Las competencias genéricas nos sirven para construir la paz y la democracia. Su aplicación a la superación de conflictos.

En los últimos 25 años he tenido que responder muchas veces a la pregunta ¿para qué sirven las competencias genéricas que están en el MODELO 6-9? Lo he hecho así: además de para ser personas exitosas personal y profesionalmente, desde la apropiación colectiva de las mismas construimos la paz, la convivencia y la democracia. También para superar nuestras diferencias, por eso aplaudo el trabajo silencioso que realizan los mediadores en los conflictos que producen tanto dolor (FARC, IRA, ETA…), y como desde ellas es posible alcanzar la reconciliación y el perdón. Si tuviésemos la lucidez para trabajar las competencias genéricas desde la educación, seríamos personas más ricas (material y espiritualmente), movidas por valores, capaces de regular nuestros conflictos antes de que estallaran violentamente.

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En muchos post he mostrado como las competencias genéricas son la base de la innovación, el emprendimiento y el liderazgo; y como desde la adquisición de las mismas podemos convertirnos en personas exitosas en la creación de empresa y en el desempeño personal y profesional. Pero su proyección es mucho más valiosa aún para edificar los valores de la convivencia, la tolerancia, la construcción de la paz, la cimentación de la democracia y la aspiración colectiva a la felicidad. Si aprendes competencias genéricas puedes ser una persona emprendedora de éxito, líder, buen padre, madre, amigo, gestor… un buen ciudadano.

Cuando las personas de mi equipo comenzamos a trabajar a trabajar las competencias genéricas con otros equipos, organizaciones y gobiernos; al principio el trabajo no se entiende, hasta pasado un tiempo donde desde su apropiación, se hacen visibles las transformaciones en los individuos y la cultura de trabajo de la organización. A través de ellas edificamos  personas emprendedoras en todos los ámbitos, capaces de crear y renovar las ofertas para la comunidad, organizaciones emprendedoras preparadas para diseñar y construir su futuro, personas y organizaciones con potencial de liderazgo capaces de crear y habitar nuevos mundos.

Todo esto tiene un importante valor, sin embargo donde mayor impacto tienen las competencias genéricas que hemos organizado en el MODELO 6-9, es en edificar sociedades basadas en valores, pues si somos capaces de crear este sustrato, el resto viene por añadidura.

El objetivo primero de la educación es construir la paz, desde el respeto y la tolerancia. A partir de ahí se vertebra todo lo demás: la democracia, el progreso, la prosperidad. Y esa base se materializa con el aprendizaje de competencias genéricas.

Por estos motivos, cuando diseñamos nuevas asignaturas y planes de estudios, en su desarrollo longitudinal, primero trabajamos las competencias genéricas y a partir de ellas continuamos el itinerario con la formación en emprendimiento e innovación, y finalmente la capacitación culmina con el desarrollo del liderazgo. Sin embargo el hilo conductor de todas estas materias son las competencias genéricas.

Las competencias genéricas y los conflictos que nos desangran como especie.

El mayor desafío de la humanidad, junto al cambio climático, es superar los conflictos, empezando por los que alcanzan magnitudes globales (Siria, Israel, Palestina, Afganistán, Irak…), imperialismo, integrismo, terrorismo en todas sus manifestaciones; fenómenos que se hacen presentes diariamente como sarpullidos de violencia que brotan por el mundo y nos sumen en la desolación y la tristeza.

Después existen otros conflictos menores que deterioran permanentemente nuestras vidas y relaciones, generando desasosiego y sufrimiento.

Pese a que la principal aspiración del ser humano es conseguir la felicidad, y ésta comienza a edificarse desde la paz, nadie nos ha enseñado las prácticas (competencias) para construirla. Y la pregunta es ¿cómo siendo estas competencias tan decisivas para la vida, no están presentes en la práctica educativa?

Qué papel juega el aprendizaje de las competencias genéricas que trabajamos en el MODELO 6-9 para construir la paz.

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Cuando aprendemos a escuchar.
Podemos comprender al otro desde el respeto a su diferencia, desarrollar la empatía, entender su dolor y su mundo para superar las guerras y los conflictos que nos desangran. Somos capaces de generar mucho más valor material e inmaterial desde una sociedad sustentada en principios y valores, personas más caritativas y altruistas… Nos convertimos en personas sensibles a los demás y su mundo.A ser más analíticos, competentes en la investigación, inspiradores, influyentes y con sentido crítico.

Cuando aprendemos a declarar.
Propiciamos el espacio para crear nuevas realidades y futuros; adquirimos el coraje para decir sí cuando queremos decir sí, y decir no cuando tenemos que decir que no; nos atrevemos a decir “no sé” y abrirnos al aprendizaje; a decir “te quiero”; a perdonar y perdonarnos para deshacernos de la culpabilidad, la resignación y el resentimiento que nos carcome; a abrir la puerta a la esperanza y a la alegría.

Cuando aprendemos a prometer.
Crecemos como personas, nuestro mensaje de compromiso con el mundo retumba con poderío cuando la declaración está sostenida en principios y valores, pasamos a ser personas relevantes para el mundo. Mostramos que estamos dispuestos a dar primero para cuando alguna vez tengamos que pedir algo a cambio, nos ofrecemos a los demás en un mensaje claro de servicio. Desde la escucha y la promesa hacemos que comience a germinar la confianza.

Cuando aprendemos a pedir. 
Posibilitamos que la otra persona conozca nuestras inquietudes, necesidades y aspiraciones, iniciando el camino para que puedan ser satisfechas (primero dar, luego pedir).

Cuando aprendemos a hacer ofertas.
Modulamos pedidos y promesas para satisfacer a las partes, como base para crear relaciones duraderas y fructíferas; renovamos la vida social de la comunidad y su prosperidad.

Cuando aprendemos afirmar y enjuiciar.
Nos convertimos en personas más analíticas y creíbles, con más discernimiento, preparadas para tomar decisiones sustentadas en afirmaciones y juicios fundados, capaces de dar cursos coherentes a nuestras acciones, personas más equilibradas, con sentido crítico y respetuosas, personas mucho más felices, seguras y guiadas por nuestro propio criterio y automandato.

Cuando aprendemos dirigirnos  y dirigir a otros.
Somos capaces de construir nuestros proyectos de vida, de conferir dirección a nuestra existencia, de ser dueños de nuestro destino y decisiones, de elaborar un plan de vida, de dirigir a otros (cuando ya hemos aprendido a hacerlo con nosotros mismos); de construir visiones poderosas del mundo para abrir el espacio de juego a nuestra vida, nuestra comunidad, nuestro país y a la humanidad.

Cuando aprendemos a  relacionarnos de manera efectiva (relaciones internas de equipo).
Nos convertimos en personas más productivas, capaces de abordar grandes proyectos y desafíos trabajando en equipo; capaces de resolver y gestionar los conflictos, de generar relaciones de interdependencia, de trabajar de manera colaborativa y cooperativa, de coinventar nuestro futuro, de sinergizar.

Cuando aprendemos a  relacionarnos de manera efectiva (relaciones externas con otros equipos).
Nos convertimos en personas capaces de crear redes de ayuda, de comprometernos con la resolución de conflictos históricos, de organizar y orquestar grandes proyectos, de formar equipos con personas de otros países y culturas, de enriquecer nuestros entornos con nuevas visiones, de hacernos cargo de grandes desafíos globales…

Cuando aprendemos a realizar el trabajo con impecabilidad (cumplir las promesas).
Crece nuestra identidad (marca personal); producimos impecabilidad, calidad, credibilidad, influencia, confianza; aumenta nuestra capacidad para convocar a otras personas, que se unan a nosotros y crear equipo. Nos habilita para gerenciar, dirigir equipos y organizaciones por el manejo de un amplio abanico de habilidades (negociar, acordar, realizar, entregar, satisfacer…).

Cuando aprendemos a aprender.
Nos convertimos en personas sensibles con vocación y prácticas de aprendizaje permanente (aprender-desaprender-reaprender), de adaptarnos de manera permanente a los cambios, de renovar nuestra vida y la de nuestras comunidades; capaces de desarrollar soluciones creativas en torno a los desafíos que enfrentamos.

Cuando aprendemos a innovar.
Nos convertimos en personas capaces de elaborar soluciones nuevas para nuestros problemas, de llegar a propuestas creativas, de renovar de manera permanente nuestras ofertas y mejorar la vida de la gente, de crear una nueva cultura “CO” (cocreación, co-invención, co-liderazgo, coresponsabilidad).

Cuando aprendemos a gestionar emociones y estados de ánimo (gestión emocional).
Nos convertimos en personas hábiles en crear espacios emocionales expansivos, orquestar estados de ánimo, gestionar estados de ánimo, desbloquear situaciones estancadas y encontradas, abrir nuevos caminos y posibilidades, hacernos cargo de los estados de ánimo propios y de la gente, generar una emocionalidad positiva en todas las facetas de la vida, desarrollar fortaleza emocional para encajar los reveses de la vida.

Cuando aprendemos planificar y planear.
Somos capaces de trazar el rumbo de nuestro destino, de fijar metas y objetivos claros, de encontrar el camino cuando nos perdemos, de enfocarnos y no perder de vista el horizonte.

Cuando aprendemos a evaluar y reprogramar.
Somos competentes en medir nuestros avances, corregir nuestras desviaciones en el rumbo de nuestra vida, ser personas más efectivas en nuestros desempeños, mejorar permanentemente, actuar de manera flexible y sin traumas.Escuchar y ser sensible al otro, ponerse en sus botas, comprenderle, sentir sus emociones, respetar sus juicios, comprometerse y hacer algo por él, pedir a cambio, inventar un futuro nuevo, cumplir los compromisos, trabajar juntos desde la lealtad y la apertura…

Eso es lo que trabajamos para poner los cimientos de nuestras vidas, organizaciones y futuras generaciones. Esas son también las prácticas para superar conflictos y las habilidades que tienen que adquirir nuestros niños y jóvenes para aprender a convivir y regular sus tensiones y conflictos antes de que sangren.

Poner en juego estas competencias nos sirve para gestionar nuestra vida y sus adversidades, pero sobre todo, es esencial cuando se abre una mesa de diálogo para superar un conflicto. Por eso, si quieres ser un buen mediador de conflictos y entender las competencias que manejan esos profesionales que se mueven desde la sombra en las mesas de negociación, puedes capacitarte con nosotros.Y por supuesto, para superar los problemas y desafíos que nos plantea la vida en el país, la organización, la empresa, la familia, la comunidad. Con ellas puedes convertirte en un buen educador, mentor, entrenador…

Tendemos a ver la paz y la convivencia pacífica como algo que está ahí para siempre, cuando es un bien preciado que hay que edificar cada día, y eso no ocurre por generación espontánea sino desde el aprendizaje de las competencias genéricas que la sustentan y su trabajo diario en la escuela, la comunidad y la familia. Su adquisición es innegociable para ganar la paz del presente y el futuro, y de rebote aprender, emprender y prosperar.

Las competencias del MODELO 6-9 son la base de los programas educativos que estamos desarrollando con gobiernos y organizaciones, en las que se están formando centenares de miles de jóvenes y docentes para construir un mundo más rico, solidario, democrático y feliz.¿Entiendes ahora la importancia de trabajar las competencias genéricas?

No hay tiempo que perder, está en juego el futuro de todos. Ven a aprenderlas con nosotros.

Adelante!!!

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