El reparto de nuestro tiempo de aprendizaje en la Cuarta Revolución Industrial.

Reparto del tiempo de aprendizaje.

– 5% (tecnología)
– 35% (reciclaje profesional continuo)
– 60% (soft skills)

En este momento de disrupción tecnológica nos preguntamos qué competencias tenemos que adquirir, qué tiempo tenemos que dedicar a los diferentes aprendizajes o cuánto nos ocupará la adaptación permanente a la tecnología. A lo largo de la historia, los seres humanos hemos dedicado un tiempo al aprendizaje de una tecnología (fabricación de bifaces, puntas de flecha, recipientes de barro, telares) que perduraba por miles de años sin apenas cambios. Pero hoy la tecnología cambia cada día y tenemos que diseñar nuevas estrategias de aprendizaje para poder  incorporarla rápidamente a nuestros trabajos, ocupaciones y actividades.

Sin embargo, el objetivo del aprendizaje de la tecnología para australopitecos, pitecántropos, neandertales o sapiens ha sido satisfacer sus necesidades (cazar animales, proveerse de alimentos o fabricar el vestido). El fin último de la tecnología es hacer cosas útiles con ella (resolver problemas, mejorar la productividad, crear valor), algo que por momentos parece que olvidamos con demasiada frecuencia.

¿Qué cosas tenemos que aprender y cuánto tiempo dedicar al aprendizaje?

Son preguntas recurrentes en un mundo hipertecnologizado, que nos hace olvidar que las competencias más importantes no son las que tienen que ver con los aparatos, sino las que nos ayudan a crear valor con esos aparatos, porque un burro con dispositivos de Inteligencia Artificial, sigue siendo un burro.

En general, sin ser una regla fija porque esto depende de los propósitos de cada persona, nos podría servir de orientación el tomar como referencia la dedicación de un 60% de nuestro tiempo al cultivo de competencias clave para el siglo XXI (soft skills o competencias genéricas), un 35% a la actualización de nuestras competencias profesionales y un 5% al reciclaje tecnológico. Claro, todo ello después de haber completado nuestros estudios.

¿Quién es quién en el ecosistema tecnológico?

Los trabajadores de la tecnología u obreros tecnológicos (creadores de software, programadores…) pican piedra para las empresas tecnológicas. Las grandes empresas tecnológicas fabrican productos y servicios en masa (software, aparatos) para los consumidores finales. La inmensa mayoría de consumidores finales utilizan la tecnología de manera improductiva (chismorrear, jugar, pasar el tiempo…). Otra fracción de consumidores la usan para aprender, realizar trámites y otras actividades. Y algunas empresas y emprendedores acomodan la tecnología a sus actividades para elevar su productividad y generar nuevas ofertas, productos y servicios.

Cada uno de los referidos públicos tiene una necesidad diferente de aprendizaje y dedicación a la tecnología, pero la tecnología no deja de ser una materia auxiliar para la creación de valor, porque más importante que una herramienta para cazar, son las habilidades para convocar a la caza, trabajar en equipo, coordinar acciones y conseguir alimento para la tribu. Algo que podríamos aplicar a un smartphone o a cualquier artefacto moderno.

En el mundo de la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial, cada público tiene que decidir su rol en función de sus intereses, tamaño y posibilidades, sabiendo que al nivel de Elon Musk, Steve Jobs o Jeff Bezos solo llegan unos cuantos en el mundo cada 20 años. Entonces seamos realistas y elijamos bien a qué queremos apostar, porque hay muchas posibilidades para utilizar la tecnología disponible, generar productos y servicios e innovar. La clave principal es descubrir lo que nos brinda y crear valor con ella.

Por ahora, la tecnología es una economía en manos de un puñado de gigantes (gigantes tecnológicos) que fabrican bienes y servicios para una masa enorme de consumidores zombis. Sin embargo, su apropiación genera una constelación enorme de oportunidades para desarrollar millones de negocios y actividades nuevas. Y en este contexto, cada actor tiene que decidir una estrategia y un plan de aprendizaje en función del papel que quiera jugar: los gigantes tecnológicos acaparando talento, competencias científicas y acumulación de capital, los obreros tecnológicos aprendizaje técnico, los usuarios aprendizaje básico en el uso de la tecnología que producen los primeros, los trabajadores acoplando la tecnología a sus actividades, y los emprendedores, empresas y personas audaces, generando valor con la aplicación de la tecnología emergente a sus actividades.

La clave está en acoplar las tecnologías emergentes a cada uno de nuestros trabajos y oficios para reinventarnos permanentemente y ser mejores profesionales, más creativos, innovadores, emprendedores y líderes.

La curva de aprendizaje de la tecnología es cada vez más corta, a la vez que se acorta también su ciclo de vida.

El avance de la tecnología reduce su curva de aprendizaje. Si hace 30 años había que convertirse casi en un experto, aprender manuales y funciones de teclado para operar con un procesador de texto, hoy podemos hacerlo dictándoselo a un programa. A medida que la tecnología avanza, se hace más fácil, intuitiva y usable.

El aprendizaje de la tecnología hoy, a diferencia de un fabricante de utensilios del Neolítico o de un artesano medieval que podían dedicarse durante generaciones a reproducir una técnica para fabricar los mismos artículos, está en que tenemos que aprender en el día a día porque la tecnología es fungible y su cicla de vida se acorta cada vez más, teniendo que dedicar un tiempo para el seguimiento permanente a lo emergente y acoplarlo a lo que hacemos como un aprendizaje continuo, porque la clave no es aprender a usar la tecnología, sino desarrollar sentido criterio y enfoque práctico para resolver problemas y crear valor y riqueza con ella.

La dedicación del 60% de nuestro tiempo de aprendizaje a las competencias clave (soft skills o competencias genéricas).

Y ese aprendizaje consiste en escuchar al otro, interpretar sus necesidades, preocupaciones, deseos y aspiraciones; invitar a otras personas a vivir aventuras y hacer cosas juntos, hacer promesas significativas y ofertas seductoras; crear equipos, colaborar… Competencias todas ellas que ya funcionaban en el Paleolítico y seguirán siendo determinantes en la era de la Inteligencia Artificial, pues están íntimamente unidas a la “tecnología del lenguaje humano” y al diseño de la Inteligencia Artificial.

Para ser exitosos, deberemos cultivar las habilidades emocionales (aprendemos cuando nos emocionamos y hacemos), desarrollando modelos basados en el aprender haciendo en torno a las siguientes técnicas: aprendizaje basado en proyectos, invisible, activo, auténtico, basado en la investigación, solución de problemas, retos, colaborativo, flexible, invertido, experiencial-vivencial, para el servicio, construccionismo, conectivismo, aprendizaje autoorganizado, espacios makers, gamificación, mentorización, entre pares, basado en casos, etc.

Y todo esto nos obliga a salirnos del pensamiento lineal y adoptar el pensamiento lateral y fuera de la caja, porque estamos en un cambio de paradigma en toda regla que nos exige una mente abierta al cambio y flexible, donde abrir nuevos caminos y establecer conexiones improbables será clave.

Y todo lo dicho hasta ahora incluye el desarrollo de sensibilidad, inteligencia colectiva y aprendizaje cooperativo.

Un 30% de dedicación del tiempo al aprendizaje de los cambios asociados a nuestra profesión.

Porque las carreras, las profesiones y los trabajos se han convertido en fungibles y obsolescentes, necesitando una actualización permanente de los conocimientos.

Un 5% del tiempo para las competencias tecnológicas.

En un ejercicio permanente de exploración, absorción tecnológica,

acomodación y aplicación práctica a nuestras actividades. Un continuo de aprender, desaprender y reaprender.

Para adaptarnos al entorno deberemos adoptar nuevos modelos de aprendizaje (Modelo 6-9).

Modelos que incorporen las competencias que son la base del conjunto de aprendizajes.

La lógica histórica del aprendizaje y sus tiempos se ha roto. El patrón por el que dedicábamos 1/3 de nuestra vida a aprender, 1/3 a aplicar lo aprendido (trabajar) y 1/3 a la jubilación está muerto. Hoy no vale con aprender a lo largo de la vida, tenemos que aprender a lo largo del día. Y en plena era de la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial, las competencias clave son mucho más importantes que las tecnológicas.

Adelante!!!

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