La pandemia. Una oportunidad única para sacar a los estudiantes del aula y reinventar la educación.

Cuando la preocupación en este momento es que los estudiantes retornen a las aulas para restaurar la normalidad, es decir, la vuelta al pasado. Tenemos una oportunidad histórica y única para sacar la educación del aula y llevarla a otros espacios donde debería estar produciéndose el aprendizaje. El desafío actual no es cómo “meter” a los estudiantes en el aula, sino cómo sacarlos sin que el aula pierda su función de nexo y espacio de encuentro para conducir el proceso educativo.

Los desafíos de la educación en la pandemia y pospandemia van a ser descomunales por la tensión generada entre  unos gestores educativos que viven y miran al pasado, y una realidad que avanza frenética en un proceso de aceleración histórica sin precedentes.

La educación está en shock y desnortada en estos momentos, con la única preocupación de introducir a los estudiantes en el aula a toda costa para volver a hacer lo mismo de siempre, esforzándose por reproducir las clases tradicionales con el apoyo de medios virtuales. El mundo avanza imparable y la educación se enroca sobre sí misma, completamente ciega a lo que ocurre, preocupada por los aspectos formales y ajena a las transformaciones radicales que están ocurriendo. 

Es el momento de trazar un plan para sacar a los estudiantes del aula tradicional, aunque mucho me temo que la batalla de fondo que se está librando no responde a la calidad de la educación, sino a la necesidad social de “aparcar” a niños y jóvenes en un espacio para que no molesten demasiado.

¿Qué está pasando en la economía, la tecnología, la producción, el trabajo y el empleo a escala global? ¿Cómo afecta a la educación y al futuro de los estudiantes?

Una prospectiva para realizar los abordajes que la educación necesita.

Estamos asistiendo a unos procesos de concentración brutal de los capitales y la oferta a escala global. En la economía y las finanzas, unas cuantas empresas (campeones tecnológicos) están creciendo de manera desmesurada a costa de la desaparición de millones de pequeños negocios, actividades y trabajos en todo el mundo. En plena crisis tenemos el Dow Jones cerca de máximos y el Nasdaq 100 en máximos históricos, gigantes como Amazon, Apple o Tesla se hacen inmensamente fuertes mientras fagocitan millones de empresas y actividades en todo el mundo. Un ejemplo: con lo que ha ganado Jeff Bezos (Amanzon) en los cuatro primeros meses de pandemia, podría comprar todos los grandes bancos del Ibex 35 (Santander, BBVA, La Caixa, Sabadell).

Todo este panorama (que es tendencia) nos deja unos cuantos campeones y un reguero enorme de candidatos a cadáver que antier eran boyantes empresas con pingües beneficios, un montón de ángeles caídos que amenazan con convertirse en chicharros bursátiles (compañías que han perdido su valor en bolsa), nombres de multinacionales tan ilustres y acostumbradas a vivir de prebendas y monopolios como Telefónica se tambalean en el ring como púgiles noqueados.

Hace unos años comprábamos en decenas de millones de tiendas en el mundo, ahora lo hacemos en un número reducido (y cada día más) en dos grandes tiendas: Alibaba y Amazon. Las empresas de fabricación de tabletas y teléfonos inteligentes están siendo aniquiladas por Apple. La fabricación mundial de vehículos se comienza a concentrar en Tesla. La industria farmacéutica mundial, que en estos momentos está disputando un combate por la hegemonía entre las compañías y los países, se limitará a un número reducido de operadoras. Google se está convirtiendo en la voz de nuestra conciencia, nos conoce a cada uno de nosotros mejor que nosotros mismos, sabe de nuestros miedos, propensiones, filias, y es capaz de orientar nuestras decisiones de compra y hasta el sentido de nuestro voto…. Pronto habrá un médico para toda la humanidad que se está fabricando ahora y es una inteligencia artificial, se llama Watson. En 10 años nuestros alimentos se producirán en masa sin necesidad de agricultores ni ganaderos (seguro que por parte de un número muy reducido de compañías), nuestros filetes procederán del cultivo de células en grandes tanques, y saldrán de impresoras 3D, y también la leche, el queso, etc.

Y la educación en este momento, ni se entera de que todo esto está ocurriendo, su único propósito es retornar a los estudiantes a las aulas para que sigan estudiando y educándose como siempre. Eso sí, con el “gran avance” de las nuevas tecnologías para aprender como siempre y lo de siempre pero con el glamour de las plataformas on-line, los ordenadores y las tabletas.

Cuando teníamos las condiciones para reinventar la educación sacándola del aula, la inercia de los gestores “expertos” nos lleva a una vuelta a la formalidad, a la zona de confort. Porque para eso sirve la experiencia, para volver a hacer las cosas como se habían hecho siempre, eso sí, disfrazadas de tecnología para dar el pego de modernidad.

En la pandemia y pospandemia necesitamos a toda la sociedad implicada en la educación.

En estos momentos más que nunca “se necesita a toda la tribu para educar a un niño”, y para eso hay que romper los muros del aula, porque el futuro está ocurriendo ahí fuera (en las redes sociales, las fábricas, los espacios públicos, los medios de comunicación, los Fab Labs y espacios Makers, el ciberespacio…). Cuando la preocupación debería ser cómo hacemos partícipes a toda la sociedad en la educación de los estudiantes para que se relacionen y experimenten con la producción, el trabajo en equipo, las tecnologías, las nuevas formas de trabajar, los nuevos empleos, los desafíos urbanos y rurales…; la inercia nos lleva a volver al aula del siglo XIX.

Está claro que los espacios de aprendizaje del futuro no están dentro de las paredes del colegio, aunque el aula debe seguir siendo siendo el lugar de referencia y el punto de encuentro, pero la educación hay que llevarla fuera. Y Para ello necesitamos reformular y resignificar el rol del profesor como mentor, y otorgar un protagonismo especial al resto de actores del ecosistema educativo (familias, empresas, autoridades, centros tecnológicos, organizaciones sociales y profesionales, medios de comunicación…).

La clave de la educación en estos momentos es ayudar a los estudiantes a descubrir posibilidades en un mundo presidido por la incertidumbre, a desarrollar sensibilidad y compromiso con los problemas que nos afligen (pobreza, hambre, cambio climático…), a trabajar en equipo… a inventar su trabajo y la forma de ganarse la vida.

La educación vive en una ceguera total frente a las disrupciones tecnológicas y lo que acontece en el mundo de la economía, la producción y el trabajo. Con la educación actual vivimos la amenaza de habitar un mundo dominado por unos cuantos Gigantes tecnológicos y 7800 millones de “consumidores zombies”, un riesgo enorme de una sociedad pasiva que consume, sin habilidades para desarrollar autonomía ni crear valor y riqueza.

A este paso, nuestros jóvenes formados en el aula de siempre y el apoyo de plataformas virtuales, tablets y ordenadores, se van a convertir en una masa enorme de personas “inempleables” e “inútiles” para la nueva realidad que se está gestando. Si no somos capaces de adaptar la educación para hacer frente a unos desafíos donde el trabajo mecánico y las tareas físicas o mentales que impliquen repetición van a ser sustituidas por un robot o un software, habremos creado la mayor frustración de la historia de la humanidad, miles de millones de jóvenes en un callejón sin salida, con la única esperanza de una renta social o un subsidio de subsistencia.

La tormenta perfecta para hacer encallar a toda una generación puede venir desencadenada por la convergencia de los siguientes acontecimientos: especialización inteligente de la producción mundial en un reducido número de empresas, pérdida de peso y protagonismo de los estados-nación (pese a la emergencia de nacionalismos), protagonismo de las ciudades y megalópolis en el concierto internacional, cambios en los equilibrios hegemónicos a escala planetaria (emergencia de China como primera potencia y basculación del centro de gravedad del mundo del Atlántico al Pacífico), desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial y sus tecnologías disruptivas (big data, inteligencia artificial, blockchain, impresión aditiva, realidad aumentada, Internet de las cosas…), contracción de la oferta de empleo a escala planetaria, políticas de empleo erráticas basadas en la “experiencia” de recetas del pasado, nuevos nichos de la economía y la producción a los que la educación no está dando respuesta (especialización inteligente, economía de la experiencia, economía verde y circular, economía slow, economía naranja, economía plateada, economía azul…).

En el futuro vamos a tener mucho trabajo que hacer pero muy pocos empleos. Las personas estaremos obligadas a inventar nuestro propio trabajo, una tarea que no podemos realizar con la educación que tenemos porque no nos dota de las competencias para hacerlo (creatividad, innovación, emprendimiento, liderazgo).

De otro lado, el aula del futuro ya está inventada, se trata de un espacio colaborativo que integra las tecnologías presentes en los Fab Labs con el desarrollo de las competencias clave para el siglo XXI (soft skills). El aula del futuro ya la tienen implantada algunos centros e instituciones educativas repartidos por todo el mundo.

Como la educación no reaccione a tiempo para enfrentar los desafíos que se dibujan en el horizonte, no tengan duda de que estaremos ante una emergencia social sin precedentes, ante un estallido social de consecuencias incalculables.

La pandemia nos va a ofrecer una oportunidad única para desmantelar un sistema educativo que está en ruinas desde hace mucho tiempo, con la posibilidad de sentar las bases del Tercer Contrato Social de la educación. En nuestra mano está hacerlo, so pena que se materialice una gran distopía que constituye un escenario más que plausible de Gigantes tecnológicos y consumidores zombies “inempleables” e “inútiles”, hijos de un sistema educativo que les abocó a un mundo sin futuro.

Está claro que en la pandemia no se dan las condiciones sanitarias para abrir la educación a la sociedad y propiciar un aprendizaje abierto involucrando a las empresas, las distintas administraciones, organizaciones sociales o los medios de comunicación para desarrollar nuevos espacios y técnicas para aprender (aprendizaje activo, auténtico, basado en la investigación, solución de problemas, retos, colaborativo, flexible, invertido, experiencial-vivencial, para el servicio, construccionismo, conectivismo, aprendizaje autoorganizado, espacios makers, gamificación, mentorización, entre pares, basado en casos… aprendizaje basado en proyectos). Pero en cuanto pase la pandemia, tenemos la obligación de plantear un plan de acción y una hoja de ruta para resignificar la educación, una tarea en la que ya estamos trabajando desde Kairós con líderes educativos e instituciones de todo el mundo (www.kairos-educacion.com), y a la que te invitamos a participar.

Es evidente que nuestros niños y jóvenes tienen que volver a la escuela y a la universidad, pero no puede ser la misma escuela y la universidad de siempre porque el mundo ha cambiado. La pandemia nos ofrece la oportunidad de reinventar y resignificar la educación. Es nuestra responsabilidad y debemos hacerlo ahora.

Adelante!!!

Si te interesa la propuesta y quieres profundizar en ella, aquí te ofrezco una serie de contenidos que la complementan.

El nuevo rol de la educación para formar personas líderes y emprendedoras que se hagan cargo de los desafíos del futuro.

La economía avanza a una realidad de un reducido número de productores (Gigantes tecnológicos) y al resto de la humanidad que actúan como consumidores pasivos.

En el mundo del futuro vamos a tener mucho trabajo y muy pocos empleos, una situación para la que no está preparada la educación.

El futuro ha llegado ya pero la educación no se ha enterado.

Estamos en la Cuarta Revolución Industrial y la educación ha de adaptarse a la nueva realidad.

El aula del futuro es un espacio que aúna las tecnologías presentes en los Fab Labs con el desarrollo de las competencias clave para el siglo XXI (soft skills).

Las nuevas funciones del profesor y los educadores para el desarrollo de una nueva educación.

La necesidad del mentor en el proceso de aprendizaje para aprender a vivir en un mundo incierto.

La Educacion basada en proyectos como eje de la nueva educación.

El desarrollo de nuevas técnicas de aprendizaje para su desarrollo en el aula del futuro.

Necesitamos un nuevo contrato social para redefinir y resignificar la educación.


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