Virtuceno. La época sin lugar ni tiempo.

Ayer tuve una conferencia en Mérida, luego una reunión de trabajo en  Honduras y otra en Suecia. Al final de la tarde me di cuenta que me había convertido en un ser ubicuo, pues mientras estaba reunido y trabajando en “esos lugares”, a su vez, estaba presente y haciendo cosas de manera síncrona con otras personas en Cáceres y Estelí (Nicaragua). Y cuando digo haciendo cosas, me estoy refiriendo a la producción de bienes y servicios, así como a la coordinación de acciones para lograrlo (gestión de compromisos, pedidos y ofertas). Estoy hablando de trabajar y producir juntos, no me estoy refiriendo a hablar con otras personas por las redes sociales (lenguajear), sino a trabajar y crear cosas materiales y valor con otros. ¡Y todo sin moverme del sillón!

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Preparando al mundo rural para el día después del coronavirus.

Muchas cosas pueden cambiar con esta crisis, entre otras, la reconfiguración de la relación y el equilibrio entre el mundo rural y el urbano. En los últimos siglos, pocas veces ha tenido la oportunidad el mundo rural de jugar una baza en ventaja frente al urbano y, consecuentemente, gozar la oportunidad de ganar una partida para salir reforzado, y ésta es una de ellas: ¿Será capaz de aprovechar la ventaja inesperada que le ha otorgado el coronavirus?

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El coronavirus está poniendo en evidencia al sistema educativo.

La Educación está en crisis. 

La COVID-19 ha desafiado al sistema educativo dejando entrever la fragilidad del mismo. 

Una vez más, el sistema educativo español golpea y hace pagar a los estudiantes sus fallos y errores estructurales, su incapacidad y su completa incompetencia. 

La educación virtual está mal diseñada y no es eficaz, no está preparada para sustituir a las clases de carácter presencial, pudiendo calificarse de ineficaz, insuficiente, caótica, inútil, inepta e inadaptada -al menos en la mayoría de nuestras universidades públicas-.

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El nuevo mapa emocional del mundo que nos dibuja el coronavirus.

Ya comenzamos a vislumbrar los efectos sanitarios, económicos, sociales, laborales o tecnológicos del coronavirus. Pero quizá la mayor afectación planetaria sea la emocional, es decir, la transformación del estado de ánimo en el que vivíamos y la configuración de uno nuevo. Veamos cómo empieza a dibujarse el nuevo estado emocional del mundo y cómo va a influir en los equilibrios globales de poder entre países.

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