El otro camino para la innovación.

Nuestro mundo necesita personas innovadoras, creativas, emprendedoras y líderes; sin embargo la educación está fracasando en el propósito de formarlas porque no hemos entendido que dichas disciplinas no se basan en tener conocimientos, su desarrollo se adquiere mediante el cultivo de sensibilidades y habilidades. Por eso, cuando uno sigue un plan de estudios o un programa formativo en esas materias, aprende a describirlas e interpretarlas pero es incapaz de aplicarlas a su vida. Vamos a descubrir los ámbitos que tenemos que trabajar para adquirir dichas competencias.

¿Cuántos emprendedores, innovadores o líderes has visto nacer de un curso o un programa de estudios? Posiblemente los que tenían ya una sensibilidad proclive (espíritu) hacia alguno de esos dominios. ¿Cuándo nos vamos a enterar que las mencionadas disciplinas no se basan en conocimientos? ¿Cuánto tiempo vamos a seguir haciendo perder a alumnos y cursillistas? ¿Cuánto dinero público vamos a seguir derrochando en programas inútiles?

Un cambio de enfoque para trabajar el aprendizaje de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

Innovar, emprender y liderar son ramas de un mismo árbol, su ADN está configurado por las mismas competencias (MODELO 6-9), lo único que los diferencia es su aplicación a dominios diferentes.

Si  la cosa de crear, innovar, emprender y liderar fueran conocimientos que se aprenden como cualquier otra materia, todos lo habríamos adquirido, tendríamos abundancia por doquier, sin embargo, innovadores, emprendedores y líderes siguen siendo una rareza que aparece lejos de los programas que nacen para promoverlos.

El origen de este enfoque fallido reside en una visión cartesiana del mundo que ya no nos sirve, al entender que el mundo está ahí afuera, y a partir del conocimiento de su funcionamiento podemos aplicar una serie de reglas para manejarlo. Y cuando ponemos en práctica ese conocimiento para innovar, emprender y liderar, sencillamente no funciona como una receta.

Por eso, si quieres convertirte en innovador, emprendedor o líder, no acudas a una universidad o a un programa público con la esperanza de adquirir conocimientos a través de conceptos, manuales y recetas para aplicarlos y lograrlo. Yo te propongo otro nuevo camino basado en desarrollar sensibilidades, habilidades y prácticas para alcanzarlo.

Igual que jugar a tenis o montar en bicicleta no se puede aprender como conocimientos, sino que precisan de una motivación para hacerlo y horas de práctica luego, lo mismo ocurre con la innovación, el emprendimiento y el liderazgo. La diferencia está en que las escuelas de tenis funcionan muy bien porque la gente va allí a jugar al tenis desde el primer día, a perfeccionar la técnica, no a estudiar el tenis y sus conceptos.

Lo mismo ocurría cuando una persona ingresaba como aprendiz de un oficio en un taller, comenzaba a aprender las técnicas y prácticas desde el primer día, y por repetición, ensayo y error, terminaba dominando el estado del arte con maestría.

Lo que hace competente a Nadal en el tenis o a LeBron James en el baloncesto, es los millones de veces que ensayan un golpe o un lanzamiento a canasta. La cuestión es ¿por qué en nuestro mundo, siendo tan necesario el desarrollo de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo, no seguimos los aprendizajes de los deportes o los oficios?

No hay otra forma de aprender efectiva que no sea en la práctica, pero claro, todo aprendizaje tiene identificadas unas habilidades que lo desarrollan. Por ejemplo, el alfarero lo consigue después de miles de horas de trabajo en el manejo de sus pies y manos hasta que automatiza ese mecanismo. Igual ocurre con la cosa de conducir, es a través de prácticas (entrar en el vehículo, ponerlo en marcha, soltar el freno de mano, pisar el embrague, poner la velocidad…) que la persona termina automatizando y ejecutando sin pensarlo.  El problema que tenemos con la capacitación de innovadores, emprendedores y líderes es que los “profesionales” que tienen que  entrenar en estas disciplinas no tienen adquiridas las habilidades que las sustentan, y además, esas habilidades no están estructuradas para su enseñanza/aprendizaje.

Aprendemos cuando hacemos y nos emocionamos. Nadal y James no hubieran llegado donde lo hicieron si no hubieran amado sus deportes (emoción), obteniendo la energía necesaria para convertirse en obsesos y entrenar hasta la extenuación (acción). Luego, junto a sus entrenadores fueron adquiriendo y perfeccionando la técnica (habilidades). El conocimiento de la teoría y las reglas de sus respectivos deportes fue una tarea auxiliar y menor.

Una historia de fracasos monumentales por no entender la naturaleza de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

A continuación te voy a mostrar una historia de sonados fracasos que refrendan el argumento.

El fracaso del aprendizaje del emprendimiento a través del conocimiento.

En los años 90 del siglo XX asistimos al boom del emprendimiento y al nacimiento de una gran producción de literatura y contenidos relacionados con el fenómeno emprendedor, en paralelo al desarrollo de planes de estudios y programas formativos para “producir nuevos emprendedores”. El resultado: un fracaso sin paliativos.

En la Unión Europea, iniciativas como el Libro verde. El espíritu empresarial en Europa de la Comisión de las Comunidades Europeas (http://www.oei.es/historico/etp/green_paper_final_es.pdfviene a representar bien este despropósito que critiqué con fuerza en su momento, resultado del desconocimiento de los responsables políticos, académicos e institucionales de la verdadera naturaleza del emprendimiento y de las sensibilidades y habilidades que lo sustentan. Aunque el Libro verde apunta algunos aspectos interesantes para su aplicación a las políticas públicas, no entiende el verdadero alcance del emprendimiento ni de las competencias que lo sustentan.

A partir de aquí, el emprendimiento es un tema “quemado” que ha perdido su esencia y significado en manos de incompetentes que han destrozado esta vía tan necesaria para el progreso global.

El fracaso del aprendizaje de los manuales de autoayuda.

Algo parecido ocurrió con el aprendizaje de la gestión personal y las emociones. Desde el conocimiento de los mecanismos de cómo nos ocurren (conocimiento), hemos aprendido eso, sus mecanismos, pero sus efectos sobre los “pacientes” son muy limitados, más allá de distinguirlas y aplicar algunos trucos.

Los manuales de autoayuda comienzan su declinar porque la gestión personal no es teoría, son habilidades y prácticas como en el tenis.

El fracaso del aprendizaje del liderazgo.

Lo mismo está ocurriendo en estos momentos con la moda del liderazgo. En muchos programas de estudios y carreras universitarias se estudia el liderazgo, pero de aquí no surgen líderes sino personas con conocimientos teóricos de liderazgo. Pronto, caerán en desuso y descrédito como ocurrió con el emprendimiento y manuales de autoayuda.

El fracaso en el  aprendizaje de la innovación.

El “último grito en fracasos” lo representa la moda en el desarrollo de la imaginación, la creatividad y la innovación. Y voy a detenerme en esta última por ser la que más me interesa ya que es la industria que nos trae cosas nuevas para hacernos la vida mejor.

Por doquier surgen programas, escuelas, predicadores…; que nos traen grandes teóricos y gurús de la innovación, pero los innovadores no surgen por ninguna parte porque la innovación no se reproduce de esa manera.

La otra vía para trabajar la innovación. La innovación no es conocimiento.

Si lo fuera, ya lo habríamos replicado y todas las personas y corporaciones seríamos innovadoras.

La innovación viene precedida de la conexión emocional y el compromiso con una realidad, afectación a los cambios y empatía. Por ejemplo, cuando veo algo en mi comunidad que no funciona y me doy permiso para intervenir y ser parte de la solución.

La sensibilidad (sentirme afectado por un problema que tiene la gente que me importa) alimenta la emoción de poder hacer algo por esa gente y por mí mismo (oferta). Luego esto me invita a adquirir habilidades que no tengo y desarrollar una actitud proactiva y voluntad inquebrantable para conseguir un logro (solucionar un problema donde yo gane y los demás ganen).

La sensibilidad también se alimenta de otras fuentes nada desdeñables que se pueden gestionar y potenciar, por ejemplo: la rebeldía como actitud positiva ante la vida para cambiar lo que es mejorable, el no dar nada como fijo, el inconformismo propositivo y proactivo, la gestión de los pensamientos limitantes (yo soy así, la vida es asÍ, así son las cosas, así se ha hecho siempre…).

Casi todas las cosas nuevas que hice en la vida fue porque alguien me dijo que eran imposibles, hasta las emociones como el resentimiento o el despecho pueden convertirse en positivas si se gestionan adecuadamente para alimentar la sensibilidad hacia un propósito. El cultivo de la rebeldía me ha llevado a que cada vez que escucho que algo es imposible, automáticamente me siento interpelado y concernido (sensible) para contradecir con los hechos a quien lo sentenció. Por eso la innovación es incompatible con los expertos, los académicos, los funcionarios, los guardianes del orden… y florece entre los rebeldes, los disruptivos, los bichos raros, los que se permiten equivocarse y aprender, los que se dan permiso y se atreven…

Cuando la sensibilidad está instalada genera una actitud propicia, lo que debemos entrenar a continuación son las prácticas que mediante repetición se hacen automáticas y se transforman en habilidades, elevándose a la categoría de hábitos que se instalan en nuestro ser como “habilidades perpetuas”, por ejemplo: conducir el automóvil, montar en bicicleta, lanzar a canasta o trabajar el barro. Pues lo mismo hay que hacer con la innovación, salvo que ahora las prácticas son escuchar, declarar, prometer, pedir, coordinar, dirigir…;  todas ellas aplicadas a la solución de problemas, apertura de posibilidades, desarrollo de oportunidades…

Es cierto que en las prácticas que intervienen en la innovación existen patrones que podemos aprender, facilitándonos la tarea de “actuar en clave innovadora” y que puede ser útil adquirirlos (nosotros mismos entrenamos esos patrones relacionados con generar asociaciones y conexiones probables e improbables entre las cosas). En nuestros programas de innovación, emprendimiento y liderazgo hemos construido conocimientos para acelerar la innovación, por ejemplo: conocimiento para producir ideas a través de asociación de conceptos, conocimiento para producir innovación agregando un valor nuevo a un producto existente…

Toda innovación tiene una parte de algo viejo que conecta con las prácticas de la comunidad y de algo nuevo que ofrece una ventaja sobre lo anterior (algo completamente nuevo no funciona). Y este conocimiento, por ejemplo, es importante aprenderlo para aplicarlo al ámbito concreto del desempeño de cada persona (empresa, administración, organización…).

Para eso sirve el conocimiento, como herramienta o recurso auxiliar. Pero lo realmente trascendente y valioso es crear sensibilidad en las personas hacia el mundo que las rodea y a interpelarlas (sentir los problemas y desafíos como propios, sentirnos retados y comprometidos en su solución, sentirnos actores en la transformación del mundo…).

En la base de la innovación está la capacidad de hacernos preguntas, el permiso para intervenir sobre la realidad y el atrevimiento para hacerlo, sin renunciar a un conocimiento básico como herramienta auxiliar para ayudarnos.

Para la innovación no hay reglas ni herramientas. La gente que hace innovación no estudió innovación ni son profesores de innovación (esos describen el mundo de la innovación mientras la innovación la hacen otros).

La clave de la innovación es cultivar la rareza que es cada ser humano, salirse del redil y poner en manos de cada persona las habilidades para construir sus deseos. Atreverse a hacer cosas nuevas retando los estándares establecidos y la tradición, conectando a cada persona con su pasión y vocación. Luego la innovación aparece y salta de un dominio a otro de manera impredecible; por ejemplo, quien inventó Facebook lo hizo por el interés y la motivación de buscarse novia.

La innovación es una práctica social que surge en la conversación, no ocurre en un cerebro aislado sino al interconectarnos y compartir sensibilidades y motivaciones con otros  desde el compromiso. Por eso nace en los espacios de encuentro, en los cruces de caminos, en las encrucijadas, en las situaciones encontradas, en las crisis, en los bares… El aprendizaje de la innovación se produce cundo hacemos y nos emocionamos (acción/emoción/innovación van unidas).

Si quieres cultivar la innovación, amplía tu red de relaciones y entrena tu conversar en la escucha de las desarmonías del mundo, en lo que desazona a la gente desde el compromiso y la voluntad de acción.

Desarrollo la innovación cuando escucho algo que no funciona, cuando me hago cargo de ello y lo declaro, cuando hago una promesa a otras personas, cuando pido algo a cambio (oferta), cuando transmito ilusión y emoción a las personas con la oferta, cuando movilizo a un equipo y gestiono sus emociones, cuando soy impecable y produzco satisfacción….

Las sensibilidades, prácticas, habilidades y competencias que constituyen el sustrato de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo son las mismas.

¡Y no hemos caído en ello! Eso sí nos confiere una ventaja; si entrenamos sus fundamentos podemos poner las bases de una vida creativa, innovadora, emprendedora y con liderazgo  aplicándolo a aquello que deseamos (oficio, profesión, empresa, organización, familia…).

Nosotros las hemos reunido en el MODELO 6-9, un sistema flexible que no funciona como un manual o recetario sino como un conjunto de prácticas interconectadas que aplicamos a la creación de nuevos innovadores, emprendedores y líderes.

¿Cómo entrenamos las habilidades de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo? De manera muy sencilla, como se han aprendido las habilidades a lo largo de la historia:

  1. Yo lo hago y tú estás conmigo.
  2. Tú lo haces en mi presencia.
  3. Yo te ayudo a mejorar y perfeccionar tus errores.
  4. Tú lo haces solo  aplicándolo a tu desempeño y me das feedback.
  5. Tú lo haces solo muchas veces.
  6. Tú tomas a otros y replicas el proceso.

Esa es la fórmula para la apropiación masiva de toda la sociedad, comunidad educativa y el país sobre las capacidades de innovar, emprender y liderar tomando como base el MODELO 6-9.

Este artículo tiene una dedicatoria especial a los institutos de Extremadura y a los equipos docentes con los que estamos trabajando en esta revolución educativa silenciosa desde hace 4 años.

No hay tiempo que perder.

Adelante!!!

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4 pensamientos en “El otro camino para la innovación.

  1. Josilen Soza

    Comparto este pensamiento. Hay que arriesgar a dedicarnos en lo que nos gusta yo tarde 9 años en cumplir 1 de mis sueños poder dedicarme a la agricultura es un reto que aún es un camino que apenas comienza, pero sé que voy por un buen camino y la práctica será la que me haga aprender cada día más de este mundo tan apasionante como es la agricultura .

    Seguimos adelante !

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  2. Juan Carlos

    Estimada Joselin, eres un extraordinario testimonio de como operan las competencias genéricas del Modelo 6-9 para desarrollar habilidades y construir un proyecto vital con significado. Seguimos haciendo camino al andar. Adelante!!!

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  3. Claudio Antonio Araneda Sanhueza

    Excelente artículo. Estoy en un programa de asentar bases de una cultura emprendedora en un liceo industrial y me gustó mucho lo de aei. Acción Emoción Innovacion

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