¿La televisión que queremos es la televisión que necesitamos?

Una reflexión sobre el futuro de los medios de comunicación para enfrentar los desafíos del futuro.

Desde Goebbels sabemos la capacidad que tienen los medios de comunicación para manipular la sociedad y hackear sus mentes, pero también su versatilidad para orquestar a la gente en torno a un propósito compartido y crear una sociedad civil robusta. Su fuerza para construir relatos desde los que conducirnos a utopías o distopías. Su influencia para edificar una ciudadanía sana y fuerte. Su potencia para mostrarnos el mundo y sus posibilidades, las fronteras de la ciencia y el conocimiento, las habilidades y competencias clave para nuestro futuro, para experimentar la aventura del saber, conocer de dónde venimos, los retos del presente y los desafíos del futuro. Por eso es tan importante poder participar en la gran consulta de RTVE “La television que quieres”.

Si voy a un restaurante y me preguntan el menú que quiero tomar, es posible que me deje llevar por la gula y pida un plato que no me conviene. Por el contrario, si pienso en mi salud, mi decisión será otra, guiada por los consejos de mi médico y lo que mi cuerpo necesita.

Es de alabar la decisión de los gestores públicos de la Radio Televisión Española (RTVE) con la consulta que han lanzado para que la  ciudadanía se manifieste en torno a la televisión que quiere, un ejercicio que terminará con la creación de un Libro Blanco y la introducción de cambios en los medios públicos.

En este momento de inflación de contenidos, medios y plataformas, los medios públicos son muy importantes, yo diría que necesarios para construir una ciudadanía fuerte. Por eso es muy conveniente que cuando opinemos sobre la televisión que queremos, lo hagamos pensando en la televisión que necesitamos.  Porque la salud de una sociedad no solo se mide por lo que nos entra por la boca, también por lo que vemos y escuchamos. Y un medio público ha de trabajar para construir una sociedad más crítica, educada, culta, con más habilidades para enfrentar el mundo del futuro, mejor informada, más libre, solidaria y democrática.

Para comer basura ya tenemos muchos McDonald’s.

Si la televisión pública se concibe como una competición de feria para ganar audiencia, mal vamos, porque la guerra está perdida y el producto final será pura bazofia. Como señala Pérez Tornero, hay que distinguir entre audiencia y relevancia (la televisión pública ha de aspirar a ser relevante, y a partir de ahí conquistar audiencia).

Una televisión pública que opte por el juego de las audiencias y abandone su objetivo de ser relevante, tiene que entrar en la guerra de las televisiones privadas, una estrategia basada en emitir contenidos de impacto (aunque sean carnaza) para concentrar audiencia y pasar la gorra por la publicidad emitida en esos espacios. Y eso es éxito para un rato, audiencia efímera, no es servicio público, eso no es construir ciudadanía ni sociedad con valores, eso es basura. Una forma de proceder legal aunque de dudosa ética, para poder sobrevivir en un mercado con una competencia despiadada fruto de la abundancia creciente de medios que compiten por el mismo público. 

Parafraseando a Urbano García, hemos pasado de un tiempo de medios de masas a una masa de medios. La prueba de ello es que este blog que estás leyendo, así como decenas de millones de blogs y webs, que son también medios de comunicación a pequeña escala.

En definitiva, muchos ciudadanos no queremos una televisión pública como otras televisiones privadas, para eso ya tenemos las privadas. No queremos una televisión pública obsesionada por las audiencias, queremos una televisión relevante, creíble y de servicio público para que la sociedad de la información no desemboque en la sociedad de la desinformación y la manipulación. Una televisión que le importe más la reputación que las luchas por las audiencias. La cosa no está en recuperar audiencia en base al todo vale, sino ganar en relevancia para que la audiencia venga poco a poco.

¿Queremos una televisión que nos refuerce las creencias limitantes que ya tenemos?

Mal iríamos también si pretendemos una televisión que nos valide y refuerce las creencias que tenemos, de otro lado, un objetivo irrealizable en una sociedad polarizada en torno a relatos e ideologías irreconciliables. El fracaso estaría asegurado y la confrontación cainita garantizada. 

Por el contrario, necesitamos una televisión que nos abra al otro, que genere empatía, que nos enseñe a escuchar desde el respeto, que nos invite a hacer cosas juntos como país, que nos convoque a trabajar juntos en torno a proyectos compartidos, que se guíe por principios, que construya ciudadanía en lugar de sembrar cizaña.

Los pensamientos limitantes autoafirmados, a la postre se convierten en un cepillo de afiladas púas que nos atraviesa el cráneo y paraliza el cerebro. La televisión como juguete del gobierno de turno para el autobombo es una situación insostenible que nos somete a una minoría de edad permanente y nos “imbeciliza” como sociedad.

Pérez Tornero sostiene que “RTVE quiere ser la plaza pública donde quepan todos los españoles”, un buen principio para sustentar un cambio.

Una televisión que informe y no manipule.

Información basada en hechos y datos verificables, sin juicios de valor, para que sea la ciudadanía la que elabore sus propios juicios desde su libre albedrío. Un ejercicio esencial para edificar una democracia madura a la que legítimamente debemos aspirar. Como afirma Pérez Tornero, “hay que distinguir periodismo de calidad e info-show”.

La televisión pública ha de ser un espacio de confianza cuya reputación resida en el rigor, una isla para contrastar la información y blindarse contra las fake news.

Una televisión que ayude al ciudadano a descubrir posibilidades para su desarrollo en un mundo incierto.

El mundo actual es muy diferente al que nació la televisión, el tiempo se ha acelerado y los acontecimientos se precipitan abruptamente entre la obsolescencia, la disrupción tecnológica y la crisis del empleo. En esta vorágine, un nuevo papel relevante que puede jugar la televisión es ayudar a los ciudadanos a descubrir posibilidades en el acontecer de un mundo incierto, donde las posibilidades y oportunidades son cada vez más dinámicas y efímeras. Ahí es donde latelevisión puede hacer una labor impagable, ayudando a los ciudadanos a construir su futuro profesional desde la creatividad, la innovación, el emprendimiento y elliderazgo. 

A descubrir posibilidades se aprende cuando ponemos las luces largas y nos acercamos a las fronteras del conocimiento, la ciencia y la tecnología, cuando adquirimos nuevas habilidades, creamos confianza, nos ofrecemos a los demás y desarrollamos compromiso. En definitiva, la televisión puede convertirse en un faro y una plataforma para ayudar a las personas a diseñar su futuro, inspirándonos para emprender y hacer cosas nuevas. Y para eso necesitamos una televisión que se atreva a salir de su zona de confort.

¿Es difícil todo esto? Claro que es muy difícil, pero para eso están los nuevos gestores, para hacer cosas difíciles en tiempos de cambio y situaciones encontradas. Total, las hostias les lloverán por todos lados, hagan lo que hagan.

Una televisión como plataforma para el desarrollo de la inteligencia colectiva.

Que propicie la colaboración ciudadana en torno a desafíos globales, capaz de generar sinergias y redes de colaboración. Igual que en torno a una catástrofe, desde la televisión se han organizado sistemas de ayuda para recabar fondos, de la misma manera se podrían llevar a cabo procesos de colaboración masiva en torno a los desafíos de la sociedad, basándose en el trabajo en red y la inteligencia colectiva para abordar cooperativamente grandes proyectos colectivos, como la cura de enfermedades, soluciones de movilidad, acciones de lucha contra el cambio climático, etc. ¿Cómo hacerlo? ¡No tengo ni idea! Posiblemente tendremos que dar juego a la sociedad para que ella misma lo invente. Y estar dispuestos a equivocarnos y aprender de los errores.

Liderazgo tecnológico de RTVE.

También necesitamos una televisión en la vanguardia tecnológica, capaz de innovar e incorporar las nuevas tecnologías, que se atreva a hacer cosas nuevas, que dé protagonismo al ciudadano para actuar con ella, e incluso le pueda ofrecer la posibilidad de convertirse en creador de contenido. En resumen, unos medios dispuestos a reinventarse permanentemente y a cambiar con el cambio, como refiere Urbano García: “o cambiamos o nos cambian”.

Una televisión educativa que propicie el desarrollo de nuevas competencias.

La convergencia de la televisión convencional con las plataformas, la realidad aumentada, la inteligencia artificial, los videojuegos, los MOOC 4.0… Nos van a generar un universo de posibilidades enorme, casi inabarcable. Una oportunidad para atreverse y probar cosas nuevas al servicio de la innovación educativa. 
Las televisiones públicas pueden jugar un importante papel en la educación del futuro, máxime aún cuando avanzamos hacia una convergencia entre educación y medios de comunicación, un servicio impagable a la sociedad, abordando la capacitación masiva en el desarrollo de habilidades y competencias clave para el siglo XXI.

Una televisión que ya no es solo la caja tonta del salón.

La televisión ha evolucionado de un mueble del que salían imágenes y sonido en el que todos veíamos lo mismo y a la misma hora, hacia una plataforma extensa, ubicua y asíncrona, con todas las posibilidades que ofrece a un público mayoritariamente joven que consume contenidos de otra manera. Un público que ha dejado obsoletas incluso las métricas de audiencia, por lo cual, los datos obtenidos a través procedimientos tradicionales han dejado de ser tan relevantes.

La televisión avanza rápido al modelo de plataforma, ya que los hábitos de consumo de contenidos han cambiado, un consumo que se produce cada vez más de manera asíncrona y ubicua. Estos conceptos van a revolucionar el medio, convirtiéndolo en versátil y a la carta, pudiendo multiplicar los contenidos para dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Como pone de manifiesto Pérez Tornero en su apuesta por tener una plataforma potente desde la que destemporizar el consumo.

El papel de la televisión española para reforzar el castellano y la influencia de la comunidad latina en el mundo.

La visión de un liderazgo para tener una presencia fuerte que sirva a los intereses de la comunidad latina mundial, una vía potente para llevar nuestra identidad y relato, y con ello nuestra cultura, literatura y formas de vida.

Para modernizar un servicio público que parte de muchos tics e inercias del pasado necesitamos un liderazgo con visión y compromiso, gestores de mente digital que entiendan el signo de los tiempos, que no les tiemble el pulso, porque críticas van a recibir siempre. Y cuando esto ocurre, lo mejor es actuar en conciencia, pensando siempre desde el servicio público en lo que lo que la gente necesita, desde un nuevo contrato social con la ciudadanía, como sostiene Pérez Tornero.

Hoy tenemos la suerte de contar con unos gestores de RTVE de gran talento y categoría, que entre otras cosas, ya han manifestado el objetivo de atraer talento, por ese motivo hay una gran esperanza en que la televisión se convierta en un servicio público que nos ayude a enfrentar los desafíos del futuro, como el reto demográfico, la diversidad cultural, la formación profesional y los escenarios cambiantes del mundo del trabajo.

La televisión del futuro ha de construirse desde una reflexión serena en torno a las preguntas: quiénes somos como comunidad, qué queremos ser de mayores y qué oferta podemos ser para el mundo.

La televisión es una herramienta esencial para cambiar el estado de ánimo de una comunidad y condicionar su futuro. Y un futuro próspero solo lo podemos construir desde un estado de ánimo positivo donde la televisión ha de tener un papel protagonista.

Adelante!!!

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