El nuevo contrato social.

Aunque no tenemos perspectiva para verlo, un nuevo contrato social se está fraguando en estos momentos. La batalla se está librando en torno a 3 grandes relatos: el liberal-capitalista, el neoliberal-capitalista-depredador (que gana terreno día a día al modelo “liberal moderado”), y el maltrecho relato de la izquierda que vaga desnortado, incapaz de articular una oferta seductora para la ciudadanía.

¿Qué modelo se acabará imponiendo? De momento, las espadas están en todo lo alto, aunque con una fuerte pujanza del neoliberalismo depredador (Trump, Bolsonaro, Johnson, Orban….). En esta deriva, está por ver hacia dónde evolucionará el liberalismo moderado y la propuesta de la izquierda socialdemócrata emparentada con movimientos sociales, feministas y ecologistas, que comienzan a movilizarse  para dar respuesta a fenómenos como las desigualdades, los desmanes del neoliberalismo o la emergencia de la crisis climática. ¿Serán capaces de articular una propuesta que aúne sostenibilidad, economía, igualdad y aspiraciones ciudadanas? Es una incógnita que está por ver con episódicos brotes verdes, como en EEUU con Biden.

¿La propuesta liberal moderada será capaz de nuclear un relato que se haga cargo de las demandas ciudadanas y actualizar su ideario a las realidades de la Cuarta Revolución Industrial? De momento no muestra una tendencia clara, desde posturas moderadas, conservadoras y sociales encarnadas en personalidades como Merkel o Macron, a otras que abiertamente se echan en brazos de la extrema derecha, como es el caso español, iniciando una peligrosa senda de tintes xenófobos, nacionalistas y negacionistas.

De toda esta vorágine, quien saca una ligera ventaja es el neoliberalismo depredador, que se está haciendo fuerte incorporando a su relato parte del ideario fascista (hasta ahora incompatible con el liberalismo moderado).

Aunque el tablero de la gobernanza mundial está al rojo vivo y los acontecimientos se precipitan a una velocidad de vértigo, estas son las fuerzas nucleares que van a definir el mundo y la configuración de las sociedades del futuro. Es posible que el régimen en el que vamos a vivir nosotros y nuestros hijos, se esté larvando ahora ante nuestra pasividad, delante mismo de nuestras narices, pudiéndonos llevar irremediablemente a una distopía difícil de desmontar cuando los hechos se hayan consumado.

Los ejemplos de la historia.

La historia de la humanidad se ha fraguado en torno a contratos sociales que han podido ser fruto de cierto consenso ciudadano en algunos casos, o desde la imposición por parte de alianzas entre poderes (en la mayoría). El primero de ellos fue el acuerdo para cambiar la vida nómada de cazadores y recolectores por otra sedentaria de agricultores y ganaderos. Las grandes civilizaciones de la antigüedad se sustentaron sobre contratos sociales que nuclearon sus sociedades actuando como la fuerza centrípeta que las mantuvo unidas. La democracia ateniense en el siglo VI antes de Cristo supuso el invento de un contrato social original del que somos deudores 25 siglos después, cuestión que nos habla a las claras del carácter cíclico de la historia donde algo que parece muerto, como la democracia o el fascismo, puede volver a revivir en cualquier momento. La Edad Media en occidente llegó con un contrato social que separaba a los individuos en tres estados (oradores, bellatores, laboratores). El fascismo y el comunismo nos propusieron dos contratos contrapuestos y enfrentados cuyas propuestas, maquilladas en algunos casos, aún están en el tablero en el que se decide la historia.

Cuando se trata de contratos sociales (acordados o impuestos), las sociedades no siempre hacen la mejor elección, más al contrario, la historia elige las más de las veces un camino torcido. Y si no que se lo pregunten a los antiguos cazadores-recolectores que empeoraron su calidad y esperanza de vida cuando se convirtieron en sedentarios, a los atenienses que cambiaron la democracia por la tiranía, a las miserias de una sociedad terrible de amos y siervos del Medioevo, o al desastre del comunismo y el fascismo en la Europa del siglo XX donde los muertos se contaron por decenas de millones.

Modelo de contrato social hegemónico.

Todo momento histórico tiene un modelo de contrato social dominante que acaba ejerciendo su influencia a escala global, y más aún en la era de la globalización. En este momento la guerra silenciosa que se está librando, es una guerra de relato y de poder, de quién se llevará el gato al agua. ¿La izquierda será capaz de articular un relato poderoso capaz de seducir a la ciudadanía en coalición con los movimientos ecologistas y otras fuerzas sociales? ¿El neoliberalismo depredador terminará fagocitando al liberalismo moderado? ¿El liberalismo moderado actualizará su ideario y dará respuesta a las emergencias sociales y a la crisis climática?

Sea como sea las espadas están en todo lo alto, desde los centros económicos de poder que movilizan su poderosa artillería mediática con una influencia  de manipulación descomunal, ante una ciudadanía atolondrada, descreída y cabreada con un contrato social declinante y unos órganos de representación política que son incapaces de cumplir  sus promesas.

El panorama de la gobernanza planetaria es variopinto, complejo y lleno de aristas. En todo este escenario será determinante seguir de cerca la evolución del contrato social en China, una difícil ecuación por resolver en un régimen que se declara comunista y en la práctica está camino de ser la primera potencia hegemónica del capitalismo. ¿Hacia dónde evolucionará su modelo de gobernanza? Es una incógnita. Lo que está claro es que su devenir será clave en la configuración del contrato social global.

¿Hacia dónde se encaminará el mundo árabe? ¿Cómo evolucionará la India, como la mayor democracia del mundo? ¿Hacia dónde irá la Unión Europea y su modelo social? ¿Surgirán movimientos internacionalistas y multilaterales inspirados en los ideales de la paz y el cosmopolitismo?  ¿Se reforzarán o surgirán organismos internacionales como la ONU para abordar la gobernanza global y un new deal? ¿El liberalismo salvaje eliminará el multilateralismo y volveremos a los nacionalismos destructivos?

Pérdida de la calidad democrática global.

En todo caso estamos asistiendo a una perdida de la calidad de las democracias a medida que el viejo contrato social se deteriora.

Las ideologías y los partidos tradicionales tendrán que hacer un ejercicio para adaptarse a los nuevos tiempos. El liberalismo moderado tendrá que realizar un esfuerzo por asumir algunos de los postulados clásicos de la izquierda (aumento de impuestos,  gasto público, cobertura, green new deal, decrecimiento, aumento de los salarios, fiscalidad global, justicia social…). Y la izquierda tendrá que evolucionar hacia una propuesta para abandonar viejos atavismos (crear riqueza, promover el talento y el espíritu emprendedor, transformar la educación, alianza con el tejido empresarial, redefinición del concepto del trabajo, flexibilidad laboral…). 

Si los relatos del liberalismo y la socialdemocracia no evolucionan para dar respuesta a las demandas ciudadanas para vertebrar un nuevo contrato social desde la defensa a ultranza de la de la democracia. El camino quedará allanado para que el neoliberalismo depredador y otras distopías herederas del comunismo y el fascismo arrasen el mundo con sus disparatadas fantasías  y poderosos señuelos donde el negacionismo, el nacionalismo destructivo, el odio, la negación del diferente y la xenofobia camparán a sus anchas.

La historia nos enseña que nada está ganado, que las libertades hay que pelearlas y conquistarlas cada día, que en poco tiempo se da un vuelco a los acontecimientos, se reencauza la historia y nace una distopía. Nos estamos jugando mucho, nos estamos jugando nuestro futuro y el de las futuras generaciones.

No podemos permanecer impasibles ni un minuto más ante los riesgos a los que estamos expuestos.

Adelante!!!

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