
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Desde hace más de una década, una marea de fondo empuja al mundo hacia gobiernos de ultraderecha con rasgos autoritarios y fascistas. Nace de las transformaciones en la tecnología, la economía y el trabajo, y coge a pie cambiado al liberalismo y la izquierda.
La ultraderecha habla en clave de riqueza e identidad; la izquierda, en clave de pobreza. La ultraderecha se apropió de las palabras libertad, igualdad y solidaridad, mientras la izquierda perdía el monopolio de la utopía frente a la promesa liberal de que todos somos ricos en potencia.
No es solo la crisis de los partidos, sino del modelo que los sustenta: estructuras rígidas para una realidad líquida, donde la selección negativa premia la obediencia y expulsa el talento.
Los partidos tradicionales se han quedado en la letanía de sus programas. Han perdido la conexión emocional con un electorado desideologizado, desclasado y descreído que no se resigna a igualarse por abajo. Reconquistarlo exige transferir entusiasmo y un gran proyecto colectivo de futuro que dé sentido a la vida de la gente.
Los electores podrán perdonar a un líder que se equivoque con su visión, pero nunca que no la tenga.
Adelante!!!
ARTÍCULO COMPLETO
Desde hace más de una década se gesta una marea de fondo que hoy se traduce en gobiernos de ultraderecha con rasgos autoritarios y fascistas a ambos lados del Atlántico. Su origen está en las grandes transformaciones en la tecnología, la economía y el trabajo, a las que se suman la globalización, la ruptura del orden internacional, las guerras y la inmigración. Los cambios de época cogen a pie cambiado al liberalismo y la izquierda, mientras un electorado insatisfecho comienza a escuchar los cantos de sirena de la ultraderecha y el fascismo. Sin pretender simplificar un problema lleno de aristas, a continuación abordo algunas claves que suelen quedar fuera del análisis político.
Los tres grandes modelos políticos y la crisis del relato de la izquierda
La historia de los últimos siglos ha sido la lucha entre tres grandes modelos: el liberal, el socialista y el fascista. Hoy un neoliberalismo depredador, que incorpora buena parte del credo fascista, gana terreno a un liberalismo moderado y a una izquierda desnortada. La izquierda aceptó jugar en campo contrario aceptando las reglas de juego del modelo liberal y se quedó huérfana de horizonte cuando la globalización arrasó con su buque insignia: el Estado del bienestar. Desde entonces no ha sabido articular una oferta convincente para crear riqueza y repartirla.
El relato subliminal de la ultraderecha y el fascismo para engatusar al electorado
La ultraderecha encontró la fórmula: habla en clave de riqueza e identidad, mientras la izquierda habla en clave de pobreza. A los humanos nos gusta que nos regalen el oído como si fuéramos ricos y especiales por pertenecer a un país, una religión o una tradición. Milei, Trump y su corte de imitadores repiten las mismas consignas: todos somos ricos en potencia aunque hay enemigos que esto ocurra (otros pobres, extranjeros, minorías étnicas…). La crisis es su campo abonado. Un relato no necesita ser verdadero para imponerse, le basta con conectar con las emociones colectivas. Y el fascismo nunca desaparece del todo: permanece latente, esperando la próxima crisis.
Cómo la ultraderecha y el fascismo han robado a la izquierda las palabras libertad, igualdad y solidaridad
El golpe maestro fue apropiarse del lenguaje y las banderas del adversario. Primero, instalan la crispación permanente; después, reciclan los mantras de la izquierda. En una sociedad crispada, cada palabra es un acordeón que se estira o se encoge al gusto de quien la pronuncia. Pero su libertad es la de los suyos para hacer y deshacer, su igualdad es la fantasía mentirosa de igualar por arriba a la gente y su solidaridad es caridad y limosna enmascarada. Siempre resulta sospechoso que las zorras den consejos sobre la seguridad del gallinero. Y la izquierda asiste atónita al expolio, en shock, sin capacidad de reacción.
La izquierda ante el desafío de refundar su utopía
Despojada de sus palabras, la izquierda perdió también el monopolio de la fuerza más poderosa para hacer política: la utopía. La que triunfó fue la liberal, que predica que detrás de cada uno de nosotros hay un rico en potencia. La utopía de la igualdad colectiva y la garantía de cubrir unos mínimos vitales para todos ya no seduce a sociedades con las necesidades básicas cubiertas, que la interpretan como igualarnos por abajo. En plena revolución de la Inteligencia Artificial, o la izquierda refunda su utopía en torno a un nuevo contrato social o seguirá declinando hasta su irrelevancia.
Por qué los partidos políticos tradicionales están perdiendo clientes
Los partidos de corte liberal y especialmente los socialdemócratas pierden su influencia mientras se comportan como la orquesta del Titanic. Los cambios profundos en infraestructura (tecnología, producción, trabajo) nos sitúan en la Cuarta Revolución Industrial mientras la superestructura (instituciones, gobernanza, partidos políticos) sigue anclada en el siglo XIX. Muchos líderes creen que la sangría es coyuntural. Y esa es una interpretación letal: cuando un producto no se vende, el problema nunca es del comprador sino del vendedor. No basta con retoques cosméticos en la oferta política de los partidos tradicionales; hace falta una metanoia, una transformación profunda, un cambio de paradigma.
No solo es la crisis de los partidos, es la crisis del modelo que los sustenta
Lo que está en cuestión es el modelo de democracia parlamentaria diseñado para la sociedad industrial. Gobernamos con estructuras rígidas una realidad líquida. La volatilidad electoral y la fragmentación son síntomas, no causas, y ese desajuste es el que capitalizan quienes prometen soluciones simplistas y efectistas. La respuesta debe ser estructural: más participación, deliberación abierta e inteligencia colectiva. Y líderes dispuestos a ceder poder para salvar un sistema que se tambalea.
Errores no forzados de los partidos tradicionales: + talento = – recompensa
Esos líderes rara vez llegan arriba, porque en los partidos opera la ley de la selección negativa: la inteligencia despierta sospechas, la independencia se castiga y la mediocridad es el pasaporte para poder ascender o mantener la posición. No asciende quien más méritos tiene, sino quien menos molesta. Se premian las lealtades perrunas y se expulsa el talento que puede hacer sombra. Como en el cuento del rey desnudo, todo el mundo lo ve salvo quienes pugnan por el poder. ¿Tan difícil resulta comprender la desafección ciudadana ante tamaño despropósito?
Falta de conexión de los partidos tradicionales con la fibra sensible del electorado
Los griegos distinguían tres formas de habitar el tiempo: Cronos, el anodino; Kairós, el vibrante; y Aión, el trascendente. Vivimos atrapados en Cronos, pero buscamos a quien nos saque del gris y nos invite a una aventura colectiva. Los partidos tradicionales se han instalado en la letanía de sus programas, mientras la ultraderecha ofrece una épica de cartón piedra que conecta con los instintos más primarios. La gente necesita una visión poderosa del futuro que dé sentido a sus vidas.
Reconectar con el estado de ánimo de la gente y transferir entusiasmo
Votamos como nos enamoramos: movidos por la emoción que alguien despierta en nosotros. La razón llega después, como coartada. Pero el entusiasmo no se puede fingir; solo emociona quien está emocionado, y necesita una promesa creíble que alinee carácter, argumento y emoción. La clave es leer el estado de ánimo de la gente y llevarla de Cronos a Kairós y Aión. Contar las propuestas en cinco minutos y dedicar la hora restante al gran proyecto colectivo de futuro. Esa es la diferencia entre un jefe y un líde
Un electorado desideologizado, desclasado y descreído: claves para su reconquista
El votante ya no es el que era. La sociedad sólida se volvió líquida, y el voto automático de izquierdas ha menguado sin que sus cúpulas se enteren. Reconquistarlo exige un relato de futuro que dé sentido a la vida de la gente, que conecte con el alma de la comunidad y convoque a una gran obra colectiva por la que merezca la pena luchar. Ya no basta con estudiar la víspera del examen. La política de las formas sobre el fondo tarde o temprano decaerá.
La invasión de la derecha de los caladeros tradicionales de la izquierda
Hace medio siglo, la inmensa mayoría de la población nos identificábamos con orgullo con nuestra clase social. Hoy, buena parte de las clases trabajadoras vive su situación como algo transitorio y le molesta que la clasifiquen en ese grupo. Mucha gente prefiere jugar con la fantasía de ser rica algún día. Una oferta centrada en igualar a la gente por abajo es candidata a cadáver. El gran desafío de la izquierda es multiplicar el número de personas que prosperan, sin que nadie se quede atrás. Y esa batalla ideológica y de relato la tiene perdida.
¿Los votantes están abandonando a sus partidos o los partidos están abandonando a sus votantes?
Las personas somos fieles a nuestras marcas y solo las dejamos cuando nos sentimos agraviados mucho tiempo. Cuando los partidos esconden en los cajones problemas acuciantes como la vivienda o la seguridad, otros los convierten en consignas populistas. El futuro no se construye preguntando al pasado, y las fidelidades perrunas ya no alcanzan para ganar elecciones.
Una mirada más completa sobre las fuerzas de fondo
Son muchos y complejos los factores que configuran el panorama político actual, influidos por grandes grupos de poder e intereses económicos que mueven los hilos de nuestras propensiones y decisiones. Aquí solo he querido iluminar algunos rincones donde no se suele poner el foco, para ayudar al lector a tener una visión más completa y holística de las fuerzas que están actuando. La historia nos enseña que nada está ganado, que las libertades hay que pelearlas cada día y que en muy poco tiempo una sociedad puede despertar en una distopía difícil de desmontar. Los electores podrán perdonar a un líder que se equivoque con su visión. Lo que no le perdonarán nunca es que no tenga una visión.
Adelante!!!
*Nota. Para profundizar más en el artículo, accede a los siguientes enlaces:
Los tres grandes relatos que marcan el devenir político y la crisis del relato de la izquierda
El relato subliminal de la ultraderecha y el fascismo para engatusar al electorado
Cómo la ultraderecha y el fascismo han robado a la izquierda las palabras libertad, igualdad y solidaridad
La izquierda ante el desafío de refundar su utopía
Por qué los partidos políticos se quedan sin clientes
No solo es la crisis de los partidos, es la crisis del modelo que los sustenta
Errores no forzados de los partidos tradicionales: + talento = – recompensa
Falta de conexión de los partidos tradicionales con la fibra sensible del electorado
Reconectar con el estado de ánimo de la gente y transferir entusiasmo
Un electorado desideologizado, desclasado y descreído: claves para su reconquista
La invasión de la derecha de los caladeros tradicionales de la izquierda
¿Los votantes están abandonando a sus partidos o los partidos están abandonando a sus votantes?
