… Y el Rey, preocupado por la parálisis y la desunión del reino, envió un emisario y le pidió que no regresase hasta traer evidencias sobre las cosas comunes que compartían sus súbditos, con la esperanza de corregir el origen del mal y relanzar la vida del país …
Trumps, Putins, Johnsons Bolsonaros y sus cohortes de imitadores menores en todos nuestros países han monopolizado el relato, manejan la agenda, mientras, las fuerzas progresistas vagan desnortadas sin una propuesta de futuro con la que inspirar a la gente. Vaya tropa ¡Qué desastre!
Que tenemos
administraciones mejores que hace 40 años es una obviedad, eso está muy bien,
pero lo importante en este momento es cómo evolucionamos nuestras instituciones
para dar respuesta a los grandes desafíos del siglo XXI, pues las que tenemos
son ineficientes y hacen aguas por todas partes.
El paradigma
en el que se sustentan nuestros modelos de gobernanza está agotado. Nuestras
instituciones (ayuntamientos, diputaciones) fueron diseñadas para dar respuesta
a las necesidades del siglo XIX y XX, pero el mundo ha cambiado.
Tenemos que sacarnos de la cabeza el pensamiento absurdo y la falsa creencia que vivimos en un tiempo malo. Esa gran mentira no se puede sustentar desde un fundamento lógico, además nos está destrozando. Vivimos más tiempo y mejor que cualquiera de nuestros antepasados ¿Entonces por qué nos estamos quejando a cada momento?
Podemos elegir mirar el mundo desde los ojos de las águilas o hacerlo a ras de suelo, es solo una elección de la que dependerá por completo nuestro impacto y resultados. Observar el mundo desde la altura no es patrimonio de los que nacieron en las cumbres, es una actitud que se puede convertir en una habilidad para lidiar con la compleja tarea de conducir nuestras vidas y las de nuestras organizaciones. Te lo cuento con una breve historia.