El arte de inventar deseos.

Buena parte de los esfuerzos de la civilización, las expresiones creativas, la industria y las actividades de las empresas están orientados a fabricar deseos para las personas en forma de experiencias nuevas. Por ese motivo es muy importante entender la fuerza del deseo como fuente de creación de valor, un hecho que ha pasado desapercibido pero que tiene una implicación crucial en el desarrollo de la creatividad, la innovación, el emprendimiento, el liderazgo y el talento. ¡Vamos a verlo!

El ser humano es un animal que inventa y persigue deseos. 

Y cuando los  concebimos ponemos en marcha la máquina del progreso. Aunque como animales que somos, solo necesitamos un número reducido de funciones para vivir (respirar, beber, comer, dormir…). A partir de aquí, el resto de cosas que hoy llamamos necesidades, en su día fueron deseos que alguien se inventó y acabamos agregando a una larga lista que no para de crecer.

Inventar un deseo con capacidad de seducción es el mayor acto creativo.

Y en ese juego expandimos nuestro mundo y concebimos realidades complejas a partir de las cuales creamos nuestras organizaciones, cultura, tecnología, educación, economía, actividades, trabajos, productos, servicios, aficiones, relaciones.

Los deseos son ficciones inventadas que tendemos a creer que siempre estuvieron ahí.

Moverse por sí mismo (automoción), relacionarse con otros a distancia (telecomunicación), crear nuevos mundos y realidades (metaversos)… surgieron primero como fantasías en nuestro imaginario, y  tras seraterrizadas en forma de nuevas propuestas, saltaron después a la categoría de deseos, y de ahí (una vez popularizadas) a engrosar la amplia lista de necesidades. Así decimos que, necesitamos un coche, un smartphone o una conexión a internet, cuando hace unas décadas esas realidades no habían sido ni imaginadas o eran solo fantasías.

Satisfacer necesidades es provechoso, pero fabricar un buen deseo es un acto de riqueza revolucionaria.

Si la acción humana se hubiera limitado únicamente a cubrir las necesidades básicas, aún estaríamos fabricando hachas de piedra, puntas de silex o anzuelos de hueso. Sin embargo, lo que nos hace genuinos es concebir fantasías, sembrarlas en el imaginario de los demás y fabricarlas.

La mayoría de las empresas nacen para satisfacer necesidades no cubiertas, pero hay otras cuyo objeto es inocular deseos en la mente de la gente (Apple, Amazon, Netflix…). Las primeras crean valor en progresión aritmética, las segundas, lo hacen de manera geométrica.

Cuando un nuevo deseo nace en la mente de un individuo, un futuro inédito comienza a fraguarse.

La creación humana en todas sus manifestaciones y el progreso civilizatorio están definidos por la invención de nuevos deseos que en su origen surgen como “ilusiones imposibles”, un acto que impulsa la voluntad y las energías internas del individuo, activa las conexiones y alianzas con otros, moviliza recursos, pone en marcha la producción de una nueva oferta y su concreción en un nuevo producto o servicio.

Los mecanismos del deseo y el placer.

Los deseos interpelan a las emociones antes que al intelecto y se teatralizan como una experiencia genuina que cambia el estado de ánimo del sujeto, van teledirigidos al mecanismo de la recompensa que activa el placer.  Y cuanto más nos exponemos al placer, más efímero es su efecto. Por eso, cuando una sociedad entra en el frenesí de satisfacer cuantos más deseos mejor, se engancha a ellos como a una droga (que a la postre actúa con los mismos mecanismos), y se convierte en una consumidora compulsiva en una espiral sin freno.

Crear deseos es el arte de excitar la mente del otro con una emoción que no necesita.

Por eso las personas y empresas más exitosas son las que dominan la ciencia de recrear deseos en su mente y en la de los demás, desde esta reflexión nos podemos cuestionar si es más rentable escuchar las necesidades del cliente o inventarlas. Steve Jobs decía que muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas. Y desde esta magnífica revelación nos estaba entregando una práctica esencial para el éxito, poniendo en evidencia que todas nuestras nuevas necesidades son categorías inventadas por los creadores de deseos.

El arte de sembrar nuevos relatos en la mente de la gente.

Nadie puede desear lo que no ha sido imaginado, la fuerza de su concepción está en la calidad del relato que lo envuelve y la teatralización de su experiencia.

Las nuevas necesidades brotan de la imaginación y se plasman como nuevas categorías en la creación artística y literaria, primero como imágenes, luego como relatos, y desde ahí dan el salto a la realidad en forma de nuevas experiencias. Cuando el deseo está diseminado se convierte en necesidad.

Cultiva un deseo y cosecharás una innovación.

Toda innovación, para que funcione,tiene una parte nueva y otra vieja. Una parte que la gente reconoce y está en su tradición y sus prácticas, y otra nueva. Por ejemplo, el smartphone es una innovación que funciona porque tiene partes antiguas  (teléfono, cámara de fotos, cámara de vídeo) que ensambladas generan un producto nuevo y una nueva experiencia.
Aunque el mundo está movido por la comodidad, lo que mejor  nos atrae son las experiencias inmersivas, un arte que se cultiva en torno a las preguntas: ¿Quién soy? ¿En quién me quiero convertir? ¿Qué puedo ofrecer a los demás?

Adelante!!!

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