Incansables buscadores de la utopía aferrados a los recuerdos y a la esperanza.

Cuando paro un momento la mente y me pregunto ¿qué es el ser humano? ¿Quién soy yo?Reconozco en mí a un animal al que se le escapa el presente   entre los dedos, mientras su lugar es ocupado por los recuerdos del pasado y las expectativas del porvenir.
En esos momentos veo con claridad mi condición de ser imperfecto e inacabado, un individuo  sometido a una presión existencial permanente que se ve atrapado en cada minuto de su vida entre la recreación mental de historias del pasado que no volverán y la imaginación de un futuro que no acaba de llegar. 

Somos una intersección, una encrucijada, un eslabón entre el pasado y el futuro en el que se hace presente la añoranza y aflora la esperanza. Del cóctel de nuestros recuerdos y expectativas nacen nuestras emociones, y de ellas nuestro estado de ánimo y, por ende, nuestro potencial de felicidad. Así, vivimos en el riesgo de ser golpeados por la culpa (pasado) y perder la ilusión por el el futuro, con el peligro de caer en la melancolía, la tristeza y la desesperanza.

El funcionamiento de la mente y los recuerdos. ¿Cómo fabricamos nuestros recuerdos?

La mente es selectiva con los recuerdos, las cosas no ocurrieron como las recordamos, es nuestra mente la que elabora de manera interesada el relato y guarda la escena (película) en función de nuestras sensibilidades, intereses, miedos y creencias.

El almacén de la memoria que está en el disco duro del cerebro es limitado, no puede guardar las vivencias como lo hace una cámara de vídeo, más bien lo hace como una cámara de fotos, así cuando rememoramos una historia personal, hacemos una llamada a los recuerdos y la mente nos los muestra como fotogramas. Para armar la historia y contarla tenemos que pegar esos fotogramas con un relato que los dé sentido. Así, una misma vivencia donde estuvieron presentes varias personas será memorizada, recordada, sentida y contada de manera diferente.

La importancia de hacer las paces con el pasado.

De hecho, si nuestros recuerdos son “tan poco fiables”, hemos de hacer elesfuerzo de relativizarlos y desactivar su carga negativa para aprender a fluir con la vida.
El pasado no lo podemos cambiar, aunque sí podemos aprender a observarlo desde otra mirada. Si tenemos una herida abierta, hemos de hacer las paces con él, aceptar lo que ocurrió, perdonar a los demás y perdonarme a mí mismo, abriendo el camino a la reconciliación y aprendiendo a dar gracias a la vida por las cosas buenas que nos trae.

El funcionamiento de la mente frente al futuro. ¿Cómo fabricamos nuestros relatos del futuro?

Si el pasado se revela como un cuento “poco fiable”, el futuro exige un esfuerzo aún mayor de construcción. Como seres humanos, para caminar, necesitamos elaborar relatos inspiradores que nos movilicen y empujen nuestra voluntad para hacer cosas; muchas veces, a sabiendas que el relato se fundamenta en la invención de cosas que no existen pero en las que acabamos creyendo (dinero, instituciones, empresas, divinidades, religiones…). Podemos decir que el ser humano es “relatodependiente”, para vivir y construir cosas significativas necesitamos creer en relatos inventados (propios o prestados).

Nuestro potencial, impacto personal y estado emocional están en función de la calidad de los relatos del futuro que construimos y de cómo nos contamos esos cuentos a nosotros mismos y a los demás. Para elaborarlos, a diferencia del relato de los recuerdos, no contamos con los fotogramas de las vivencias, tenemos que recurrir a visiones plausibles de lo que puede ocurrir, recrear esas visiones y unirlas con un pegamento (relato) inspirador.

Si nunca va a existir un consenso total acerca de un relato del pasado, con menor motivo se va a producir con uno acerca del futuro. Lo que está claro es que la fuerza del relato reside en el enunciado de las posibilidades que abre para uno mismo y para los demás (utopía), y su capacidad para generar emociones positivas y proposiciones realizables que sus destinatarios estén dispuestos a comprar.

El ser humano es un animal que vive entre la esperanza y los recuerdos, como lo expresa Atahualpa Yupanqui en su canción de los hermanos: “…cada cual con sus trabajos, con sus sueños cada cual, con la esperanza delante, con los recuerdos detrás… con un horizonte abierto que siempre está más allá y esa fuerza para buscarlo con tesón y voluntad…”. Para vivir necesitamos la utopía, como refieren Eduardo Galeano y Fernando Birri en su conversación: “Ella (la utopía) está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y elhorizonte se corre diez pasos más para allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”. 

Nunca las cosas fueron como las recordamos, nunca las cosas ocurrirán como las imaginamos, sin embargo nos aferramos a nuestros recuerdos y necesitamos asirnos a la esperanza, resultando ambos extremos inútiles si no aprendemos a fluir con la vida disfrutando el presente.

Adelante!!!

Este artículo ha sido elaborado por Juan Carlos y Fernando para ti.
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