Planta un olivo.

Hace años cuando mi padre araba el olivar con su yunta de mulas, me dijo que su abuelo había plantado aquellos olivos para que sus nietos y bisnietos tuvieran aceitunas. Yo era pequeño y no lo entendía. ¡Ufff! Le dije a mi padre, qué pérdida de tiempo, sembrar y trabajar tan duro durante años para que otros recojan los frutos. Mi padre me replicó: la vida tendrá sentido para ti cuando hagas cosas con un propósito superior, cuando seas mayor lo entenderás.

Así quedó la cosa, en sus palabras no encontré inspiración alguna. Durante años cuando recogíamos las aceitunas me preguntaba qué demonios le estaría pasando a mi bisabuelo por la cabeza, y por más vueltas que le daba, seguía sin encontrarle sentido. Hoy, afortunadamente entiendo lo que es sembrar olivos, y aunque no me dedico a la agricultura, he terminado consagrando mi vida a sembrar cosas a largo plazo junto a mis compañeros de trabajo (con suerte desigual pero con el mismo espíritu y voluntad inquebrantable que heredé de ellos).

Cultivar y construir con horizonte es la tarea más noble que podemos hacer como seres humanos, lecciones que hemos recibido de nuestros padres y cuyo legado estamos empeñados en transmitir a nuestras hijas, sobrinas, socios, colaboradoras, amigos y aliados (con sus luces y sus sombras).

Reconozco que no son buenos momentos para sembrar a largo plazo, vivimos en tiempos de inmediatez, nos hemos vuelto cortoplacistas, y eso nos impide engendrar grandes sueños, pensar en grande y poner las bases para construir un auténtico legado.

Me gustaría que el espíritu que movía a mis abuelos y tus abuelos, estuviera presente en nuestros gobernantes. Una tarea incompatible con pensar en los próximos cuatro años, en las próximas elecciones, en lugar de las futuras generaciones. El legado que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos es lamentable, los resultados que cosecharemos serán mediocres, altamente insatisfactorios, como la destrucción del planeta y el cambio climático. No estamos abordando los grandes desafíos (educación, modelo productivo, cambios en el trabajo), no se siembra, no se cultiva, no se intenta lo imposible para lograr lo difícil. Y pese a ello, avanzamos ¡El ser humano es increíble!

Me entristece el abatimiento y la resignación, el sentimiento actual de intrascendencia, de que nadie es imprescindible. ¡Tú eres imprescindible! Un ser único y valioso cuyo talento puede cambiar el mundo, de ti esperamos que hagas con tu vida una obra de arte, que nos inspires, que crees valor para la comunidad. ¿Qué hubiera pasado si nuestros antepasados hubieran quedado atrapados en ese estado de ánimo paralizante? Seguramente seguiríamos viviendo en las cuevas. En el lugar de los prósperos olivares, en el solar de los excelsos monumentos, solo habría yermos secarrales y solares desiertos.

Es posible que cuando concluya la obra que iniciamos, ya no estemos, pero por ello, no podemos dejar de concebir, promover y entregarnos a la edificación de grandes cosas. Entre otros motivos porque cuando pensamos y actuamos en grande, el universo une sus fuerzas a las nuestras, la vida cobra sentido, la luz se abre paso en la oscuridad, el trabajo se convierte en diversión, la inspiración se hace presente y la vida fluye con plenitud meridiana.

Pensar en grande lo cambia todo, como decía Esquilo, “cuando un hombre (o mujer) está afanoso, dios se le une”. Por eso, construye tu sueño, edifica tu catedral. No importa lo grande que sea, cuanto mayor sea su proporción mejor, la sensación de estar haciendo algo importante te da una energía extra a medida que decaen el cansancio y las excusas.

Prepara con meticulosidad  tu viaje particular a Ítaca, y cuando embarques, no mires atrás, en la altitud de tus propósitos comenzarán a diluirse tus temores, como le ocurrió al viejo navegante.

No te detengas nunca por el camino al escuchar las voces que te desaniman, no des crédito a sus voceros. Cuídate de la adulación y del éxito fútil, recuerda que es más fácil reponerse de un trabajado fracaso que de un éxito efímero. No permitas que nadie te desvíe de tu sueño.

Nunca te digas a ti mismo: no puedo más, aquí me quedo, soy muy viejo,  soy muy joven, yo soy así, así son las cosas… Cuando te acometan esos pensamientos, reúne todo el coraje y conecta con tu fuerza interior, esa que hace de ti un ser invencible.

No dejes que el miedo gobierne tu vida, recuerda que es “el elemento que más batallas ha ganado al ser humano a lo largo de la historia”, como dijo Emerson. Ten presente también a Descartes cuando confesó: “mi vida estuvo llena de desgracias, casi ninguna de las cuales llegaron a suceder”.

Sembrar sueños y cultivarlos es la mayor contribución que podemos dejar, “lo que hacemos en vida tiene su eco en la eternidad”. Pero para eso necesitamos desarrollar sensibilidad y amor por lo que hacemos, compromiso con otras personas y con el mundo, sintiéndonos parte importante de un todo común. En definitiva, elegir un camino de esfuerzo y crecimiento diario que nos convoca a tomar a otras personas y cultivar sus talentos con paciencia, dando feedback de manera permanente, entrenando nuevas habilidades y competencias, produciendo sentido, criterio, dirección, fortaleza emocional, visión… Una tarea a la que estamos obligados como padres, madres, mentoras, profesores… La única manera de superar la desoladora levedad del ser humano para conferir sentido a nuestras vidas.

Plantar un árbol es un buen gesto, pero cuando lo hagas, recuerda que más importante es cultivarlo, una tarea llena de esfuerzo, dedicación, satisfacción y esperanza.

En esta mañana de julio, mientras extiendo el aceite sobre la tostada, alivio mi presión existencial a medida que descubro como mis antepasados viven en mí, una inspiración que me sirve para decirte: tú eres imprescindible para mí, una persona llena de talento ¿Quieres que plantemos y cultivemos juntos un olivo?

Adelante!!!

Este artículo ha sido elaborado por Juan Carlos y Fernando para ti.
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Planta un olivo.

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