6 leyes irrefutables para asumir el liderazgo en medio de una crisis.

Los liderazgos auténticos se gestan en la crisis.

La crisis pone a prueba la fortaleza emocional y la templanza de las personas. Cuando el viento es favorable cualquier jefecillo puede dar el pego, pero son los malos tiempos los que revelan el carácter y la altura verdadera de las personas. Los líderes fuertes aparecen cuando la gente se siente débil.

1. Contagia entusiasmo cuando la gente está hundida.

Y la primera prueba para quien aspira a liderar es demostrar el coraje para levantar a la tropa, porque un ejército desmoralizado es candidato a cadaver en manos de un adversario con la moral alta.

Además el entusiasmo no se puede teatralizar, tiene que ser auténtico y comprometido. Es el bien que nos da poder y del que nadie nos puede privar. Incluso cuando hemos tocado fondo, es la palanca que mueve el mundo y activa la inspiración, y la voluntad que desencadena la movilización. 

Cuanto más abajo estamos, mayor es el potencial de ascenso. Una vez oí decir a un tipo (que por cierto llegó a presidente) en medio de la desmoralización general de los suyos, la frase más teledirigida a las emociones que he escuchado jamás: “no estamos tan mal compañeros”. Este mensaje en su contexto supuso una inflexión y, a la postre, marcó un antes y un después.

2. Apela a la épica.

Los seres humanos antes que nada estamos hechos de relatos y emociones, que son la gasolina para lidiar con situaciones encontradas y lograr la épica. La razón no moviliza, lo hace la voz que es capaz de conectar con la poética que todo ser humano lleva dentro (incluso los más desalmados). Por eso necesitas un relato poderoso de futuro que dé sentido a una gente que ha quedado huérfana de esperanza.

Quien se hace cargo de nuestro pesar, quien hace vibrar las cuerdas musicales del alma, quien es capaz de concebir sueños y nos invita a vivir aventuras apasionantes es candidato a reconquistar nuestras adhesiones. 

3. La oportunidad está en los momentos de zozobra cuando la tropa está con los brazos caídos.

La incertidumbre y el desconcierto es una bendición caída del cielo, el momento de hacerse cargo del sentir de la gente, inventar nuevas posibilidades y comprometerte con su futuro. Además, si eres audaz,  lo tendrás más fácil, porque en los primeros reveses se produce la primera desbandada muchos saltan del barco.

4. Crea futuro e inventa nuevos escenarios y cursos de acción.

La crisis ante todo es un estado de ánimo en el que quedamos atrapadas las personas, el sentimiento de que se nos acabó el futuro, cuando pensamos y nos decimos “no veo posibilidades para mí”. Un sentir que puede desembocar en la desesperanza, pero que a la vez ofrece la oportunidad a los decididos para hacerse presentes y abrir nuevos horizontes.

Siempre recordamos y nos abrimos a crear vínculos duraderos y adhesiones con quien tuvo el coraje de mirar con fe al futuro cuando todo parecía perdido.

5. Construye un relato poderoso del futuro que dé sentido a la vida de la gente.

En la crisis cunde el desánimo, la inseguridad se hace presente, la melancolía y la resignación amenazan con paralizarnos y nos quedamos atrapados en el pasado. La única manera de romper este círculo vicioso que se retroalimenta es sembrar en la mente de la gente una visión potente del futuro en torno a lo que podemos lograr trabajando juntos. Es el momento para conectar con la poética que todos llevamos dentro que se mueve entre los recuerdos y lealtades al pasado y la esperanza y anhelos de futuro. 

6. Plantea un proyecto de futuro capaz de unir a la gente en un propósito.

Un proyecto pensado en grande, capaz de emocionar, una causa por la que merezca la pena luchar y en la que la gente se sienta partícipe.

El trasfondo esencial del liderazgo verdadero no está la retórica, el regate corto y los engañabobos. Detrás hay un proyecto y un equipo para ejecutarlo.

El proyecto, tiene que ser concreto. Puede ser, por ejemplo, producir energía y convertir al país en líder mundial, crear una ciudad nueva, cavar una zanja para evitar las inundaciones en un pueblo o poner en marcha un huerto escolar. Algo práctico que nos convoca a la acción y nos da sentido para entregar la mejor versión de nosotros mismos, vivir juntos y permanecer unidos.

Y a partir de aquí ya solo queda mirar a los ojos a la gente y declarar: yo os quiero, sois importantes para mí, yo os puedo ayudar, yo estoy dispuesto a dejarme la vida por vosotros si fuera necesario. Y por supuesto, realizar este acto comprometido desde la convicción y sinceridad total. Piénsalo bien nadie te obliga a dar El Paso, pero no te puedes defraudar a ti mismo ni a la gente que está dispuesta a apoyarte.

Necesitamos líderes de verdad, no farsantes, ni jefecillos. ¿Dónde están los valientes que se crecen en las dificultades? ¿Dónde están los líderes de verdad? Os estamos esperando.

Y recordad que ¡no estamos tan mal!

Adelante!!!

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