El factor clave para enfrentar el reto demográfico son los líderes y lideresas.

El liderazgo es más importante aún que el capital o las infraestructuras para mantener vivos los pueblos. Podemos inyectar recursos de todo tipo en un territorio y no conseguir los efectos deseados, sin embargo el liderazgo es capaz de orquestar estados de ánimo, movilizar a las personas, coordinar acciones en torno a un propósito y atraer recursos e inversiones. Si queremos trabajar de manera efectiva en el reto demográfico lo primero que tenemos que hacer es cuidar a los/as líderes que ya están sobre el terreno, y luego, reproducir otros nuevos a través de procesos de capacitación, entrenamiento y mentorización.

El factor crítico que mueve a una comunidad es el liderazgo, y este intangible pasa desapercibido en los análisis que se realizan en torno a la lucha contra el despoblamiento, mientras se cargan las tintas en los factores materiales como las infraestructuras o el capital. Te voy a mostrar esto con 3 ejemplos.

Alberto Buj. Hace 7 años se asentó en un pueblo de poco más de setenta habitantes llamado Benquerencia (Cáceres), rápidamente descubrió sus encantos y comenzó a dinamizar la vida económica y social del municipio. Su visión global del mundo (Gerente de una multinacional) le permitió ver un paraíso donde los demás solo veían despoblación, decadencia y ruinas. A partir de ahí observó que en los municipios de menos de cien habitantes se encontraba todo un reservorio de autenticidad y creó la Red Internacional de Lugares Especiales de menos de 100 habitantes, un proyecto para conectar los pueblos pequeños con encanto del mundo y convertirlos en un destino turístico y de inversiones.

José Vicente Granado. Ex-Alcalde de Pescueza (Cáceres), propuso vitalizar su pueblo empezando por crear un festival de música, me contó que le dijeron que eso era muy difícil, y eso no se le puede decir a una persona con liderazgo porque acaba haciéndolo, así inventaron el Festivalino y pusieron al pueblo en el mapa musical y cultural nacional. Después convirtió la peor amenaza del mundo rural (el envejecimiento) en un motor económico, rompiendo el modelo tradicional de residencia de ancianos e inventando otro mucho más humano (pueblo-residencia).

Fernando Pulido. Director del proyecto Mosaico Gata-Hurdes y Profesor de la Universidad de Extremadura, podría tener una vida plácida inmerso en sus clases, pero su compromiso radical con el mundo rural le llevó a meterse en problemas para solucionárselos a los demás, convirtiendo la amenaza que asola los espacios forestales (incendios) en una oportunidad, movilizando a todo un territorio y sus gentes para proteger el medio ambiente y activar la vida económica y social de la zona.

Los tres tienen un ADN común, comparten una visión abierta del mundo, ven posibilidades donde los demás solo ven problemas, no se quedan en los diagnósticos, se dan permiso para actuar, son incompatibles con la resignación, piensan en grande, persiguen un sueño y trabajan de manera incansable para hacerlo realidad. Y lo bueno de todo es que no son una rareza, hay muchos y muchas más que hacen su labor desde el anonimato. Ellos y ellas son el capital crítico para activar nuestros pueblos, por eso hay que poner en valor su trabajo y generar estímulos para que más personas se atrevan a tomar iniciativas y dar un paso al frente.

El valor del liderazgo es incalculable e insustituible porque movilizar recursos es fácil, lo difícil es hacerse cargo del estado de ánimo de una comunidad de personas que no ven posibilidades de futuro y cambiarlo. Lo que ellos hacen es una movilización cultural en comunidades que están paralizadas por un sentimiento histórico de resignación. 

La primera tarea del liderazgo es abrir el horizonte de posibilidades a las personas (enseñar a ver los problemas en clave de oportunidades), solo desde ahí se puede cambiar y orquestar un estado de ánimo positivo al iluminar el camino de lo que pueden lograr juntas.
En la lucha contra el despoblamiento, como en cualquier otra empresa, las personas son el único bien imprescindible, y sobre todo las que tienen el coraje de ponerse al frente de situaciones difíciles. La vida puede seguir sin ellas pero es peor vida.

Si un pueblo no tiene un proyecto compartido y personas dispuestas a hacerse cargo de dinamizarlo, de nada sirve inyectar capital, construir infraestructuras o crear puestos de trabajo temporal a golpes de talonario, porque todo ello se diluirá si no hay liderazgo.

Alberto, José Vicente, Fernando, como otros líderes anónimos no son proclives a los discursos, las cátedras ni las tribunas. No se arredran ante los relatos catastrofistas o derrotistas. Retan cada día a la tradición y no escuchan a quienes les dicen que es imposible. Tienen la fortaleza emocional y la convicción para actuar, aún sabiendo que cada día cometen errores. Ellos son capaces de unir a la gente en torno a un propósito, sin apelar a las identidades ni preguntar a las personas de dónde vienen, simplemente convocan a la acción y no luchan para ser los primeros, son los primeros en luchar. Y en el camino sufren reveses pero se vuelven a levantar dejando su huella indeleble en la construcción de un legado para sus comunidades.

Los tres pudieron sucumbir (me consta) a las voces que les dicen cada día: es muy difícil, fracasarás, otros ya lo intentaron, necesitas saber más, eres muy viejo, eres muy joven… Pero su decisión es inquebrantable.

Es posible que sus proyectos sufran reveses, e incluso que no lleguen a buen puerto, pero con su presencia está garantizado que volverán a descubrir nuevas posibilidades y a trabajar para convertirlas en realidades.

Por todos estos motivos, si queremos revivir el medio rural, precisamos crear un tejido de líderes sobre el territorio, una tarea que implica identificar y conectar a los/as que ya están en activo, animar a los que están a punto de dar el salto y crear una cantera dispuesta a saltar al terreno de juego mediante un proceso de capacitación “ad hoc”. Solo desde ese esquema y con un plan bien trazado podemos comenzar a dar la vuelta a la situación de un mundo que agoniza.

El liderazgo se puede cultivar, y por eso estamos conminados a capacitar y entrenar nuevos líderes desde un enfoque y un método completamente nuevos a los programas infructuosos que se han llevado a cabo hasta ahora desde las administraciones y universidades. 
Salvar el mundo rural es una labor titánica en una civilización que se urbaniza a pasos agigantados, para eso necesitamos una movilización cultural que no es posible sin una red activa de líderes, una tarea de ingeniería social sin la cual tendrán pocos efectos las inversiones materiales en infraestructuras, tecnología o transferencia de capital.

Aunque el potencial endógeno está ahí (producción de alimentos, recursos ambientales, patrimonio cultural) y las posibilidades parecen accesibles para todo el mundo, sin un liderazgo que las movilice no producirán valor. Si el liderazgo aparece, automáticamente se crean las condiciones para que se hagan presentes las personas creativas, innovadoras y emprendedoras con sus iniciativas. Detrás de los proyectos citados surgen nuevas empresas, empleos, inversiones y movimientos sociales. El liderazgo pone los cimientos del ecosistema social necesario para iniciar un proceso de desarrollo capaz de generar una masa crítica a partir de una población mínima dispersa en un territorio extenso.

Si soslayamos el papel del liderazgo y nos centramos únicamente en las  inversiones materiales (polígonos industriales, banda ancha, carretereras, conexión ferroviaria), la prosperidad no está garantizada como lo estaba en el pasado porque las reglas que rigen en la economía han cambiado. La riqueza de las naciones en la Cuarta Revolución Industrial está asociada a los intangibles como el talento, la creatividad, la innovación, el emprendimiento y el liderazgo. Y esto no quiere decir que el mundo rural no precise de inversiones, que las necesita en grandes cantidades, y además es una cuestión de justicia.

El liderazgo es el motor que activa las comunidades, transforma el estado de ánimo, inspira y moviliza. “Donde no hay visión la gente perece” (La Biblia). Al final, todo se levanta con el liderazgo, o se frena por su ausencia.

La lucha contra el despoblamiento es un desafío tan grande que precisa una acción coordinada de esfuerzos y compromisos (político, económico, social, educativo), así como una serie de ejes de intervención: inversiones (infraestructuras, comunicaciones, movilidad, trato fiscal diferencial), política migratoria, movilización del ahorro, activación de los recursos endógenos (transformación agroindustrial, movilización del capital natural…). Pero el factor más determinante es la presencia de líderes, y para ello tenemos que poner en valor los que hay y ejecutar un plan para fabricar más.

Donde hay liderazgo la vida florece.

Adelante!!!

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2 comentarios en “El factor clave para enfrentar el reto demográfico son los líderes y lideresas.

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