“Quid Pro Quo”. Primero dar, luego pedir (o cómo hacerte rico).

Toda nuestra vida se basa en hacer cosas para otras personas (dar, ofrecer, satisfacer) y pedir algo a cambio (precio, contraprestación): las relaciones personales, las empresas, el derecho, la economía, la política,  las instituciones, las religiones… Crear una empresa exitosa, encontrar un buen trabajo, fundar una familia, liderar una organización, fluir armoniosamente con la vida, tu efectividad personal, el impacto que puedes hacer en el mundo y tu legado. Todo depende de tus habilidades para dar y pedir, una doble transacción, un juego que si lo aprendes bien, podrá convertirte en una persona altamente efectiva.

En todos los idiomas del mundo hay palabras para definir el dar y el pedir en todas sus variantes (ofrecer, prometer, pedir, reclamar…); y es así porque son dos actos del habla básicos sin los cuales no habría civilización. Nuestros mundos existen porque hay gente haciendo cosas para otras personas y a su vez pidiendo que otras hagan algo para ellas, millones de conversaciones cruzadas (yo te ofrezco esto a cambio te pido esto otro). Todas las cosas valiosas las producimos en el doble juego de dar y pedir, por eso es muy importante que lo aprendas.

Lo primero que tendríamos que aprender en la vida desde la familia y la escuela es a dar y a pedir.

Como regla general cuando quieras que algo valioso ocurra para ti, primero piensa en algo que vas a ofrecer y a continuación piensa qué vas a pedir a cambio. Y que lo que vayas a dar sea al menos tan valioso como lo que vas a pedir para la persona en cuestión. Luego, si quieres “ser rico”, afina y multiplica tus conversaciones para dar cosas a los demás y pedir algo a cambio. Observa que las personas, comunidades y países ricos son aquellos que han perfeccionado sus capacidades y espacios para hacer ofertas. Las ofertas renuevan permanentemente la vida de la comunidad y activan la imaginación, la creatividad, la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

No nos gusta tener pedigüeños (impertinentes, pejigueras) a nuestro lado, por el contrario, nos hace felices relacionarnos con personas sensibles a nuestras insatisfacciones (necesidades, preocupaciones), personas que nos den cosas. Por ese motivo es poco práctico pedir trabajo, que la gente te compre algo, que haga cosas por ti o que viva contigo, si antes no te has ofrecido. El éxito tiene que ver con la sensibilidad para descubrir las necesidades del otro y la realización de promesas que las satisfagan.

Aprender primero a dar (ofrecer, ofrecerse, satisfacer, anticiparse).

Cuando empiezas algo y aún no eres nadie significativo para los demás (no tienes reputación), si quieres escalar niveles y alcanzar una posición, tus esfuerzos han de estar orientados a hacer algo valioso para las personas a las que en el futuro quieres que hagan cosas para ti.

Por eso, no busques personas a las que pedir cosas, busca personas a las que dar cosas. Para cualquier iniciativa que emprendas, busca tu primer  cliente al que satisfacer, y luego a otro y a otro…

La transacción en el mundo del emprendimiento y la empresa.

Una empresa no es otra cosa que una transacción efectiva entre alguien que ofrece algo valioso (producto, servicio), y a la vez pide algo a cambio (dinero). Todo el esfuerzo para alcanzar el éxito se basa en la excelencia del ofrecimiento y su capacidad para producir satisfacción.

La transacción en el mundo del empleo (búsqueda de un empleo).

Si vas a una empresa a pedir un empleo, empiezas perdiendo y etiquetándote automáticamente como pedigüeño, y ya sabes que a nadie le gustan los pedigüeños. El jefe o la persona a la que te dirijas, estará deseando perderte de vista cuanto antes. Pero si por el contrario muestras una oportunidad de ganancia, posiblemente encuentres un interés y disposición a la escucha.

Pero claro, la cosa no es tan fácil, no basta con decir: “traigo una oportunidad para ti”. Esa oportunidad ha de ser diseñada metódicamente: 1) Centrándote en una empresa o reducido número de empresas. 2) Recabando información, investigando y analizando el sector o la actividad de la empresa. 3) Ideando una mejora que tú puedes hacer. Un trabajo que exige sensibilidad, escucha, análisis… Y al final del cual podrás pedir algo a cambio: “si quieres que yo te ayude a hacer esto, te pido que me contrates o me des esto otro a cambio…”. Cambiar el vengo a pedir trabajo por el estoy aquí con una oportunidad para que ganes dinero conmigo.

La transacción en el mundo religioso (búsqueda de la salvación).

Te ofrezco un cielo y te pido a cambio que hagas un montón de cosas. La religión es capaz de movernos porque nos hace una promesa en firme (salvación, paraíso) y una oferta inversa (infierno, castigo), jugando con la dimensión trascendental del ser humano y su consecuente propensión a mirar más allá y fascinarse con los buenos relatos. Aún desde la inverosimilitud y vaguedad de la oferta, las religiones mueven el mundo porque lanzan primero una promesa.

La transacción en el mundo legal.

Todo nuestro ordenamiento jurídico se basa en promesas y pedidos: te prometo que te premiaré o te prometo que no te castigaré si haces esto.

Cuando una ley te amenaza con llevarte a la cárcel si no haces o dejas de hacer algo, te está haciendo una promesa, a cambio de la cual te está pidiendo algo.

Nuevamente el prometer y el pedir vuelven a aparecer como el sustento y fundamento de nuestras instituciones y relaciones.

Habilidades que intervienen en la cosa de dar y pedir.

Yo soy sensible a ti, yo escucho lo que necesitas, yo te lo ofrezco, yo te pido algo a cambio.

La base de nuestro éxito está en proporcionar cosas bellas y buenas a otros y en pedir algo a cambio, sin embargo, perfeccionar esta práctica en apariencia sencilla, es de una gran complejidad, una obra de ingeniería que implica sensibilidad y empatía hacia el mundo del otro, capacidad de escucha, investigación y análisis, articulación de una oferta, pruebas de ensayo y error… hasta alcanzar finalmente la sintonización con la otra persona.

Prácticas para el buen ofrecer y el buen pedir.

Siempre: primero dar (ofrecer, ofrecerse), luego pedir.

Conocer el mundo del otro, poniendo el foco en sus preocupaciones y en lo que necesita.

Anticiparse a las necesidades de la otra persona.

Preparar concienzudamente el ofrecimiento (lo que se va a ofrecer y pedir).

Hacer la oferta.

Pedir algo a cambio.

Volver a escuchar.

Reformular la oferta.

Entregar más de lo que la otra persona espera.

Repetir mil veces el ejercicio.

Las instituciones, las organizaciones y las relaciones humanas son una transacción, un juego de prometer y pedir cosas materiales e inmateriales.

Nuestra calidad personal depende del dar y el pedir.

Cuando hacemos algo por otra persona, abrimos y expandimos nuestro propio horizonte de posibilidades, el mundo comienza a vernos como una oportunidad (oferta), de ahí nace nuestra reputación, nuestra identidad, nuestra marca personal. El talento auténtico se manifiesta cuando ponemos en juego nuestro potencial personal para hacer cosas valiosas para otros.

La confianza, que es el principal activo al que podemos aspirar por ser la fuente auténtica del poder, es el fiel de la balanza del hacer y el pedir. La promesa antecede al hacer, por eso nuestra influencia depende de hacer promesas significativas y cumplirlas (satisfacer, ser impecable).

Prometer y hacer no es gratuito, hipoteca nuestra vida, por eso es importante que antes de comenzar este juego, tengas claro a donde te diriges y cual es tu proyecto vital.

Trabajar el dominio emocional desde el dar y el prometer.

Aprender a hacer cosas para los demás y promesas con valor, es una sensibilidad y técnica esencial para trabajar las emociones y crear espacios emocionales expansivos. Nuestros estados de animo básicos son dos:  veo posibilidades para mí y no veo posibilidades para mí. Si creo ofertas significativas para otras personas o para mis clientes, me convierto en una persona influyente porque desde ese juego estoy manejando el interruptor de sus emociones y estados de ánimo.

Parece paradójico, pero pese a la importancia de dar y pedir en nuestra vida, nadie nos ha enseñado a hacerlo, ni siquiera a ver su importancia. A todos nos gustaría tener la lámpara de Aladino para que alguien se ofreciera a cubrir nuestras necesidades y deseos en cada momento, pero la vida real no es así, para hacer realidad nuestros sueños el primer paso es dar cosas valiosas a otros.

Las identidades personales en nuestro mundo se crean en gran medida sobre la base del dar/pedir: personas que siempre están pidiendo sin dar a cambio, personas que no se comprometen con nada para no tener hipotecas, personas que prometen y no cumplen, personas que prometen y no piden (altruistas), personas que no piden y esperan a que los demás descubran y satisfagan sus necesidades, personas que hacen cosas valiosas para los demás y reciben cosas valiosas a cambio, personas que hicieron cosas tan valiosas para los demás que tienen a otras dispuestas a hacer cosas gratis para ellas…

Quid pro quo (poner el dar en el lugar del pedir). Do ut des (doy para que me des), es la base de la reciprocidad que enriquece nuestras relaciones, todo un conjunto de prácticas que trabajamos con equipos directivos de alto rendimiento, instituciones y organizaciones para el desarrollo de la innovación, el liderazgo y el emprendimiento desde el MODELO 6-9.

Adelante!!!

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2 pensamientos en ““Quid Pro Quo”. Primero dar, luego pedir (o cómo hacerte rico).

  1. Josilen Soza

    Excelente artículo , una manera muy objetiva actuar en las relaciones internas y externas de nuestros mundos para lograr calidad en nuestro nivel de excelencia !

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