Fascismo, populismo, nuevo contrato social y educación.

Por qué es tan importante alcanzar el Tercer Contrato Social de la educación para la paz, la democracia, la justicia y el progreso global.

La falta de perspectivas económicas y laborales de gran parte de la sociedad, está generando un gran descontento y desafecto con las instituciones y los órganos de representación política, una situación que de no ser encauzada correctamente nos puede llevar a la emergencia del fascismo y el populismo, y finalmente, si no ponemos remedio, a un estallido social.

Toda época histórica se basa en un contrato social desde el que se establecen un conjunto de derechos y deberes de los ciudadanos, un statu quo en el que, si los ciudadanos y el estado cumplen su parte, se crean las condiciones para la paz social y la prosperidad.

Todo contrato social tiene como apéndice un acuerdo amplio sobre la educación, a través del cual se configura un modelo educativo para que los ciudadanos puedan encajar en un engranaje cultural, económico, social y laboral.

El Primer Contrato Social de la Educación se basó en la adquisición de las competencias básicas para desenvolverse personal y profesionalmente. La promesa en la que se fundó se podría resumir en este enunciado: “aprende las cosas básicas para desenvolverte en la vida, desarrolla disciplina y obediencia, luego aprende un oficio y tendrás un trabajo digno para ganarte la vida…”.  

Sobre la segunda mitad del siglo XX y de forma asimétrica entre países y regiones, con el desarrollo de la economía industrial se hizo necesario incorporar mano de obra especializada en la empresa y la administración, cuestión que  abrió la puerta a un Segundo Contrato Social de la Educación mediante el cual se facilitaba el acceso de las clases populares a la formación técnica y superior.

El Segundo Contrato se fundamentó en la adquisición de competencias técnicas y profesionales, a medida que las universidades y los centros de estudios técnicos y superiores crecieron en todo el mundo. La promesa en la que se sustentaba era esta:  “estudia mucho, esfuérzate, saca buenas notas, haz una carrera y tendrás un buen trabajo de por vida…”. 

Las personas que vinieron al mundo a finales del siglo XX y principios del XXI han nacido en una realidad diferente, donde las circunstancias tecnológicas, económicas y laborales se han transformado radicalmente, y sin embargo el contrato social no se ha renovado, generando grandes disfuncionalidades y una anomalía histórica. 

Millones de familias, estudiantes, trabajadores y egresados de todo el mundo que aceptaron el Primer y el Segundo Contrato, viven en una profunda frustración porque las condiciones contractuales no se están cumpliendo, como el acceso a un empleo acorde al nivel de estudios o un trabajo para toda la vida.

Pese a que hemos asistido a una auténtica revolución en la ciencia, la tecnología, la sociedad, la economía o el mundo del trabajo, el Segundo Contrato no se ha renovado y estamos abocados a abordar un Tercer Contrato Social de la Educación, un desafío del que se está haciendo cargo KAIRÓS en torno a la unión de los actores educativos de todos los países y continentes para crear una nueva educación que dé respuesta a las necesidades sociales, económicas y laborales del siglo XXI.

¿Qué ocurre en la sociedad cuando el Estado no puede garantizar el cumplimiento del contrato educativo?

Muchas personas jóvenes frustradas, familias con los sueños rotos, una gran masa social de trabajadores en paro, precariedad laboral, falta de horizontes y expectativas, miedo al futuro, desconfianza, desmoralización, frustración, resignación y resentimiento.

En los cambios de época que vienen marcados por transformaciones  trascendentales en la tecnología y la economía, la primera reacción social es el descontento, una situación que si no se encauza, puede desembocar primero en una crisis y después en un estallido social. Algo parecido a lo que ocurrió en la Primera Revolución Industrial con el movimiento ludista y su reacción violenta a la industrialización.

Con las mejoras en la calidad de vida a partir de mediados del siglo XX se produce un aumento de la clase media y un acceso de las clases populares a la educación técnica y superior, bajo el reclamo de un trabajo bien remunerado y de por vida.  El problema surge cuando aparece la tecnificación de la producción y la emergencia de la Cuarta Revolución Industrial con sus tecnologías disruptivas que sustituyen a pasos agigantados a los trabajadores por máquinas.

Si no hacemos los cambios necesarios en la educación, la máxima histórica del pensamiento marxista que dicta que todo cambio  en la tecnología, el trabajo y la producción (infraestructura), ha de tener su ajuste en la superestructura (gobernanza, institucionalidad, sistema educativo); actuará de manera inapelable, generando una crisis marcada por los conflictos a gran escala.

En la actualidad, como ocurrió en otros momentos históricos, ante la obsolescencia del contrato social que regulaba los derechos y deberes ciudadanos, se hacen presentes unas ideologías que buscan culpables y recrean entelequias y paraísos aprovechando las penurias y desesperación de una gran masa social que se siente desprotegida y engañada. Toda una situación a la que se suma el cisne negro del coronavirus para echar más gasolina al fuego.

Mediante un discurso simplista y reduccionista de una realidad extremadamente compleja, lleno de proclamas nacionalistas y vítores salvíficos se hacen presentes unos partidos que denuncian la situación, señalando culpables (los extranjeros, las instituciones, los políticos, la tecnología…) e incendian los ánimos, prometiendo falsos paraísos y regalando el oído a cada persona y a cada grupo con lo que quiere escuchar, enalteciendo lo que no funciona sin ofrecer a cambio un proyecto de futuro coherente e inclusivo para la sociedad.

La falta de liderazgo y de una oferta capaz de ilusionar es el campo abonado para los mensajes simplistas y un relato que siempre funciona desde el manejo de las frustraciones colectivas (caos, odio, culpa y miedo). Y nos guste o no, el fascismo disfrazado de salvador siempre vuelve cuando la política deja de ejercer sus responsabilidades, dispuesto a hacerse cargo del estado de ánimo de los desesperanzados e incautos que han perdido la fe en sus antiguas y desgastadas marcas. Haciéndose presente con su burdo e irracional relato (pero efectivo en definitiva) basado en la negación del diferente, el odio al extranjero, la apropiación de los símbolos patrios, el pensamiento único, el empleo de la violencia y promesas descabelladas como señuelo para desencantados.

En este momento, ante la falta de un nuevo contrato social superador del anterior que ilusione a la ciudadanía, ante la ausencia de propuestas nuevas para tiempos nuevos, el fascismo ocupa su lugar y se abre indolente en el imaginario colectivo como cuchillo en la mantequilla. Lo único que está por ver es si la ceguera de los viejos partidos terminará concediendo el espacio para que orqueste el estado de ánimo de una ciudadanía muy descontenta, una tormenta que ya está en marcha y tiene toda la pinta de convertirse en huracán.

No culpo a las personas que votan a partidos fascistas y populistas, pues entiendo su desafección por un sistema en el que cumplieron su parte del contrato y no tuvieron una transacción justa. Entiendo el enfado de esas familias que hipotecaron sus vidas para que sus hijos estudiasen una carrera, a las personas que se quedaron sin trabajo y hasta sin casa, a tantos padres y madres que ven como a sus hijos les espera una vida peor que a ellos, pese a los largos años de sacrificio. Lo que no puedo entender es la ceguera de unos gobernantes y unos partidos políticos que no son capaces de ver que el contrato social actual está agotado, y por ende, que se necesita reformularlo, o directamente construir otro nuevo.

No nos podemos permitir que la revolución científica que estamos experimentando con su disrupción  tecnológica (inteligencia artificial, big data, robótica, blockchain…),y su impacto revolucionario en la sociedad, la economía, la producción y el empleo, puedan desembocar en una crisis y un estallido social. No podemos permitírnoslo porque todos estos cambios bien encauzados son liberadores para el ser humano, exonerándonos del trabajo físico para podernos dedicar a tareas más inspiradoras, motivates y creativas.

Es muy fácil pescar en los caladeros de los trabajadores que perdieron su empleo en las empresas, en las fábricas que cerraron, en los desempleados que no encuentran trabajo, en las familias con todos sus miembros en paro… Situaciones donde ya no vale el “estudia una carrera y tendrás un buen trabajo de por vida, esfuérzate ….”

No podemos condenar a la sociedad a la pobreza de planteamientos y medidas de emergencia, como la renta universal de subsistencia, porque eso degrada la condición humana. La realización del individuo está en el perfeccionamiento permanente a través del trabajo, en el sentido de contribución a la sociedad, en la elevada aspiración de dejar un legado… la renta social, además de tener un gran coste económico, sólo puede ser una última solución provisional de emergencia, un paliativo temporal. So pena de construir una distopía como la de Huxley en su novela Un mundo feliz, donde la población toma una droga (soma) para mantener sus constantes de felicidad.

Un nuevo contrato social de la educación.

La primera tarea a la que estamos convocados es dar a luz el Tercer Contrato Social de la Educación, un instrumento imprescindible para refundar la educación y preparar a las personas para que desarrollen su vida personal y profesional de manera satisfactoria.

Y en ese trabajo estamos ocupados desde Kairós, un movimiento que aglutina líderes de todo el mundo cuya misión es sentar las bases de una nueva educación, a partir de la cual poder desarrollar las competencias y habilidades de las personas para que puedan ser viables y felices en el mundo de la Cuarta Revolución Industrial. Un mundo donde no tendrán garantizado el trabajo de por vida, donde tendrán que inventarse su trabajo desde el desarrollo de su creatividad, innovación, emprendimiento y liderazgo.

No te pierdas el Congreso Mundial de la Educación Kairós, puedes registrarte y seguirlo desde aquí.

https://kairos-educacion.com/

Esperamos tus aportes y propuestas.

Adelante!!!

Artículos relacionados:

http://juancarloscasco.emprendedorex.com/si-quieres-resultados-diferentes-cambia-tu-forma-http://


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.