El papel de Extremadura en la revolución de la Inteligencia Artificial. Una estrategia para hacerlo.

Si los gobiernos, los parlamentos, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales y sociales fueran conscientes de la revolución tecnológica que se está gestando, se dejarían de un lado las discusiones bizantinas en las que estamos inmersos y nos centraríamos en lo importante, es decir, en cómo sacamos partido a las enormes posibilidades que se abren en lugar de instalarnos en la queja y la crítica improductiva. Más allá del efecto mediático de la aparición de ChatGPT, la Inteligencia Artificial y la constelación de tecnologías que están surgiendo de la convergencia tecnológica NBIC van a cambiar nuestro mundo en los próximos años, impactando en todas nuestras actividades. Por ese motivo, Extremadura podría significarse en el nuevo escenario y jugar un papel relevante, como ya lo hizo en los inicios de la revolución de la Sociedad de la Información.

En este momento, más importante que la fascinación que produce una tecnología en pañales que inaugura la irrupción de la Inteligencia Artificial y su popularización entre el gran público, es crear las condiciones para aprovechar sus ventajas en la educación, el empleo, la salud, el ocio, la agricultura, la ganadería y resto de nuestras actividades. En esta senda, es muy importante que como región  nos hagamos estas preguntas: ¿Quiénes somos? ¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué podemos ofrecer al mundo? ¿Cuál es el valor diferencial que nos distingue y nos permite ser atractivos a ojos de los demás?

Mientras la robótica avanza a tirones y lentamente, la Inteligencia Artificial está irrumpiendo en modo embrionario, como lo hizo Internet a principios de la década de 1990. Y ahora podemos salir a su encuentro para incorporar las posibilidades que ofrece a nuestras empresas, trabajos profesiones y emprendimientos. En todo caso se trata de entender y asimilar lo que está sucediendo para después actuar sin necesidad de acudir a la bola de cristal de los gurús, basta con el sencillo ejercicio de observar el tiempo histórico.

Para mirar al futuro y entender el cambio histórico que supone la Inteligencia Artificial, echemos una mirada al pasado.

En 1998 fui invitado a formar parte de un equipo para el desarrollo de los proyectos de la Sociedad de la Información de la Junta de Extremadura. Aquel hecho me fascinó porque desde algunos años antes ya usábamos Internet en el Centro Piloto de Estudios y Proyectos de Plasenzuela del que era director, aplicándolo a los programas, investigaciones y publicaciones que llevábamos a cabo con diferentes países de la Unión Europea.

Entonces era fácil avizorar que el invento cambiaría el mundo por completo, abriendo un horizonte de posibilidades inédito para quien lo miraba desde una mente flexible y abierta, frente a aquellos que se atrincheraron en su zona de confort viendo en todo lo nuevo que acontecía algo amenazante (ahí está la hemeroteca para quien quiera comprobar lo que digo).

La revolución de Internet surgió, como toda tecnología emergente, de manera imperfecta y llena de fallos. Igual que los primeros automóviles del siglo XIX en comparación con el vehículo eléctrico y autónomo del siglo XXI. Toda tecnología en sus orígenes es cara, lenta e incompleta.

Por lo general, los artefactos surgen de la mejora o adición de componentes sobre otros preexistente, a los que se les van agregando nuevos atributos y  funciones hasta hacerlos robustos y potentes.  En esencia, buena parte de todas las máquinas que tenemos han nacido de ponerle cosas a una rueda (ejes, poleas, dientes…). 

La innovación y el progreso es un juego de agregación, de unir conceptos y objetos (un palo y un caramelo producen un chupa chups, un palo y un fregón, una fregona…), conexiones probables e improbables que al agregarse van generando nueva tecnología. Las disrupciones (algo completamente nuevo) raramente ocurren, y cuando lo hacen, tardan en imponerse pues no están conectadas con los usos y costumbres que tiene la gente. Los humanos somos animales rutinarios que estamos atrapados en hábitos biológicos e interpretativos, lo que nos dispone a pensar y actuar en modo automático y nos convierte en refractarios a lo nuevo, de ahí las reacciones viscerales que tuvo Internet en su día y que tendrán todas las tecnologías venideras que nos saquen de nuestras rutinas y zona de confort. 

Cuando hay cambios tecnológicos de calado, siempre surgen movimientos de reacción, como ocurrió con el movimiento ludita en los inicios de la Revolución Industrial, provocado por la reacción de los artesanos y obreros que vieron en la máquina de vapor una amenaza para su forma de vida, de la misma manera que aparecerán  fuerzas reaccionarias frente a lo que viene. Si un porcentaje significativo de la población es negacionista del cambio climático, antivacunas o terraplanista, no deberán sorprendernos los movimientos de oposición que vamos a ver en los próximos años intentando frenar un tsunami que lo inundará todo queramos o no.

Muchas veces las innovaciones surgen cuando una tecnología da un salto de un ámbito marginal a otro distinto donde se populariza, como ocurrió con la máquina de vapor que hizo su aparición para achicar el agua en las minas de carbón y saltó a la locomoción, o Internet, que nació de los sistemas de comunicación militar. Las disrupciones se producen cuando se dan saltos bruscos e inesperados que generan cambios de época, hechos que rara vez acontecen, aunque la aceleración tecnológica hace que sean cada vez más recurrentes.

La aparición de Internet y la Inteligencia Artificial presentan similitudes.

De manera similar a la irrupción de Internet está ocurriendo con la Inteligencia Artificial y otras “tecnologías hermanas” entre las que podemos destacar ChatGPT y Dall-E, Midjourney, Jasper. Huelga decir que éstas inteligencias artificiales son tan burdas como lo fueron la primera máquina de vapor, el primer automóvil, la primera cámara de fotos o la primera versión de Internet. Cuando pasen unos años por estas tecnologías no las conocerá ni la madre que las parió, fruto de un proceso de agregación y mejora permanente. De momento, todas comparten doble impacto: son sorprendentes y aún están en pañales.

La clave para el progreso  de una persona y una comunidad es aprender a descubrir el valor en los cambios emergentes.

En paralelo, en la penetración de toda disrupción se produce a nivel social un fenómeno de negación / aceptación / acomodación / apropiación / integración, que acaba inundando la cotidianidad. Unos procesos que se acortan cuando se produce una concentración de tecnologías. Cuando la tecnologización se acelera, la apropiación se dispara. Así, en alcanzar los 100 millones de usuarios, el teléfono fijo se demoró 75 años, el móvil 16, la web 7, ITunes 6, Facebook  4, Whatsapp 3, Instagram 2, Candy Crush 1, y ChatGPT puede batir todos los registros anteriores.

Sea como fuere, la progresión de la apropiación de la Inteligencia Artificial cuando alcance un grado óptimo de desarrollo será imparable. Aunque aún le quedan años de mejora, circunstancia que representa una ventaja para los audaces porque pueden empezar a probar y acomodarlo ya a sus innovaciones, creaciones y emprendimientos. Para cuando la apropiación sea masiva ellos ya serán los referentes y líderes destacados. En este mundo que ha entrado en una aceleración meteórica, es mucho mas importante ser el primero que ser el mejor. Si no podemos anticiparnos, al menos no perdamos el ritmo y subámonos a ese tren en marcha.

Como dice José Luís Cordeiro, en este momento no debemos temer a la Inteligencia Artificial sino a la estupidez humana. Si adoptamos la actitud de verlas venir y nos convertimos en espectadores esperando a que la nueva tecnología alcance su cenit, quedaremos rezagados, perdiendo la ventaja que la historia concede a los pioneros.

Una mirada al presente y la  aceleración tecnológica. La convergencia tecnológica NBIC.

El desarrollo de la Inteligencia Artificial será un camino largo, aunque su avance será mucho más rápido que el experimentado por el automóvil desde los burdos modelos de mediados del siglo XIX al eléctrico y cuasi autónomo de la actualidad o el recorrido similar del viejo teléfono hasta llegar a los smartphones actuales. Todas estas innovaciones no son otra cosa que la agregación de tecnología en un artefacto. En el caso del automóvil, desde la fusión inicial de una máquina de vapor y un coche de caballos, en el del smartphone, la suma de un aparato de vídeo, cámara de fotos, televisión, radio, grabadora, ordenador, acceso a Internet… a un teléfono fijo que se convirtió en móvil.

El signo más reconocibles de nuestro tiempo es la aceleración. Lo que en el pasado podía tardar 200 años, en la actualidad puede ocurrir en poco más de una década y, cada vez que acumulamos más tecniología, seguimos acortando plazos a medida que el tiempo se comprime, los objetos físicos se trasladan a réplicas virtuales y las realidades sólidas pasan a estado líquido y finalmente se volatilizan.

La aceleración se produce por la acumulación de innovaciones, la concentración, la conexión entre personas y la agitación; lo que genera  avances en progresión geométrica que ensanchan el espacio y contraen el tiempo.  Alteraciones que acaban desembocando en un cambio de paradigma cuando desde los  postulados de la ciencia normal no podemos dar respuesta a los nuevos desafíos que se plantean (Thomas Kuhn).

Cuando en una comunidad humana de 800 millones de individuos donde el 62% tienen acceso a Internet, surge una necesidad o se plantea un reto, se genera un poder creativo descomunal que desencadena un procesos de cooperación a gran escala. Si a eso le unimos la abundancia de capital y el potencial de mucha gente pensando y actuando al unísono ante un propósito (inteligencia colectiva), podremos entender el potencial que la humanidad tiene en sus manos para la aceleración de la Inteligencia Artificial, un potencial infinito de generación de abundancia y valor.

La aceleración tecnológica la podemos comprobar en avances como las vacunas del Covid-19, cuya progresión fue 10 veces más rápida que las creadas hasta el momento, todo lo cual se explica por la convergencia tecnológica de la nanotecnología, biotecnología, infotecnología y cognotecnología. De esta manera, cualquier avance sobre una de ellas, salta rápidamente al resto, generando una reacción en cadena imparable y produciendo vasos comunicantes entre sí que producen saltos exponenciales y disrupciones. Así, por ejemplo, un avance en la informática y la computación, puede saltar rápidamente a la Inteligencia Artificial y de aquí a la medicina para detectar enfermedades y mejorar tratamientos. Y así, en todas las actividades y ramas del saber. Por eso vamos a asistir a un frenesí de disrupciones que al gran público le van a aparecer hechos aislados y fortuitos, pero que en realidad son fruto de la convergencia tecnológica NBIC.

El deja vu de la Inteligencia Artificial.

Cuando entré por primera vez en Internet y comencé a usarlo, entendí que esa invención cambiaría el mundo por completo pese a lo burdo, lento y despojado de contenido que era. En aquellos años, los que fueron capaces de ver el invento en clave de posibilidades, construyeron ahí sus empresas, trabajos, relaciones, fortunas, y también sus fechorías; porque lo nuevo trae cosas buenas y malas, de la misma manera que la Inteligencia Artificial nos facilitará la vida en muchos dominios y también será utilizada por algunos para hacer el mal, pero quien se quede atrás corre el riesgo de convertirse en marginal e irrelevante. 

Cuando uno mira la revolución en ciernes de la Inteligencia Artificial y se asoma al nacimiento de Internet, tiene la sensación de haberlo vivido antes y encuentra ciertos patrones para sacarle partido a lo nuevo que viene. Y es que ambas revoluciones presentan similitudes, aunque insisto, la Inteligencia Artificial no deja de ser una tecnología más dentro de la efervescencia NBIC que acaba de asomar y cuyos saltos exponenciales vamos a experimentar en los próximos años.

Cómo empezar a crear nuestro nicho como ciudadanos de Extremadura en esta revolución.

Si tuviera la capacidad de convocatoria y el tiempo disponible  para hacerlo, estaría llamando a los responsables educativos, empresariales, de la salud, alcaldes, trabajadores, y sobre todo a los jóvenes… para codiseñar y coinventar ese futuro dentro de un proyecto colectivo e inclusivo. Porque la sociedad extremeña tiene que empezar a entender, hablar, pensar y actuar en estas claves si quiere ser un actor relevante en el mundo que viene. Y a hacerlo con sentido y criterio, creando redes mundiales y  conectándonos con equipos  internacionales que ya están en esta conversación, con grupos punteros de otras universidades del mundo, con mercados y clientes. Si esta región fue pionera en el siglo XV en la conquista de América y en el siglo XX fue referente en los primeros estadios de la Sociedad de la Información, ¿por qué no puede ser un referente en la revolución NBIC y de la Inteligencia Artificial?

A finales de la Edad Media tuvimos el impulso, el coraje y casi la temeridad de irnos a buscar nuevos mundos. Más recientemente, en el Siglo XX, no tuvimos otro remedio que contemplar como la mitad de nuestra población se veía obligada a buscar un futuro más allá de nuestras fronteras. Llevamos el emprendimiento y el coraje en nuestros genes. Fuimos conquistadores y ahora debemos perfilarnos como descubridores del mañana.

Afrontamos una carrera en la que no hay “pole position”. Todos formamos en la línea de salida a la misma altura, casi con los mismos vehículos, con idénticas vueltas por delante. En los boxes deben quedar la resignación y el conformismo que son sentimientos incompatibles con la nueva carga aerodinámica que requiere este bólido con el que viajar al futuro-presente.

¡Ojo! Todo esto no es una invitación a una fantasía, no se trata de pretender convertir a la región en el Silicon Valley de la tecnología emergente, se trata de ser interlocutores relevantes en ese nuevo mundo, tratando de acomodar lo más rápidamente sus avances a nuestras vidas y actividades para poder crear valor en lo que ya somos buenos y podemos llegar a ser excelentes (especialización inteligente, economía de la experiencia, energías renovables, economía verde y circular, economía plateada, economía naranja…). Una actitud más allá de las conversaciones infructuosas de barra de bar que son tiempo perdido.

En la realidad actual, para ser relevantes como individuos y comunidades hemos de estar observando permanentemente lo relevante para integrarlo en nuestras vidas, trabajos y actividades cotidianas. Pensando el futuro con ambición, abandonando nuestra actitud de espectadores para convertirnos en protagonistas en el nuevo tiempo.

Extremadura protagonizó muchas cosas importantes en la Sociedad de la Información, y posee el capital intelectual para volver a hacerlo en la revolución NBIC.

Recuerdo las reuniones de equipo para diseñar los proyectos de la Sociedad de la Información en la década de 1990 (Linex, Alfabetización Tecnológica, Red Educativa, Nuevos Centros del Conocimiento, Vivernet…) y la frenética actividad creativa que mantuvimos durante unos años para adentrarnos en una aventura nueva y desconocida, donde probábamos cosas y aprendíamos de los errores, tratando de esquivar las críticas y ataques sin piedad a diestro y siniestro.

De aquí conservo muchos aprendizajes (de las buenas y malas prácticas) que aún me son muy útiles para los trabajos de consultoría que lleva a cabo nuestro equipo con gobiernos y organizaciones. Porque, al final, cuando uno mira en perspectiva los cambios tecnológicos a lo largo de la historia, desde la industria lítica a los metales, desde la caza a la ganadería, desde la máquina de vapor al motor de explosión o desde el mundo analógico al digital; acaba descubriendo que los cambios trascendentales son cambios de prácticas culturales, es decir, están más en las personas que en las máquinas. Un aprendizaje valioso que se lo debo a Fernando Flores y su equipo.

Cuando hablamos, por ejemplo, de transformación digital, en realidad estamos hablando en un 90% de transformación entendida como una mutación mental y de conceptos y un 10% de digital, concebida como un relevo meramente tecnológico. O sea, que lo que necesitamos es una transformación metadigital, un cambio que va mucho más allá de integrar herramientas, canales y competencias digitales. Los cambios en el contexto se proyectan por encima de un ritmo exponencial de de desarrollo de la tecnología. Necesitamos un cambio actitudinal. 

Toda la tecnología que hemos creado y las revoluciones que han generado los cambios tecnológicos (y la Inteligencia Artificial producirá grandes convulsiones en los próximos años), es un proceso incremental que se ha ido construyendo a partir de piedras y palos, a medida que fue evolucionado una tecnología paralela, que es el instrumento más poderoso que tenemos (el lenguaje), pues es a través de él donde nos retamos, imaginamos, nos hacemos promesas, pedidos, ofertas, declaraciones, trabajamos en equipo, cooperamos y nos coordinamos.

La Revolución que se avecina incluye una vorágine de tecnologías de las cuales la Inteligencia Artificial es una más.

Aunque las tintas se están cargando ahora en la novedad de ChatGPT, que no es más que un hito en la progresión de la IA, pero que nos ha sorprendido por su aparición en un estado más avanzado del que muchos esperábamos, todo lo cual nos acorta los plazos y aclara el camino hacia la deseada singularidad tecnológica (momento en el que no distinguiremos si estamos hablando con una persona o una IA). Y todo ello en paralelo a la convergencia NBIC y la constelación de desarrollos en todos los campos (Big data, Machine learning, Realidad aumentada, Blockchain, Impresión 3D, Genómica, Fusión nuclear, Hidrógeno verde, Gemelos digitales, IoT, Metaverso, Superapps, Web 3.0, NFTs, DeFi, Automatización de procesos robóticos, Asistentes digitales con voz, Organizaciones híbridas, Travel tech…

Qué orientaciones nos da ChatGPT para las aplicaciones inmediatas de la IA en las que podríamos ponernos a trabajar ya desde Extremadura.

Esto, como botón de muestra nos dice:

  • Análisis de datos y toma de decisiones en finanzas y contabilidad.
  • Optimización de operaciones y logística en la industria manufacturera.
  • Predicción de tendencias y análisis de mercados.
  • Generación de contenido personalizado y análisis de consumidor en el marketing y la publicidad
  • Mejora de la experiencia del cliente y asistencia en el servicio al cliente en el sector de servicios.
  • Detección y prevención de fraudes en bancos y otras instituciones financieras.
  • Asistencia en el diagnóstico y tratamiento en el sector de la salud.
  • Mejora de la eficiencia y productividad en la agricultura y la ganadería.
  • Análisis de seguridad y prevención de accidentes en la industria de la aviación y la construcción.
  • Análisis de riesgos y gestión de seguros en el sector asegurador
  • Mejora de la calidad y la eficiencia en la energía y la minería.
  • Análisis y gestión del tráfico en el sector de transporte y logística.
  • Mejora de la eficiencia y la productividad en la industria de la construcción.
  • Análisis de tendencias y predicción de demanda en el sector de la alimentación y la bebida.
  • Optimización y personalización de la educación.

Y para tener otro botón de muestra para su aplicación en un sector clave de la economía extremeña:

  • Análisis de datos meteorológicos y de suelo para optimizar el uso de recursos y mejorar la eficiencia de las operaciones agrícolas.
  • Monitoreo y gestión de plagas y enfermedades en cultivos mediante el uso de tecnología de visión por computadora y sistemas de detección temprana.
  • Predicción del rendimiento de los cultivos mediante el uso de modelos de aprendizaje automático y análisis de datos históricos.
  • Asesoramiento y recomendaciones personalizadas para los agricultores basadas en el análisis de sus datos y las condiciones del suelo y del clima.
  • Optimización de la logística y la cadena de suministro en la agricultura mediante el uso de tecnologías de planificación y ruteo avanzadas…

Y todo esto no es más que el inicio, la irrupción de dispositivos inteligentes nos irá acercando poco a poco a la computación cuántica cuya potencia de cálculo será un trillón de veces superior a la que nos proporcionan los superordenadores avanzados, inaugurando la edad dorada de la IA.

Para sacar partido a la tecnología tenemos que centrarnos en el ser humano y las competencias blandas que no son tecnológicas.

Mi querido profesor Antonio Rodríguez de las Heras solía decir que las innovaciones ocurren más rápidas que las prácticas. Y en este momento hay un atasco (superabundancia) de innovaciones esperando a ser convertidas en artefactos y en tecnología para su uso masivo. Tenemos más innovación que capacidad de digerirla. Y esto por sí solo explica lo que vamos a ver en los próximos años. 

Ahora bien, tenemos que entender que un burro con Inteligencia Artificial, seguirá  siendo un burro en la era NBIC. Porque lo importante no es la tecnología que tengamos, sino la capacidad (competencias, habilidades destrezas) para hacer cosas bellas y buenas con la tecnología. De nada nos servirá tener Inteligencia Artificial si no sabemos lo que podemos hacer con ella. Más importante que la tecnología es desarrollar sentido y criterio para su uso. Curiosamente las competencias claves para el nuevo tiempo no serán las tecnológicas, sino las soft skills (genéricas), para lo cual hemos creado desde Emprendedorex el Modelo 6-9 cuya aplicación en la educación nos puede proporcionar una ventaja que nos ayude a adquirir esas competencias clave.

Cuando en la década de 1990 vimos las oportunidades que traía Internet, nos fascinó tanto la tecnología y nos enfocamos tanto en ella, que aunque entendimos la importancia del factor humano, quisimos quemar etapas demasiado rápido.  Pensamos que con poner ordenadores y conexiones a Internet, las personas se familiarizarían rápidamente con la tecnología y la sacarían todo el jugo, sin darnos cuenta que ni los ordenadores ni Internet formaban parte de las prácticas de los profesionales de la educación, la sanidad, los trabajadores públicos, las empresas o la ciudadanía en general. 

Es fundamental entender que la innovación es adoptada cuando tiene una parte de viejo que es reconocida por las personas y familiar en sus usos (prácticas de la gente), y una parte de nuevo (nuevas prácticas); porque lo nuevo nuevo no funciona al no estar en las tradiciones y los usos cotidianos.

En la surgencia de toda tecnología aparecen personas capaces de pensar en clave de posibilidades al ver aparecer lo nuevo (no creo en los visionarios), gente sensible ante lo relevante que emerge, de mente abierta y dispuesta a actuar. 

En los tiempos de cambio no sobreviven los más fuertes, sino los que mejor se adaptan.

En este momento las capacidades  para trabajar en equipo de manera coordinada y de pensar y actuar juntos (inteligencia colectiva), crear compromiso,  hacer promesas, pedidos y ofertas, aprender a lo largo de la vida y la adaptación al cambio, serán más importantes que el tamaño o el capital. En tiempos de cambio, hacer es más importante que  reflexionar. Un enemigo que deberemos vencer será la actitud conservadora y defensiva que nos arrastra a posponer nuestras decisiones hasta tener todas las respuestas a todas las preguntas, una práctica paralizante y contraproducente para los tiempos en los que vivimos, donde el conocimiento es menos importante (por accesible, abundante, barato y ubicuo) que la emoción, la innovación y la acción.

Los tiempos de cambio son tiempos de cambio de poder y la clave es conquistar los espacios de poder que quedan vacíos e inventar otros.

Y los cambios de tiempo crean el contexto para quienes tienen la valentía y el coraje de pisar terrenos que otros no han transitado, abrir caminos entre maleza. Eso ya lo hicimos en otros tiempos de la historia y podemos repetirlo ahora.

En los próximos años vamos a ver caer a grandes corporaciones por falta de adaptación, a la vez que emergerán de la nada nuevos líderes que serán capaces de ver el cambio abriéndose paso entre una larga lista de cadaveres y zombies desnortados, de la misma manera que vimos caer a gigantes como Kodak, World.com, General Motors o a muertos vivientes acomodados a los monopolios y las prebendas como Telefónica, convertidos en poco más que chicharros bursátiles que sobreviven  a duras penas con respiración asistida.

Una Estrategia y un plan de acción regional para avanzar a la Inteligencia Artificial y la revolución NBIC.

La apropiación de toda tecnología está regida por una serie de procesos similares a los esquemas de aprendizaje de Piaget (aceptación – asimilación – acomodación) hasta que llega otra tecnología diferente y se vuelve al círculo desde el conflicto – crisis. 

Ante la llegada de lo nuevo, la comunidad se divide en bloques antagónicos, un fenómeno que se manifiesta también en la fragmentación y polarización de fuerzas políticas en los parlamentos  y viene a reflejar las diferencias de ver el mundo en los tiempos reviueltos: refractarios al cambio, resistentes, reformistas y entusiastas. Y la tarea más fructífera ahora con la emergencia de la IA y resto de tecnologías NBIC sería diseñar una Estrategia para conciliar todas las posturas en torno a un plan de acción basada en las siguientes claves: 

  1. Captar, formar equipo con los Entusiastas y diseñar la hoja de ruta con ellos, atemperando sus ánimos porque ven el futuro y quieren materializarlo muy rápido sin darse cuenta que los demás tienen dificultades de aceptación – asimilación – acomodación.
  2. Integrar rápidamente a los Reformistas, es decir, dar protagonismo y apoyar en la práctica a los que están dispuestos a hacer algún cambio para adoptar las nuevas tecnologías a su contexto mediante el diseño de políticas públicas e incentivos ad hoc.
  3. Realizar una intensa labor pastoral y de alfabetización con los Resistentes, creando foros y haciéndoles parte del gran proyecto colectivo. Tras identificar y empoderar a los agentes del cambio hay que proporcionarles las herramientas para evangelizar sobre las transformaciones.
  4. Mandar mensajes de ánimo y llamadas a la integración a los Refractarios, a través de campañas de sensibilización. Dejando siempre abierta la puerta de un tren en marcha para que se suban, pero sin pararlo.

Una estrategia que suponga dar un gran salto adelante ha de venir marcada por un discurso institucional de liderazgo (sin liderazgo no hay proceso). Desde un liderazgo centralizado que deje espacios al surgimiento de otros liderazgos (sociales, culturales, empresariales…) y genere las máximas adhesiones de las fuerzas políticas, las instituciones, las organizaciones sociales y las fuerzas vivas, haciendo los esfuerzos por identificar e integrar a los líderes sociales y de opinión de ámbito regional, nacional e internacional. Un liderazgo transformacional que no busque feligreses, sino reproducir líderes (el liderazgo total no es acaparar poder sino repartirlo) y hacer de cada ciudadano un líder de sí mismo. 

Y a partir de aquí diseñar un plan de acción en torno a un calendario y hoja de ruta con acciones concretas, con indicadores de resultados claros que permitan una evaluación del proceso. Un plan de acción conectado con el resto de políticas y programas de gobierno que configuren un ecosistema propicio para que arraiguen los nuevos proyectos promovidos por la iniciativa pública y privada. Un plan flexible capaz de revisarse y reformularse de manera permanente..

El plan de acción ha de ser concreto, con medidas y acciones en todas las áreas de gobierno (educación, agricultura, industria, comercio, turismo…). Y todo esto necesita un liderazgo que ponga las luces largas en el futuro, con un discurso claro que traslade a la ciudadanía la emoción de vivir este momento histórico y la voluntad de salir más reforzados y cohesionados como sociedad. Un nuevo relato que siembre en nuestro imaginario la idea de hacer algo grande juntos, que nos ayude a desarrollar sentido y criterio, que nos marque el rumbo y ponga las bases de un proceso de colaboración masiva basado en la inteligencia colectiva.

Acomodar nuestras actividades en el nuevo nido de la Inteligencia Artificial.

Esa es la clave, cómo poder responder a las inquietudes de las personas que nos comenzaremos  a preguntar en estos momentos: ¿Qué papel puedo jugar en este nuevo escenario? ¿Qué tengo que aprender? ¿Cómo aplicarlo a mi trabajo? ¿Qué ofertas nuevas puedo inventar?… Todo este trabajo hay que comenzarlo ahora, promoviendo comunidades de aprendizaje, trabajando con el profesorado, los representantes de las empresas y los trabajadores, los empleados públicos… Si hacemos bien este trabajo estaremos sentando las bases para surfear el tsunami que viene y sacarle partido.

Como he expresado con anterioridad, la Inteligencia Artificial va a provocar un cambio de poder a escala global, generará muchos cadáveres entre los resistentes, nuevos campeones entre los entusiastas y nuevos nichos de poder.  Será también un momento propicio para el desarrollo de poder personal de los individuos  de mente abierta y capaces de pensar en clave de oportunidades, a la vez que generará un profundo desasosiego en quienes están instalados en la resignación y  esquemas mentales rígidos.

La Inteligencia Artificial no es cosa de tecnólogos, es un recurso como Internet al que puede sacar partido cualquier ciudadano.

Tenemos que sacarnos de la cabeza que la Inteligencia Artificial y la constelación de tecnologías que vienen fruto de la convergencia NBIC, son solo cosas de tecnólogos, igual que Internet no es solo para los programadores. Son tecnologías para el uso y disfrute de todos a las que tenemos que encontrar acomodo en nuestras vidas para crear riqueza, tener trabajos más cualificados y ser más creativos, innovadores, emprendedores y líderes, y sobre todo, más felices.

Estamos acercándonos a una edad dorada para el tecnohumanismo.

Tendremos que aprender a trabajar , aprender y colaborar con las máquinas, a conversar y a desarrollar empatía e intimidad. Disciplinas  olvidadas en el tiempo como la mayeutica (aprender en la conversación desde la formación de preguntas), o la hermenéutica (a interpretarnos e interpretar mensajes e información nueva), volverán a cobrar importancia para aprender a conversar con la Inteligencia Artificial y sacarle todo el partido. Corrientes de la filosofía, como la filosofía del lenguaje y los actos del habla serán claves en los próximos años. ¡Qué divertido se pone el futuro!

Lo que me preocupa en este momento, como a todos ustedes, es cómo mostrar las oportunidades que vienen a mis hijas, compañeros de trabajo, amigos y a mi comunidad, porque más importante  que el conocimiento de la tecnología es aprender a crear valor con ella, igual que hoy todos sabemos sacar partido a nuestro automóvil sin necesidad de aprender la mecánica del motor de explosión. La  actitud que vamos a adoptar ante esa tecnología va a condicionar por completo el futuro de nuestras vidas y de las nuevas generaciones, para lo que propongo un nuevo ideario basado en el humanismo tecno-optimista.

En los próximos años debemos entrenar nuestra mente para ver posibilidades donde otros solo ven problemas, abandonar la queja y la crítica fácil, para centrarnos en lo importante: escuchar lo que acontece, mirar las tendencias, recrear escenarios plausibles, hacernos cargo de las preocupaciones de la gente, comprometernos con los grandes desafíos (contaminación, cambio climático, salud…), crear nuevas ofertas,crear equipos, trabajar juntos, abrirnos a otras personas de otros lugares… 

Tenemos que descubrir lo que hace genuino a Sapiens, ese espíritu inquieto y abierto de mente que es capaz de imaginar un bifaz en el corazón de un canto rodado, un cuchillo en una lasca de silex o la figura de David dentro de un bloque frío e informe de mármol.  Si ellos fueron capaces de generar tanto valor de una piedra, cómo no vamos nosotros a hacer cosas maravillosas con unos recursos enormemente más poderosos que ponen en nuestras manos las tecnologías de la Inteligencia Artificial y la convergencia NBIC. 

Para nosotros, en este momento, es un imperativo ético aprovechar todas estas oportunidades descomunales que tenemos a nuestro alcance, es algo que  debemos a nuestros antepasados y un compromiso para entregar lo mejor de nosotros mismos a las futuras Se lo debemos a nuestros antecesores y nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos a las futuras generaciones.

No es tiempo para debates estériles, es tiempo para vivir grandes aventuras, para colaborar y cooperar. No es tiempo de verlas venir. Es tiempo para personas y comunidades audaces. No es tiempo de reflexión, es tiempo de acción.  

Este artículo cuenta con muchos aportes de Urbano García a través de conversaciones y reflexiones compartidas en los últimos años, uniéndonos el amor y la pasión por Extremadura, por lo que le estamos profundamente agradecidos.

Adelante!!!

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1 comentario en “El papel de Extremadura en la revolución de la Inteligencia Artificial. Una estrategia para hacerlo.

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