La emergencia de la Inteligencia Artificial y la Cuarta Revolución Industrial nos obliga a repensar, rediseñar y resignificar nuestras organizaciones tradicionales y, por consiguiente, nuestros estilos de dirección y liderazgo. Quien piense que nuestras instituciones, empresas y organizaciones van a seguir operando sin hacer cambios en sus modelos de gobernanza, está abocado al fracaso.
Conocer la Historia es muy útil porque si aprendemos a leer sus procesos podemos interpretar por dónde apuntará el futuro que se avecina en la era de la Inteligencia Artificial y la Cuarta Revolución Industrial. Entender los patrones del cambio histórico y anticipar algunos de sus rasgos nos puede dar una gran ventaja para ser más exitosos en nuestras actividades, trabajos y profesiones. Y para todo esto te voy a mostrar una forma nueva de ver la Historia, más allá de los datos y las fechas, las vidas de héroes y santos, los reyes godos, la cultura achelense o las guerras púnicas. Lo más importante en estos momentos es tener una interpretación sobre el fluir de los acontecimientos, la obsolescencia y la emergencia de las disrupciones para conocer su inercia y poder avizorar tendencias y plantear escenarios de futuro.
Cuando termina un año y empieza otro se analizan las tendencias que marcarán la tecnología, la economía o el consumo en el próximo año. Y rara vez se hace una proyección sobre los aprendizajes, conocimientos, habilidades y competencias que serán claves en el futuro, como si siempre tuviéramos que aprender las mismas cosas sin necesidad de hacer una revisión para adaptarnos a los nuevos contextos tecnológicos, económicos, sociales y laborales.
Cuando el mundo cambia (y en estos momentos estamos experimentando una revolución tecnológica sin precedentes), tenemos que actualizar nuestros aprendizajes. Y aquí va nuestra propuesta para los conocimientos que marcarán tendencia.
Si los gobiernos, los parlamentos, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales y sociales fueran conscientes de la revolución tecnológica que se está gestando, se dejarían de un lado las discusiones bizantinas en las que estamos inmersos y nos centraríamos en lo importante, es decir, en cómo sacamos partido a las enormes posibilidades que se abren en lugar de instalarnos en la queja y la crítica improductiva. Más allá del efecto mediático de la aparición de ChatGPT, la Inteligencia Artificial y la constelación de tecnologías que están surgiendo de la convergencia tecnológica NBIC van a cambiar nuestro mundo en los próximos años, impactando en todas nuestras actividades. Por ese motivo, Extremadura podría significarse en el nuevo escenario y jugar un papel relevante, como ya lo hizo en los inicios de la revolución de la Sociedad de la Información.
En este momento, más importante que la fascinación que produce una tecnología en pañales que inaugura la irrupción de la Inteligencia Artificial y su popularización entre el gran público, es crear las condiciones para aprovechar sus ventajas en la educación, el empleo, la salud, el ocio, la agricultura, la ganadería y resto de nuestras actividades. En esta senda, es muy importante que como región nos hagamos estas preguntas: ¿Quiénes somos? ¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué podemos ofrecer al mundo? ¿Cuál es el valor diferencial que nos distingue y nos permite ser atractivos a ojos de los demás?
Dos astrónomos descubren que un meteorito va a chocar con la Tierra. Ante la inminencia del impacto y la destrucción total, las autoridades optan por pedir a la gente que ignore la catástrofe y no mire al firmamento. Este argumento de la película “¡No mires arriba!”, aunque parodia sutil no es sino símil de lo que está ocurriendo en el final de este 2022 ante los avances de la llegada de la Cuarta Revolución Industrial (sobre todo en inteligencia artificial o robótica).
Es justo ahora, en plena “IARRUPCIÓN” cuando instituciones educativas, viejas corporaciones y refractarios al cambio nos piden que demos la espalda a este tsunami, sigamos remando en nuestra pequeña barca analógica de remos, desechemos los utensilios digitales y neguemos la evidencia de lo que se avecina.