Reto demográfico, mundo rural y crisis sistémica del sector agrario.

La propia dinámica del capitalismo y la globalización están arrasando con sectores enteros, llevando a la crisis a actividades tradicionales como el pequeño comercio, el taxi o la agricultura y la ganadería, al quedar sometidas y expuestas a las reglas salvajes de la oferta y la demanda.

Todos estos factores vienen a profundizar aún más en los problemas que arrastra el mundo rural, cuyo abordaje es muy complejo porque afecta a las propias reglas de juego del sistema capitalista, y más aún cuando la producción de alimentos y su control se han convertido en un valor especulativo de los grandes fondos de inversión.

La Gran crisis de las hipotecas subprime en 2008 y la revelación de los activos tóxicos que ponían en jaque al sistema produjeron el mayor crash financiero de la historia, solo comparable en proporciones al de 1929. Los grandes fondos de inversión a escala global, que hasta entonces habían puesto sus tentáculos en los activos inmobiliarios, se asustaron y perdieron interés en esas inversiones. El pánico hizo que comenzaran a buscar refugio para sus activos en algo más seguro, ahí se inicia un brusco trasvase de capitales al sector de la alimentación, una espiral de competencia feroz por acaparar un mercado de 7.500 millones de bocas que tienen la costumbre de comer 3 veces al día (allí donde pueden). 

Una vez que la alimentación a escala planetaria se ha convertido en un valor especulativo apetitoso, se está produciendo una inversión estratégica en tierras y medios de producción sin precedentes. Muchas grandes superficies y propiedades de los campesinos están siendo compradas por potentes fondos de inversión en todo el mundo. 

La producción, distribución y comercialización de alimentos entran en la lógica de acumulación capitalista monopolizada por un número reducido de corporaciones gigantes; un proceso similar a lo que está ocurriendo en el resto de sectores y actividades productivas. Un escenario que queda reducido a unos cuantos “campeones” y una lista enorme de “cadáveres”. Todo ello en una creciente de especialización inteligente global y concentración del negocio en muy pocas empresas. Algo parecido a lo que está ocurriendo en el comercio con Amazon o en la fabricación de artefactos tecnológicos con Apple. El capitalismo progresa sin tregua a un modelo de gigantes hegemónicos y consumidores cautivos zombies. (Para profundizar en este tema haz clic aquí: https://juancarloscasco.emprendedorex.com/un-mundo-perverso-de-gigantes-tecnologicos-y-consumidores-zombies/ ). 

El avance de la última ola del capitalismo está aniquilando poco a poco el sector primario tal y como lo habíamos conocido hasta ahora en todos los países y continentes. Y con ello se destruyen ecosistemas completos; selvas y espacios naturales se convierten en campos de cultivo que pasan a manos de grandes multinacionales con la connivencia de gobiernos corruptos. En paralelo, enormes extensiones fértiles de África y otros continentes son acaparadas por grandes fondos e inversiones estratégicas de países como China.

La globalización y el “progreso” están confiriendo un espacio de poder enorme a los gigantes financieros, superando en influencia a los estados y gobiernos de turno. La economía mundial se ha convertido en un casino gigante, con la diferencia que los casinos tienen reglas, y el mundo global de las finanzas y la especulación no las tiene.

Detrás de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos y sus disputas con China, así como las tensiones con otros mercados como Rusia que se traducen en aranceles y restricciones al comercio de productos agrícolas, están las luchas por hacerse con el control global de sectores estratégicos como la alimentación o la energía. Las consecuencias se trasladan a unos productores que ven peligrar sus formas de vida y con ello la desaparición de su mundo.

Vivimos en una economía global de mercado, incluso el gigante comunista (China) es la primera potencia comercial del mundo ¡Qué diría Mao si levantara la cabeza y viera a su país en la disputa por liderar el ranking del capitalismo! El único gran consenso global parece que se ha establecido en torno al liberalismo. El mismísimo Deng Xiaoping lo vino a corroborar en una frase que sintetiza el pragmatismo reinante: “Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones”. 

Son las propias reglas del capitalismo las que trastocan las formas de vida de los agricultores y ganaderos del mundo, como lo hacen con los comerciantes, los artesanos o los taxistas; un tsunami del que nadie sale indemne.

Escenarios más plausibles para la producción de alimentos en las próximas décadas.

La producción ultratecnificada manejada por robots y maquinaria de última generación es una tendencia imparable que relega al agricultor tradicional al papel de actor secundario, cuando no de reliquia o pieza de museo.

La inteligencia artificial, los algoritmos, el big data, el blockchain, unidos a los grandes fondos de inversión, constituyen el capital y el know how de las grandes compañías del sector, que a su vez están tejiendo alianzas con otros gigantes de la logística y la distribución para llevarnos directamente los alimentos al frigorífico.

Es plausible también que la progresión de este modelo conviva con productores más pequeños y especializados (producciones singulares, alimentos artesanos, alimentos ecológicos), en disputa de un pequeño nicho y una minúscula  porción del pastel, hasta que los gigantes lo vean rentable y decidan comérselo también.

En muy poco tiempo el consumo de carne fabricada en laboratorio y vegetales producidos sin intervención de un agricultor, será una realidad. Por ese motivo, el argumento histórico “los agricultores y ganaderos alimentan el mundo”, estará como mínimo en entredicho.

Todos estos cambios están trastocando la morfología de un mundo rural en el que el peso de la agricultura y la ganadería va a ser cada vez menor. Como en todo cambio de época surgirán tensiones y conflictos entre un mundo nuevo que comienza a surgir y otro que declina y se resiste a desaparecer, preparémonos para una escalada de conflictos en el sector y la adopción de diferentes estrategias de sus actores ante el terremoto: defensiva o de cambio y adaptación.

La agricultura y la ganadería, nos guste o no, forman parte de la estructura sistémica del capitalismo, que no nos engañemos, siempre ha sido injusto y salvaje, sujeto a la ley de oferta y la demanda y la libertad de comercio (laissez fair, laissez passer). Si no nos gusta el sistema siempre podremos cambiarlo por otro, pero lo que no permite el sistema es la adopción de reglas que lo contradigan (aunque sea en nombre de la salvación de un sector).

El mundo rural es mucho más que agricultura y ganadería, aún siendo actividades importantes para las que hay que buscar alternativas, comienzan a ser marginales en muchas zonas rurales.

Por ese motivo no se puede vincular exclusivamente el futuro del mundo rural con las ayudas al sector porque nos dejamos fuera a la mayoría de la población que no vive de ellas y tiene grandes dificultades para salir adelante. La diversificación productiva se convierte en una necesidad de supervivencia en un mundo rural globalizado que necesita reinventarse.

Agricultura y ganadería en el futuro van a seguir existiendo pero no como las conocemos hoy, todo apunta a que será con un sistema de producción, tecnología, estructura empresarial  y relaciones de producción completamente diferentes a las actuales; cuestión que transformará el concepto y fisonomía actual del mundo rural.

Estamos en una encrucijada histórica que nos obliga a reinventarnos.

Adelante!!!

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