Reflexiones y propuestas de acción para enfrentar el reto demográfico.

A continuación vamos a plantear un conjunto de reflexiones y propuestas de acción desde una nueva mirada al mundo rural que constituyen la base de un libro que verá la luz en las próximas semanas, con la intención de desarrollar nuevos enfoques y estrategias que contribuyan a su revalorización. 

Algunas reflexiones.

Aunque hay realidades diferentes, el desplazamiento del campo a la ciudad no es un problema local, es una tendencia global que afecta a todos los países y continentes.

El mundo rural no se muere, se murió hace décadas. Lo que queda de él son restos fósiles y formas zombies de su estado original. 

El mundo rural es uno de los enfermos mejor estudiados del mundo, su patología está perfectamente descrita, pero las recetas que se aplican son viejas.

Los mundos muertos no se pueden restaurar y volver a su estado original, si queremos mantenerlos con vida necesitamos hibridarlos con los elementos de la modernidad.

Del mundo rural tradicional, podremos mantener a lo sumo, algunas reliquias en algunos santuarios para que los nostálgicos puedan revivir sus recuerdos.

Estamos en el epicentro de una deriva civilizatoria urbana que tiende a concentrar la población mundial en megalópolis.

¿Por qué la civilización ha hecho la elección de vivir hacinada en megalópolis? Podremos estar más o menos de acuerdo, lo que no admite discusión es que esto es una realidad.

Cuando la civilización elige un camino, no siempre hace la mejor elección. Por ejemplo, el paso del Paleolítico al Neolítico empeoró la calidad de vida de las poblaciones (más enfermedades, peor alimentación, menos libertad…). Algo parecido ocurre con la actual deriva urbana, que no parece la mejor elección.

Todo cambio brusco en la infraestructura (tecnología, economía, producción, trabajo), genera escenarios y realidades nuevas, terminando con las formas de vida tradicionales.

Las soluciones que se están aplicando a una realidad nueva, son recetas viejas, y el mundo rural sigue desangrándose. Los mundos muertos no se pueden mantener indefinidamente con respiración asistida.

Los “gurús”de gobiernos y universidades, siguen describiendo la realidad a la perfección, pero son incapaces de entender que para conseguir resultados diferentes hay que intentar cosas nuevas.

Toda civilización se sostiene en un relato donde se expresan los ideales de vida y deseos de la gente.

Nos guste o no, la inmensa mayoría de la gente, ya ha comprado su billete a la felicidad, ha tomado su decisión vital, y esta no es otra que la de vivir en una ciudad, cuanto más grande mejor.

El mundo rural ha perdido hace tiempo la batalla del relato frente al mundo urbano, y esto le condena.

Las derivas civilizatorias son muy fuertes, un tsunami que lo arrasa todo, una fuerza centrípeta en cuyo  epicentro hay un relato.

Nuestros mundos se crean a partir de relatos, en cuyo constructo aparecen los conceptos que definen el ideal y los deseos de la gente (lo que es bello, bueno, conveniente, moderno, lo guay, lo chulo, lo que mola…).

El relato del mundo rural está recreado en la mente de la gente desde prejuicios y visiones trasnochadas de la realidad.

La identidad del mundo rural y su constructo se elabora desde etiquetas y prejuicios que pasan a fraguarse en el relato, el cual se

reproduce por repetición, convertido ya en un discurso dominante, replicado a través de memes que se convierten en mantras.

La narrativa que define nuestra inercia civilizatoria va en sentido contrario al modo de vida rural tradicional.

La civilización en la que vivimos es urbana y se sustenta en un relato mágico de la ciudad que se ha instalado en el imaginario colectivo.

Si queremos revertir una situación, necesitamos cambiar el relato que la sustenta. Y un relato basado en el ideal urbano, solo se puede cambiar por otro más fuerte e inspirador.

Hasta que no cambiemos la narrativa sobre nuestro ideal de vida, no lograremos dar la vuelta a la situación y poner la mirada de la gente en lo rural.

Cuando se toman medidas pero no cambia el relato, éstas no dan frutos: se construyen carreteras e infraestructuras que hacen más fácil el escape en lugar de fijar población, se crean empleos pero a la menor oportunidad la gente se va a vivir a la ciudad más cercana, incluso muchos agricultores se instalan en la ciudad.

El mundo urbano que se había abastecido de alimentos producidos por pequeños productores, ha encontrado la forma para hacerlo a través de unos cuantos “gigantes de la alimentación”, aniquilando la forma de vida y la economía del medio rural tradicional.

Para vender el ideal del medio rural con sus encantos es necesaria una alianza fuerte con los medios de comunicación de masas, los líderes sociales creadores de opinión y las instituciones globales.

El marketing de lo urbano es mucho más poderoso y atractivo que el de lo rural, está creado en positivo y tiene los ingredientes para enamorar y narcotizar a la gente. Sus efectos son como la droga, produce un subidón, y aunque luego traslada a una realidad dura, finalmente termina enganchando.

En los espacios que hay entre las ciudades, siguen existiendo pueblos, gentes y actividades que cada vez se parecen más a las de las ciudades.

Salvar el mundo rural solo se puede hacer desde su renovación e incorporación de los elementos de la más rabiosa actualidad, en un proceso de hibridación rural/urbano.

Los agricultores y ganaderos, que representaban la identidad más reconocible de lo rural, son cada vez menos, a medida que se digitalizan y mecanizan sus actividades.

La realidad actual viene marcada por la obsolescencia, mundos que nacen y mundos que mueren a una velocidad frenética.

Ante los cambios de mundo podemos adoptar tres posturas: ignorarlo y seguir haciendo lo mismo (continuista), introducir cambios y mantener la esencia (reformista), o salir al encuentro del cambio y fluir con él (disruptiva). Por desgracia para el mundo rural, los gobiernos y organizaciones están adoptando la primera opción.

¿Entonces, el mundo rural está condenado a desparecer? 

¿Significa que tenemos que quedarnos cruzados de brazos esperando un fatal desenlace? Nosotros creemos que no, pero las estrategias a seguir para que el mundo rural tenga su protagonismo en el futuro tienen que ser distintas.

El primer esfuerzo que tenemos que hacer es resignificar su identidad en torno a sus atractivos, creando un nuevo relato capaz de seducir a mucha gente.

Las administraciones y gestores públicos están tomando decisiones erráticas, llevando a cabo políticas con la mirada puesta en el pasado, incapaces de proyectar el futuro del mundo rural en consonancia con las tendencias y escenarios. Estamos en la Cuarta Revolución Industrial y las administraciones están pensando en cómo restaurar el mundo rural en claves del pasado. 

Una nueva hoja de ruta para la acción.

A continuación te vamos a contar las acciones prácticas que estamos promoviendo para impulsar el desarrollo rural.

Resignificando y reivindicando el mundo rural como fuente de belleza y un lugar deseable para vivir.

Promoviendo acciones prácticas para poner el valor el mundo rural desde sus esencias. El ejemplo de la Red Internacional de Lugares Especiales con menos de 100 habitantes.

Aprovechando la pequeña ventaja que propicia la crisis del coronavirus para mostrar el mundo rural como alternativa.

Incorporando los cambios y disrupciones tecnológicas a las actividades del mundo rural.

Desentrañando los factores que debilitan el ecosistema rural para fortalecerlo y relanzarlo.

Identificando los factores inmateriales (culturales) que inciden en el desarrollo rural para reforzar la planificación estratégica y la toma de decisiones.

Identificando y cambiando los tics culturales que expulsan el talento y debilitan el mundo rural.

Conociendo los factores holísticos, las relaciones complejas y las realidades globales que inciden en la realidad rural.

Analizando los avances científicos, el desarrollo tecnológico y su impacto en la economía y el empleo, como factores que transforman las actividades tradicionales del medio rural, cambiando su fisonomía y esencia tradicional.

Explorando los escenarios de futuro y las tendencias globales de la economía y la producción para la especialización inteligente del medio rural.

Incorporando al mundo rural las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial.

Observando los cambios acelerados en nuestros mundos para descubrir la oferta y oportunidad que representa el mundo rural para la ciudadanía global.

Analizando desde las fronteras del conocimiento y los avances científicos y tecnológicos el nuevo rol del mundo rural.

Descubriendo las claves para el desarrollo del mundo rural en la nueva era del Virtuceno, una realidad construida con ceros y unos.

Diseñando estrategias para la digitalización de los territorios rurales (Smart Rural) y convertirlos en territorios inteligentes.

Acompañando en el ejercicio de digitalización del territorio rural para la transformación de sus sectores productivos y actividades.

Diseñando y poniendo en marcha nuevos proyectos para el desarrollo rural desde la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

Impulsando el liderazgo y la reproducción de nuevos líderes como factor decisivo para mantener vivo el medio rural.

Generando implicación y compromiso del conjunto de actores del medio rural. El reto demográfico es responsabilidad de todos, y todos debemos poner lo que esté en nuestra mano. 

Si queremos resultados diferentes tenemos que probar cosas nuevas.

Adelante!!!

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