Aprender a mirar el cambio histórico para poder avizorar las tendencias del futuro.

Cómo ocurren los cambios históricos.

Conocer la Historia es muy útil porque si aprendemos a leer sus procesos podemos interpretar por dónde apuntará el futuro que se avecina en la era de la Inteligencia Artificial y la Cuarta Revolución Industrial. Entender los patrones del cambio histórico y anticipar algunos de sus rasgos nos puede dar una gran ventaja para ser más exitosos en nuestras actividades, trabajos y profesiones. Y para todo esto te voy a mostrar una forma nueva de ver la Historia, más allá de los datos y las fechas, las vidas de héroes y santos, los reyes godos, la cultura achelense o las guerras púnicas. Lo más importante en estos momentos es tener una interpretación sobre el fluir de los acontecimientos, la obsolescencia y la emergencia de las disrupciones para conocer su inercia y poder avizorar tendencias y plantear escenarios de futuro.

Hasta ahora la Historia y su estudio ha sido como una “disciplina tonta” para eruditos acomodados que se han dedicado a glosar, documentar e interpretar los acontecimientos pretéritos. Pero la Historia tiene otra vertiente mucho más valiosa que no se estudia en las facultades y nos da las claves para posicionarnos y sacar ventaja al futuro. Desde esta lógica te vamos a mostrar una versión práctica y distinta de la Historia que te será mucho más útil para tu vida.

Heráclito y Confucio ya descubrieron que la vida era devenir y cambio, y no se asustaron.

Aunque ambos vivieron espacialmente distantes, fueron coetáneos. Y aunque nos enseñaron que todo es tránsito, ¡qué poco caso les hemos hecho!

Aceptar de una vez que tenemos que encontrar nuestro nicho en el cambio nos puede ahorrar muchos disgustos y abrirnos a posibilidades.

Tesis – antítesis – síntesis como procesos que explican el cambio.

La dialéctica de Hegel nos dio la clave para entender el cambio y desdoblar sus procesos. Todo cambia cuando a una realidad (tesis), se le opone otra (antítesis), de la cual surge una tercera (síntesis), que a su vez se convierte en tesis y vuelta a empezar.

Aceptando que lo que damos por permanente en nuestra vida, vendrá una situación que lo enfrente y nos situará ante una nueva realidad.

Sin embargo es posible encontrar patrones en el cambio, porque hay movimientos cíclicos de fondo en la Historia.

El irrepetible Eugenio d’Ors nos descubre con clarividencia la circularidad de las tendencias que se reflejan en el arte y sus estilos (preclásico – clásico – barroco – rococó). También, Polibio nos mostró una secuencia cíclica en la política (monarquía – tiranía – aristocracia – oligarquía – democracia – oclocracia).

Todo esto nos concede una ventaja al observar cuando un ciclo se agota y emerge otro, evitando agarrarnos a lo viejo y abrazando lo nuevo.

En la Historia de una comunidad siempre hay una intrahistoria que permanece.

Unamuno nos muestra cómo hay una tradición de fondo en las comunidades que pervive por largo tiempo, conviviendo con los “cambios históricos de decorado”. Fernando Flores nos revela al ser humano como “ser histórico” configurado y atrapado en una tradición que no eligió.

Aprender a interpretar el ethos, el ser que permanece en los cambios nos da una tremenda ventaja al poder ofrecer cosas a los demás que encajen con sus gustos (tradición).

El cambio trastoca las relaciones de poder.

Marx nos enseñó que cuando hay un cambio en la infraestructura (tecnología, fuerzas productivas, relaciones laborales), debe haber un ajuste en la superestructura (estructura jurídica, política, religiosa), de lo contrario se producen crisis de gran calado, justo lo que está ocurriendo ahora.

En todo cambio histórico hay un movimiento tectónico en las estructuras de poder. Poderes que se desmoronan y dejan huecos vacíos de poder en todas las facetas de la vida (política, social, económica, laboral, empresarial…).

El desarrollar sensibilidad para ver el cambio histórico nos permite tomar posición en la superestructura y crear nuestros propios espacios de poder, ocupar los que quedan vacíos o disputarlo a los más atolondrados.

Hemos entrado en un estado de concentración y agitación que produce aceleración.

Los avances científicos generan una concentración y aceleración en la tecnología (convergencia NBIC) que hacen que el futuro se precipite, un proceso que camina en paralelo al crecimiento demográfico, concentración en megalópolis y la conectividad universal. Un contexto de concentración y agitación tal y como lo definió Antonio Rodríguez de las Heras.

El sentido del ser humano en relación con la Historia y la Filosofía es convertirse en actor y protagonista del cambio.

La clave de esto nos la vuelve a dar Marx en su tesis 11 sobre Feuerbach: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

El cambio que representa la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial, no está ahí para que lo alabemos o critiquemos, está para que lo protagonicemos y lideremos, para que seamos actores y artífices del mismo en lugar de espectadores.

Los principios que rigen en el universo y tienen su reflejo en la Historia.

El Kybalión nos ofrece una serie de principios que pueden ayudarnos a entender las reglas de fondo que actúan en todos los planos de la realidad (incluidas las comunidades humanas): mentalismo (todo es mente, el universo es mente); correspondencia (como es arriba, es abajo, como es adentro es afuera); vibración (nada está inmóvil, todo se mueve) todo vibra; ritmo (todo fluye y refluye); causa y efecto (toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa).

El relato como fuente de creación de futuro.

Harari nos enseñó algo que muchos intuíamos hace décadas: el futuro lo creamos en torno a la construcción de cuentos (ficciones) sobre cosas que no existen, generando procesos de cooperación masiva en torno a esos relatos. Todo nuestro mundo está construido en torno a esas ficciones (dinero, religiones, empresas…). Y todo esto ocurre porque el ser humano es el único animal que cree en cosas que no existen.

Desde esta apropiación podemos inventar poderosos relatos que den sentido a la vida de la gente y convertirnos en creadores de futuro y hacedores de la Historia.

¿Pero, cómo podemos transformar el mundo y convertirnos en actores del cambio y constructores del futuro?

Lo dicho hasta ahora está muy bien como teoría del cambio, pero no nos aporta las herramientas esenciales para que cualquier ciudadano se convierta en creador de Historia, constructor de futuro y actor práctico del cambio.

Será la filosofía del lenguaje y la teoría de los actos del habla con Austin y Searle la que nos provea de la capacidad transformadora del ser humano a través de la función de manejar juicios, afirmaciones, declaraciones, pedidos y promesas. Y sobre todo de Fernando Flores que es el filósofo que nos ha dotado de una pragmática universal para crear riqueza y valor con los actos del habla en todas las facetas de nuestra vida. Parafraseando a Fernando Flores sobre los actos del habla, las conversaciones nos traen futuros a la mano.

Desde Emprendedorex, sobre las citadas bases hemos desarrollado el Modelo 6-9 que nos permite entrenar a las personas y organizaciones en las 15 competencias para liderar el cambio y convertirnos en innovadores, emprendedores y líderes.

El principal objetivo de estudiar Historia es tener pistas para saber por dónde va el futuro.

Cuando estudié la carrera de Historia no tuve un expediente brillante porque no me interesó la memorización de fechas, datos y acontecimientos. Estaba buscando cómo ocurre el cambio histórico, un trabajo que inicié hace 40 años y que está inconcluso, ocupándonos al equipo de Emprendedorex tiempo y dedicación cada día para reunir las piezas de tan complejo puzzle, lo que nos obliga a recurrir a diferentes disciplinas del saber (filosofía, historia, psicología, sociología, antropología, física…) desde un enfoque holístico y una intención pragmática para su aplicación práctica a la educación, el liderazgo, el management, la planeación estratégica y la consultoría en general. Por eso queremos compartir con los lectores de nuestro blog esta visión, de cara a que lo podáis aplicar a vuestras empresas, trabajos y actividades.

La aceleración del tiempo histórico en el que vivimos.

La Historia es como una partida de billar donde el tablero se hace cada vez más grande, se introducen paulatinamente más bolas, y se mueven cada vez a más velocidad y con mayor violencia. Si hace unas décadas podíamos prever algunas carambolas, hoy el ejercicio es mucho más complejo porque la aceleración rompe las previsiones y los planes, generando movimientos y disposición de las bolas completamente inéditos e imprevisibles.

Ante esta situación, muchas personas y organizaciones permanecen atónitas y superadas por los acontecimientos, sin capacidad de reacción para fluir con el cambio, mientras reivindican una “vuelta a la normalidad” que nunca tornará. El ejercicio más práctico es aprender a mirar cómo ocurre el cambio histórico para encontrar acomodo en un futuro que ya es presente. En este momento no podemos preguntar al pasado para tomar decisiones de futuro, sino desarrollar una mirada de perspectiva, observar tendencias y patrones para auxiliarnos en nuestro avance.

El final del racionalismo cartesiano.

La Historia no es un proceso mecánico, de serlo, podríamos anticipar el futuro desde un modelo. Para abordar las complejidades del presente ya no podemos recurrir a Descartes, sin desmerecer el gran aporte que realizó a la civilización y al progreso humano. Pero hoy estamos en un cambio de paradigma superador del racionalismo y el mecanicismo, porque el futuro lo construimos las personas subidas a una locomotora que cada día está más desbocada. Y las personas estamos hechas de emociones, y desde ahí tomamos nuestras decisiones.

Si aprendemos a ver y a entender la emergencia de la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial desde esta mirada, tenemos la posibilidad de convertirnos en actores y constructores de nuestro destino a medida que entendamos que nuestro mundo conocido (trabajos, ocupaciones, seguridades) se muere, si no está muerto ya. Como dice Urbano García, el problema que tienen muchas organizaciones es que están muertas aunque no lo saben, o cambiamos o nos cambian, o te aclimatas o te “aclimueres”.

Sacar el jugo a la Historia te da una gran ventaja, pero hay que acercarse a ella de otra manera, con la intención de habitar y colonizar el futuro. El tiempo que he dedicado al estudio de la Historia ha sido el que mejor he rentabilizado y monetizado en mi vida y, sobre todo, desde la apropiación de la filosofía del lenguaje aplicada a la acción, entendiendo que el futuro que surgirá mañana está gestándose en las promesas, pedidos, declaraciones, afirmaciones y juicios que nos estamos haciendo hoy. Y que esa es la piedra filosofal que tiene a su alcance cualquier ser humano para ser artífice y constructor del futuro. 

El futuro lo creamos con las piezas del presente, mirando lo emergente, lo relevante, dando sentido a lo que acontece, creando relatos, haciendo promesas significativas para los demás y creando comunidad.

Crear relatos significativos es otra manera de construir futuro subiéndonos a lomos de la utopía para lograr la profecía autocumplida, algo que hacen a la perfección los que mercadean con patrias, cielos y paraísos.

Si queremos sacar partido a lo que viene necesitamos esta mirada histórica, que es lo que nuestros jóvenes deberían estar estudiando en los colegios, institutos y universidades para convertirse en dueños de su destino.

Adelante!!!

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