Todo está por hacer, todo está por inventar, en tu decisión está convertir tu vida una obra de arte o en una copia barata. En un mundo que ha cambiado y ha roto sus reglas, necesitamos encontrar un nuevo sentido común para poder conducirnos.
Si no persigues tus sueños, deberás aceptar la condena de trabajar para hacer realidad los sueños de otros.
Seguro que estás pensando que me voy a referir al manejo de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial (big data, inteligencia artificial, robótica, fabricación aditiva, realidad aumentada, blockchain…), pues no. Te voy a mostrar, a mi entender, cuales son los saberes para vivir en este mundo convulso de la disrupción tecnológica, y ninguno de ellos tiene que ver con la tecnología.
Buena parte de los esfuerzos de la civilización, las expresiones creativas, la industria y las actividades de las empresas están orientados a fabricar deseos para las personas en forma de experiencias nuevas. Por ese motivo es muy importante entender la fuerza del deseo como fuente de creación de valor, un hecho que ha pasado desapercibido pero que tiene una implicación crucial en el desarrollo de la creatividad, la innovación, el emprendimiento, el liderazgo y el talento. ¡Vamos a verlo!
Todos tenemos en nuestro interior un niño, un adolescente y un padre (o una niña, una adolescente y una madre). Sin ser conscientes, cuando hablamos o actuamos lo estamos haciendo desde uno de estos tres registros, cuya gestión determina nuestro equilibro personal, relaciones,resultados, talento, identidad, reputación, influencia, creatividad, innovación, emprendimiento y liderazgo. Vamos a descubrir las funciones del Yo y aprender a manejarlas para alcanzar nuestro máximo desempeño.
La figura de padre / madre, adolescente, niño / niña, no son uniformes, sino que adquieren diferentes categorías, pero para resumirlo, podemos hablar de un padre gentil o severo, un adolescente responsable o rebelde, y un niño extrovertido o retraído.
Cuando el dios Kairós invade el espacio de Cronos.
Cuando era joven mi madre no se cansaba de decirme que aprovechase bien el tiempo y disfrutase de la vida, porque cuando comenzase a hacerme viejo, el tiempo pasaría mucho más rápido y se me escaparía entre los dedos. Como en tantas otras cosas, mi madre tenía razón, el tiempo no es lineal, depende de cómo nos relacionemos con él y el significado y valor que le otorguemos.