El papel de la cultura en el ecosistema rural

Recomponer el ecosistema rural para enfrentar el reto demográfico (II).

El factor más crítico y que más peso tiene en el estancamiento del mundo rural es la cultura. En el artículo anterior analizamos la debilidad del ecosistema rural para entender la complejidad de mecanismos que operan en este sistema complejo. Ahora vamos a desgranar la cultura rural y sus mecanismos para tener un diagnóstico preciso de la realidad rural y ayudar en la planificación estratégica y toma de decisiones.

Hablando en propiedad, no hay una cultura rural uniforme, aunque hay una serie de rasgos comunes que actúan de freno para que el ecosistema rural produzca resultados óptimos en términos económicos, innovación, desarrollo de empresas y emprendimientos, innovación, iniciativas sociales, etc.

La cultura define las cosmovisiones que tiene la comunidad, el relato de su pasado (quiénes somos y de dónde venimos), la visión de lo que podemos hacer juntos (relato compartido del futuro). En la cultura está la fuerza para que la comunidad rural alcance sus propósitos, logros y metas; o el freno a las mismas.

Rasgos culturales que frenan el desarrollo de las comunidades rurales.

No hay una visión compartida del propósito, sentimiento de pertenencia y sentido del futuro común (no hay una causa ni fuerza movilizadora).

Visión limitante de la realidad, sentimiento de escasez, falta de confianza en las energías propias.

Dificultad para descubrir y generar posibilidades y oportunidades en el entorno.

Endogamia cultural, pervivencia de una visión limitante del mundo, ausencia de hibridaciones y relaciones con otras maneras de ver la realidad.

Ausencia de las estructuras de colaboración y cooperación (individualismo).

Debilidad de vínculos y relaciones con elementos externos al ecosistema (participación en actividades culturales, relaciones comerciales, intercambios de conocimiento…).

Actitud conservadora y refractaria al cambio.

Aversión al riesgo.

Alta valoración de los roles sociales tradicionales (médico, cura, maestro).

Poca consideración y valoración social de las actividades emprendedoras (empresa, comercio…).

Ambientes refractarios para el surgimiento y cultivo del talento.

Pervivencia de tics xenófobos y racistas.

Pervivencia de valores tradicionales y roles sociales de la moral y costumbres de otras épocas (machismo, intolerancia a la diversidad sexual…).

Etcétera.

Cómo funcionan los elementos y las fuerzas que configuran la cultura rural.

El ecosistema rural es como una sopa donde el caldo es la cultura y los fideos son los actores. El caldo acaba empapando y penetrando a todos los elementos, determinando su esencia y condicionando sus resultados. La cultura lo envuelve todo, y nada escapa a su influencia. Si el mundo rural quiere ser significativo, ha de preservar algunos de sus valores culturales genuinos, pero necesita cambiar otros que frenan en seco su potencial de desarrollo.

Un déficit cultural de los entornos rurales está en la ausencia histórica de miscelánea, crisol de culturas y tradiciones, diversidad racial… una situación que impide la creación de un ambiente propicio para la diversidad, intercambio de ideas, creaciones compartidas, apertura a nuevas visiones, descubrimiento de nuevas posibilidades y oportunidades, trabajo colaborativo, etc.

La concatenación de las mencionadas realidades imposibilita que los actores puedan desarrollar su potencial, desde la dificultad para concebir y proyectar nuevas iniciativas, crear nuevos productos y servicios, aumentar la productividad, fomentar las sinergias creadoras de valor, impulsar la creatividad, la innovación, el emprendimiento y el liderazgo. Todo lo cual se traduce en resultados pobres.

Sin introducir cambios culturales no podemos hacer atractivo el entorno rural para las mujeres, los jóvenes, los inmigrantes, las personas de diferente orientación sexual, los creativos, los urbanitas, los innovadores, las personas emprendedoras o los líderes y lideresas que, a la postre, son aquellos que mayor valor agregan al sistema.

El ecosistema rural con su dinámica cultural expulsa con facilidad a los actores díscolos y dificulta la entrada de actores externos que portan ideas innovadoras, frenando con ello la creación de iniciativas, inversiones y nuevos proyectos.

La cultura rural está movida por un motor activado por dos fuerzas contrarias: centrípeta en torno a sus valores, y centrífuga para expulsar lo nuevo. La primera trabaja para que nada escape a la influencia de sus rasgos culturales, y la segunda para que nada ajeno al sistema pueda crecer y perdurar. La estrategia para actuar sobre sus fuerzas internas y frenar la destrucción de valor no es fácil, ya que sus rasgos culturales  están muy arraigados (pensamientos limitantes, hábitos interpretativos, juicios automáticos, comportamientos sociales…). 

La cultura rural está compuesta por valores y actitudes, que a través del tiempo han eclosionado en patrones de comportamiento muy asentados, haciéndose presentes en tics reconocibles desde el lenguaje:

«…más vale pájaro en mano, así son las cosas, yo soy así, así son las cosas y serán siempre…«

El peso de la cultura en el sistema y la producción de resultados.

Todo sistema está orientado a la produccion de resultados.

El ECOSISTEMA RURAL está compuesto por una comunidad de personas y sus interacciones asentada en un territorio. El ecosistema desarrolla una ACCIÓN para producir RESULTADOS. Los resultados están condicionados por el sentido del PROPÓSITO y por las PRÁCTICAS (conocimientos, habilidades, competenencias, actitudes y aptitudes) de los actores.

Los resultados que produce el ecosistema rural fruto de la interacción de sus actores son muy escasos, porque el sentido del propósito es muy débil y las prácticas para producir valor son muy pobres. 

La debilidad del liderazgo y la necesidad de referentes en la cultura rural.

Las personas nos movemos por referentes sociales, y para cambiar necesitamos personas que encarnen un estilo nuevo que poder imitar. Y esto se puede hacer de varias maneras: apoyando la labor de los líderes locales, promoviendo el surgimiento de otros nuevos, poniendo en valor a los creativos e innovadores, favoreciendo la entrada y el asentamiento de personas de otros lugares que traen nuevos emprendimientos, iniciativas, valores y habilidades.

El rol de convocar a los actores locales y provocar las interacciones entre ellos son los líderes locales, pero el mundo rural adolece de liderazgos proactivos, que en muchos casos han sido expulsados del sistema y han buscado ambientes más prósperos para poner en marcha sus ideas.

El liderazgo movilizador es un bien muy escaso que hay que cultivar. A menudo, los primeros elementos que salen despedidos por la fuerza centrífuga de la cultura son las mentes inquietas, las personas  creativas, innovadoras, emprendedoras y líderes. 

A veces el liderazgo movilizador es suplido por las personas que secularmente han tenido un rol social de privilegio (terratenientes, funcionarios, religiosos…), contribuyendo al mantenimiento del statu quo y a la parálisis del sistema.

Debilidad en los roles de los actores que configuran el ecosistema rural.

Sin líderes movilizadores ni referentes emprendedores, los roles de los actores son ineficientes, movidos por intereses corporativos, relaciones endogámicas, sin desplegar sinergias ni interacciones entre sí, caracterizadas por la desconfianza (cada uno va a lo suyo).

Muchas veces tenemos todos los actores sobre el tablero de juego, pero esto no significan que estén cumpliendo su función debido a la influencia de la cultura: hay entidades financieras pero no conceden préstamos, entre otras cosas porque no hay inversores que los demanden, hay capital pero no se invierte, hay agencias de desarrollo pero no hay emprendedores, las administraciones crean infraestructuras pero no hay empresas que las ocupen, hay centros tecnológicos pero no hay demanda por parte de personas innovadoras, hay universidades y centros educativos pero están desconectados de los problemas de las empresas y la sociedad…

Fruto de la influencia de la cultura se generan tres deficiencias que hacen ineficiente el ecosistema rural y  frenan la consecución de resultados:

  1. Los roles claves no tienen actores o no están cubiertos (muchas instancias para emprendedores pero no hay emprendedores).
  2. Los actores están desconectados entre sí, ausencia de prácticas de colaboración , falta de voluntad, desconfianza.
  3. Ausencia de redes y organizaciones que coordinen y ejerzan un efecto tractor y de liderazgo.

La planificación y toma de decisiones sin tener en cuenta los factores culturales.

Las instancias gubernamentales, desconocen los factores culturales y su influencia a la hora de tomar decisiones sobre el medio rural, centrándose únicamente en los aspectos materiales, como fuente para la creación de valor (infraestructuras, capital, inversiones en formación…), obviando que están operando en un contexto cultural donde la clave para revertir el círculo vicioso que genera es reproducir personas creativas, innovadoras, emprendedoras y líderes. Una inversión a largo plazo que empieza en la escuela, creando nuevos referentes de éxito, promoviendo la cultura del riesgo, favoreciendo el asentamiento de personas de otros lugares o generando viveros de emprendedores; como un conjunto de acciones necesarias para revertir el erial en el que se ha convertido el medio rural, impidiendo la expulsión de las personas más dinámicas y emprendedoras hacia otros ecosistemas sociales más fértiles.

Si queremos un sistema rural que produzca valor, tenemos que actuar y tomar decisiones para producir cambios culturales. Y esto no puede esperar porque el mundo rural agoniza.

Adelante!!!

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