Seguro que alguna vez le habéis preguntado a un niño o a una niña “qué quiere ser”. Pero, ¿habéis repetido esa misma cuestión a alguien adulto o a un adolescente?
A mí desde luego, no me lo preguntaron, ¡y cuánto me hubiese ayudado!

Seguro que alguna vez le habéis preguntado a un niño o a una niña “qué quiere ser”. Pero, ¿habéis repetido esa misma cuestión a alguien adulto o a un adolescente?
A mí desde luego, no me lo preguntaron, ¡y cuánto me hubiese ayudado!

Si eres madre, profesor, empresaria, coach, mentor, orientadora laboral, director, gerente, consultora…; ya te habrás dado cuenta hace tiempo que las recetas para ayudar a las personas que tienes a tu cargo no funcionan. Cuentos como: “estudia, esfuérzate y saca buenas notas” o “sigue instrucciones sin pestañear para ser un trabajador ejemplar” son papel mojado.

Nació en un mundo individualista y de competición, exangüe tras años de esfuerzo y sacrificio persiguiendo sueños efímeros, comprobó que no había logrado nada. Cuando nuestro personaje parecía que lo tenía todo perdido, tuvo una intuición, ideó un plan, tejió una red, la introdujo en un saco y se fue a la caza de talento.

Podemos elegir mirar el mundo desde los ojos de las águilas o hacerlo a ras de suelo, es solo una elección de la que dependerá por completo nuestro impacto y resultados. Observar el mundo desde la altura no es patrimonio de los que nacieron en las cumbres, es una actitud que se puede convertir en una habilidad para lidiar con la compleja tarea de conducir nuestras vidas y las de nuestras organizaciones. Te lo cuento con una breve historia.

Nuestras organizaciones ante el dilema del cambio. Todos sabemos que la mayor parte de nuestros gobiernos, administraciones, partidos políticos, sindicatos, patronales, asociaciones, empresas, comunidades, familias…; están viviendo una crisis en toda regla. Basta con ojear la calidad de la democracia y la altura de los líderes de las principales potencias del mundo, el ciclo de vida de nuestras empresas, el divorcio de las organizaciones sociales con los ciudadanos, la crisis de la familia tradicional, el anquilosamiento de la administración. Aunque no lo reconozcamos en público, en privado admitimos una profunda desazón al ver como las organizaciones que nos cobijaban y nos daban seguridad se desmoronan. Te vamos a ayudar a que diagnostiques los factores que están deteriorando tu organización y a que elabores un plan para relanzarla.
