Si volviera a empezar.

No volvería a decir: soy muy joven o soy muy viejo, ya no puedo y aquí me quedo; me daría permiso para perseguir mis sueños; no me permitiría ni una sola excusa, no esperaría cada día a que las musas viniesen, saldría a su encuentro cada mañana y las invitaría a quedarse. Me alejaría de la gente y los lugares tóxicos donde brota el sufrimiento, la resignación y el resentimiento; cicatrizaría las heridas del pasado y desde la confianza te invitaría a pensar en el futuro.

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Si volviera a empezar dedicaría más tiempo a escucharte y menos a hablar, hablaría sólo cuando mis palabras fueran más poderosas que mi silencio. No rompería puentes y abriría vías; te aceptaría como eres y desde la divergencia, el respeto y la sinceridad, te invitaría a explorar senderos.

Si volviera a empezar no me avergonzaría de mis sueños y aprendería a imaginarlos en grande, a declararlos al mundo y a reunir todas mis fuerzas para hacerlos realidad; aprendería a decir sí y a comprometerme contigo, a decir no y asumir las consecuencias, a decir “no sé” para poder aprender sin miedo a parecer ignorante, a perdonarme y perdonarte, a decir qué importante eres para mí y te quiero, a dar los buenos días y sonreír a conocidos y desconocidos, a dar las gracias cada día por compartir juntos este regalo que es la vida.

Si volviera a empezar haría promesas cada día a otras personas, con el regalo sorpresa de entregar más de lo que esperan de mí, intentaría anticiparme a sus necesidades y satisfacer sus deseos; también aprendería a pedir que hicieran cosas por mí. En una transacción justa y satisfactoria inventaríamos nuevas posibilidades; te propondría que nos hiciésemos cargo de grandes desafíos, que mirásemos con alegría a los problemas y los abordásemos como oportunidades; no esperaría a que las cosas ocurriesen, me ocuparía en que ocurrieran, a ser una oferta para los demás y para el mundo. Me preocuparía menos y me ocuparía más.

Si volviera a empezar no volvería a hacer juicios malintencionados, me libraría de los prejuicios, de herir gratuitamente, de afirmar verazmente, de distinguir una afirmación de un juicio como a mí me lo enseñó Fernando Flores; de aprender que ahí reside gran parte de los conflictos y el sufrimiento humano; de entender que gran parte de nuestras peleas están en los prejuicios; aprendería a tomar decisiones y a hacerlo en juicios fundados.

Si volviera a empezar cada día trabajaría en mi catedral, me despertaría cada mañana con un fin en mi mente, cada uno de mis actos tendría un sentido y un criterio, me quejaría menos, en cada esfuerzo y tarea ingrata pensaría en la obra terminada; aprendería a dirigirme antes de hacerlo con otros, a ser el primero en luchar, a dar ejemplo, a mantener la palabra dada, a ser fiel, a actuar conforme a mis principios aunque lesionasen mis intereses.

Si volviera a empezar viviría menos en el pasado y disfrutaría más del presente pensando en el futuro, imaginaria mundos donde tuviera cabida mucha gente y convocaría con todas mis fuerzas a mi gente para construirlos. Pondría el foco en lo que nos une, abandonaría las trincheras y las fidelidades perrunas; te emocionaría con el relato de lo que podemos hacer y ser juntos; sembraría la pasión de traer futuros al presente  y te entregaría las herramientas universales para hacerlo (escuchar, prometer, pedir, ofertar, declarar, afirmar, dirigir, coordinar, planear, emocionar…).

Si volviera a empezar me vería como soy, imperfecto e inacabado; aprendería a reírme más veces de mí mismo y de mi insultante levedad, rebajando mi arrogancia y egoísmo. Y sin caer en la resignación, valoraría más a los demás; aprendería que un hombre solo, sólo es un hombre, a crear afectos y causas contigo, a cambiar el yo por el nosotros.

Si volviera a empezar, aprendería a dirigirme, luego a crear equipos, a retar a las tradiciones, a forjar destinos, a no volver a decir nunca:” yo soy así, así son las cosas, así es y será siempre”.

Si volviera a empezar no lastimaría, conocería las fuentes del sufrimiento humano, viajaría a las profundidades de mi ser para enfrentarme cara a cara con el miedo, la envidia, la resignación y el resentimiento. Trabajaría para reconocer mis emociones y manejarlas, para crear una fortaleza emocional, para no caer en los efectos narcotizantes del éxito ni en la derrota por el fracaso; para no quedarme impasible ante la injusticia, para ser una persona caritativa que cuida a los demás.

Si volviera a empezar, no iría a la escuela, a esa escuela que nos educa y adoctrina para ser pobres de cuerpo y alma, que mata el talento, que nos deja exhaustos y doloridos; trabajaría para crear otra que nos ayudase a aprender a ser, a conocer, a hacer y a convivir, a ser osados y atrevernos, a innovar, a desplegar nuestro enorme talento para emprender y liderar y así hacernos protagonistas de la historia, de nuestra propia historia.

Si volviera a empezar trabajaría por un mundo más justo, lleno de oportunidades, sin fronteras, donde cada persona fuera artífice de su vida, constructora de un legado, capitana de su alma y dueña de su destino.

Si volviera a empezar le dedicaría más cuidados a mi cuerpo para mejorar la salud de mi alma, meditaría y conversaría más conmigo, le dedicaría tiempo todos los días a conectarme con mis maestros, a crecer cada día.

Si volviera a empezar no puede ser una excusa para empezar ahora mismo.

Adelante!!!

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