manera u otra, cada uno de nosotros tendremos que convertirnos en líderes y aprender a manejar las claves del liderazgo para llevar a cabo nuestros proyectos vitales (en la familia, el trabajo, la escuela, la comunidad, el ayuntamiento o el gobierno del país). Para aprender sus claves vamos a plantear un supuesto práctico (diseñar un proyecto de liderazgo para España), un ejemplo que nos servirá también para aplicarlo un proyecto propio, independientemente del ámbito o actividad en la que nos desenvolvamos.
Este artículo forma parte del plan de trabajo que estamos llevando a cabo con organizaciones sociales y del tercer sector para fortalecer su influencia y liderazgo, desde la construcción de nuevas propuestas de intervención con la ciudadanía que se hagan cargo de los grandes desafíos del siglo XXI. Sirviendo a su vez de documento marco de trabajo para su puesta en común con gobiernos y organizaciones políticas para el rediseño de las políticas públicas, programas y actividades que llevan a cabo las organizaciones del tercer sector.
Las organizaciones sociales y del tercer sector (asociaciones, fundaciones, ONG, sindicatos, fundaciones…) viven un momento crítico, sumidas en una profunda crisis, desconectadas de su masa social, sin poder de convocatoria y atrapadas en su zona de confort. En las últimas décadas han perdido buena parte de su influencia, debido a que no han sido capaces de renovar sus ofertas a la ciudadanía y a la campaña de desprestigio orquestada por sus detractores.
La ciudadanía ha de abandonar su inocencia y dejar de pensar que el mundo se mueve por reglas justas. La política internacional en sus más altas esferas, es lo más parecido a una banda de gánsteres, donde el único fuero es la fuerza y su ejercicio intimidatorio al servicio de unos intereses económicos, cuyas prácticas son lo más parecido a las mafias. La mayor parte de las veces, la apelación a dios, la patria, la seguridad, los derechos humanos, la justicia, la libertad o la democracia; no son más que burdas excusas para justificar las acciones más atroces a favor de los intereses económicos de los poderosos.
Así, las relaciones entre países, con algunas honrosas excepciones, se mueven igual que una banda de barrio, sus estructuras de poder y mecanismos son los mismos que los de las viejas tribus guerreras, solo que con instrumentos coercitivos más sutiles y una diplomacia florentina más cuidada, pero con armas de destrucción masiva mucho más poderosas, que se activan sin importar sus trágicas consecuencias.