La Sexta disciplina.

“… Al frotarla surgió el Genio. Los presentes comenzaron a imaginar sus deseos (riqueza, fama, poder…). Pero Él no pidió nada de eso, ante la sorpresa de todos solicitó acceder a los secretos de la Sexta disciplina… ¿Por qué perdiste la ocasión de ser poderoso, famoso y rico? Le recriminaron incrédulos, a lo que Él respondió: con lo que me será entregado lograré todo eso y mucho más”. En un mundo en constante transformación todos estamos procurando poseer aquellas disciplinas que nos permitan conseguir nuestras metas, y la Sexta disciplina es la disciplina total, la disciplina de disciplinas. Y nosotros te vamos a ayudar a alcanzarla.

Mi equipo y yo llevamos un cuarto de siglo desarrollando las competencias clave para el siglo XXI (competencias genéricas, creatividad, innovación, emprendimiento, liderazgo). A lo largo de este tiempo hemos trabajado con gobiernos, empresas y organizaciones en estas materias y hemos publicado numerosos trabajos. Muchas son las competencias y habilidades que entran en juego en los referidos dominios, pero la disciplina más importante de todas, la Sexta disciplina, es la capacidad de elaborar relatos poderosos que den sentido al futuro de la gente.

Una empresa, una institución, una organización, una religión, un movimiento artístico, una marca, un club de fútbol, una civilización o todos los mundos que conocemos (oriental, occidental, árabe, latino…) son creaciones que se sustentan en un relato que alguien inventó. Un arte reservado a los creadores de relatos.

Hace unos años Noah Harari, reveló al gran público la importancia sobre el poder del relato, y cómo, éste, es el elemento que ha posibilitado el desarrollo que hemos adquirido como sociedades y civilizaciones.

Pero somos muchos quienes venimos trabajando esta disciplina desde hace décadas en el marco de la filosofía del lenguaje, una facultad que nos permite abrir nuevos mundos y de la cual te vamos a proporcionar claves y herramientas para adquirirla.

Cualquier cosa relevante que el ser humano ha dado a luz en el pasado o vaya a crear en el futuro, necesita de un relato que la soporte, un relato que emocione y que dé sentido al futuro de la comunidad al que va dirigido, un relato que inspire y movilice a la acción, un relato que abra el espacio a la cooperación. Como personas, sólo podemos hacer cosas relevantes cooperando con otras, ahí es donde reside la fuerza del ser humano;  desde la soledad somos seres frágiles e irrelevantes. Nuestra potencia está en el grupo, la voluntad para movernos y colaborar se activa cuando damos por bueno un relato que alguien inventó, cuando creemos en algo en lo que además creemos que los demás creen también.

Qué nos hace colaborar a gran escala: un buen discurso, una buena reinterpretacion de la realidad, una novela, un poema, una historia poderosa del pasado, una historia poderosa del más allá… Ficciones elaboradas por inventores de relatos.

La disciplina para la construcción del relato personal del quién soy y el valor que estoy construyendo para el mundo (legado).

Es posible que a lo largo de tu vida no tengas la intención de construir una multinacional, una religión, una corriente literaria o un país; pero al menos, como mínimo, te sería muy útil levantar tu propia marca personal en torno a una potente identidad. Un relato de quién soy y el valor que aporto al mundo. El primer paso pues es elaborar tu relato y actuar en consecuencia.

La disciplina para la construcción del relato organizacional del quiénes somos (familia, empresa, marca, ejército, país, corriente literaria, equipo de fútbol…).

Una vez que ya “eres alguien” y tienes un relato reconocible para los demás (estilo); estás en condiciones de poder influir en otros y lanzarte a crear organización. El segundo paso es inventar el relato para buscar la cooperación de otros y hacer cosas en común.

Con el relato personal puedes crear valor en progresión aritmética, con el relato organizacional puedes hacerlo en progresión geométrica.

Sensibilidad, empatía y escucha.

Pero claro, aprender la disciplina del relato no sólo es inventar cuentos y historias, su arte implica un conjunto de competencias y habilidades que van más allá de la literatura. Se precisa sensibilidad hacia un mundo y una realidad, la conexión emocional con la comunidad de personas a las que va destinado, y eso se alcanza desde la competencia de la escucha.

“Solo habla bien aquel que escucha, porque conocerá el estado de la persona con la que está hablando” (Manuel Campo Vidal).

La escucha es la precondición para una buena historia. Nuestros relatos son seductores cuando hablan a los intereses de los demás, son poderosos cuando tocamos su corazón,  y movilizadores cuando creamos espacios emocionales expansivos (posibilidades de futuro).

Pedir y dar. Del relato a su materialización.

Cuando el relato está aceptado e instalado en una comunidad (cuando todos creen que los demás creen el mismo cuento), se desencadena un proceso de colaboración a gran escala, se crea disciplina y organización del trabajo, es decir, las personas hacen cosas por los demás y piden que los demás hagan cosas por ellas en torno a un propósito compartido. El relato abre el espacio donde se produce la acción a través de millones de promesas y pedidos cruzados,  desde los cuales se materializa el enunciado del cuento.

Cuando el grupo humano da por bueno el relato, se genera una transacción colectiva con unos códigos que rápidamente se instalan y son aceptados por todos, sancionándose a quien no sigue las reglas del juego. Por ejemplo: en la ficción del relato de una religión, la gente acepta dar cosas a la iglesia (diezmos, trabajos para el templo, sacrificios, oraciones,…) a cambio de bendiciones y salvación, castigándose a quien no cree en el relato y privándole de la salvación.

Las competencias para la Sexta disciplina (inventar un buen relato y convertirlo en realidad) están en el Modelo 6-9. 

 

Aprender a escuchar: a descubrir lo que no funciona en la comunidad, lo que desazona a la gente. Por ejemplo, las grandes religiones nacieron en un momento histórico donde el mundo se desangraba en guerras, portando un mensaje de paz y amor (ama al otro como a ti mismo), aunque pronto olvidaron sus fines fundacionales.

Tu relato ha de conectar con lo que le preocupa a la gente, y eso pasa por tener buenas preguntas: “¿Qué te preocupa? ¿Qué te hace feliz? ¿Qué te hace infeliz? ¿Qué necesitas? ¿Cómo te podría ayudar?…”.

  • Aprender a declarar: si tienes un buen relato basado en la escucha de lo que no funciona y no lo declaras al mundo (personas a las que va dirigido) no producirá ningún efecto, para ello has de inventar una liturgia, buscando el lugar y el momento oportunos para hacer una declaración solemne que surta todo su efecto.
  • Aprender a dar: el relato tiene que contener una promesa (explícita o implícita) para la gente a la que va dirigido.
  • Aprender a pedir: el relato tiene que pedir (explícita o implícitamente) que los demás hagan algo a cambio.
  • Aprender a modular pedidos y promesas (hacer una oferta ): buscando un equilibro satisfactorio entre lo que se pide y lo que se da. 
  • Aprender a afirmar y enjuiciar: para conferir al relato un sentido de veracidad, basándolo en afirmaciones (realidades verificables y comprobables) y juicios fundados (interpretaciones de la realidad compartidas).
  • Aprender a dirigirte y dirigir a otros en torno al propósito compartido: comprende la creación de una visión / misión de futuro poderosa en torno a la cual diriges toda la acción.
  • Aprender relaciones internas: a coordinar un equipo de personas y crear relaciones de interdependencia, una red que se hace cargo de velar por la visión/misión compartida.
  • Aprender relaciones externas: crear sinergias y relaciones con otras personas y organizaciones de fuera del equipo desde el principio ganar/ganar. Aprender a expandir el relato a otros para colaborar y cooperar, abriéndonos a otras relaciones, e incorporando nuevos socios y aliados.
  • Aprender impecabilidad: a sintonizar el relato con nuestras acciones, a ser consecuentes, a producir calidad y generar una cultura de trabajo basada en el escrupuloso cumplimiento de los compromisos desde la realización correcta de los ciclos y flujos del trabajo (pedir, negociar, acordar, realizar, entregar, satisfacer).
  • Aprender a innovar: buscando la adaptación permanente de nuestro relato a las condiciones cambiantes del entorno. 
  • Aprender a gestionar emociones y orquestar estados de ánimo: a crear espacios emocionales expansivos, a hacerte cargo de los estados de ánimo de la gente y generar una emocionalidad positiva en torno al relato.
  • Aprender a planificar y planear: a construir las acciones, trabajos, hitos, asignación de recursos para que el relato se materialice.
  • Aprender a evaluar y reprogramar: a pararte y mirar los efectos que está produciendo, a observar el camino recorrido y otear el horizonte, establecer indicadores, medir los avances y redireccionar el relato si es necesario.

Los otros fundamentos para construir tu relato.

Conoce aquí el poder que encierra el relato y sus secretos:

Conoce aquí el significado del relato en su dimensión profética:

Conoce aquí cómo elaborar relatos en la modalidad de discursos:

Aquí tienes una sencilla herramienta para construir tu relato y tu plan paso a paso:

El ser humano, un animal que cuenta cuentos.

Los que elaboran y cuentan buenos relatos son grandes emprendedores, innovadores, creativos (poetas, escritores, pintores…), líderes; después están los cuentistas (cuentan cuentos que a nadie les interesan); y finalmente la inmensa mayoría que no tienen relato propio y compran los cuentos de los primeros. Como decía García Márquez, el mundo se divide en dos tipos de personas: los que saben contar historias, y los que no.

La historia de la humanidad es una lucha constante entre relatos.

El mundo es una pelea permanente entre los relatos oficiales y otros alternativos que tratan de ocupar su espacio de poder, cuando uno resulta vencedor se comienza a escribir de nuevo la historia. Un buen relato tiene el poder de movilizarnos y de reencauzar nuestra vida, también de truncarla.

El poder establecido a través de la educación y sus códigos (códigos restringidos y pedagogías invisibles. Bernstein), nos ha preparado para ser consumidores de relatos oficiales, no para ser productores. El poder en definitiva es la capacidad para inventar y sancionar relatos, estableciendo en ellos los estándares sociales para lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, lo lícito e ilícito, el valor y el desperdicio…; en torno a ficciones legales (propiedad, familia, derechos, empresa, dinero…) que establecen el statu quo del enunciado del relato.

La historia y la identidad personal está hecha de trozos de relato.

Ahora mírate por dentro y reconoce los relatos que te encarcelan y de los cuales vives preso, esos relatos que te entregaron otros y funcionan en ti como un piloto automático sin que nunca llegaras a ejercer control sobre ellos. Claro que siempre podrás decidir tus carceles, como también liberarte de ellas sumándote a relatos más fértiles o creando tu propio relato, tu propio estilo, tu propia leyenda, tu propio legado.

Cómo se instalan los relatos poderosos.

Una vez que un grupo numeroso cree en un relato, ya está instalado, independientemente de su grado de fabulación o  “verdad”, el relato entonces se convierte en el centro de gravedad de la persona y del grupo, ordenando en torno a su fuerza centrípeta el mundo y organizando una fuerza centrífuga en torno a lo que le contravenga. Todo lo que refuerce el relato se integra y protege, todo lo que lo contradiga se expulsa y penaliza.

Nuestros conflictos nacen del antagonismo de nuestros relatos (negros y blancos, capitalistas y comunistas, cristianos y musulmanes…), pues el relato una vez instalado alcanza la categoría de “verdad” para la comunidad aunque sea inverosímil y  falto de rigor. Luego, las personas acomodan sus historias al relato matriz sin que nada escape a su fuerza gravitatoria, funciona como un auténtico agujero negro en el espacio/tiempo que no deja salir nada de su centro de gravedad.  De ahí que todo esfuerzo del poder está en el monopolio y control del relato: los gobiernos y las personas inseguras de sus propios relatos, siempre están alerta para neutralizar cualquier desviación del relato oficial.

Peter Senge nos dejó el legado de la Quinta disciplina desde la visión de la organización como una cadena, cuyos eslabones, las personas, alcanzan su excelencia interactuando y aprendiendo juntas (organización inteligente) en torno a una visión compartida. Él  estableció 5 disciplinas para generar una organización inteligente y que aprende (pensamiento sistémico, manejo de los mapas mentales, manejo de las emociones, visión compartida y trabajo en equipo). Para nosotros, la Sexta disciplina es el relato que nuclea y hace posible que la organización misma sea una realidad y que todas las creaciones humanas existan.

Todo nuevo relato bien armado en torno a los fundamentos que hemos visto, tiene la capacidad de deformar el espacio/tiempo para crear nuevos mundos, a la vez que produce una transformación profunda de los esquemas de pensamiento. Es el poder de la Sexta disciplina en acción, la mayor fuente de poder que tiene el ser humano para transformar su mundo, un poder que está a tu alcance si decides aprenderlo y usarlo para alcanzar tus metas.

Ven con nosotros y adquiere la Sexta disciplina.

Adelante!!!

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