¿Sociedad del bienestar? Una sociedad atontada.

Una desgracia es nacer en un ambiente de pobreza y marginalidad, pero lo peor que te puede ocurrir es nacer en el seno de una familia que se cree que es rica pero que en realidad no lo es. En ese ambiente las cosas importantes de la vida pierden la noción de valor, el instinto se atrofia y el gato deja de cazar ratones.

VOCACION-PROFESION

Vivimos en una sociedad enferma en la que nos hemos acostumbrado a conseguir nuestros deseos con un mínimo esfuerzo. En algunas zonas del planeta como es el caso de muchos países de la Unión Europea hemos vivido unas décadas de “vacas gordas” en las que nos adormecimos con la falsa ilusión de que la reivindicación era suficiente para colmar una lista de necesidades que no paraba de crecer, a medida que se reducían nuestras obligaciones y deberes.

En este caldo de cultivo se forjó un ideal de sociedad y un paradigma de ser humano basado en el individualismo y el hedonismo, donde cada persona buscaba la satisfacción de sus deseos, casi siempre vinculados a factores materiales, mientras que el estado providencia velaba por cubrir las necesidades de todos.

El fluir de la vida en estas circunstancias discurría por un itinerario en el que el estado y las instituciones actuaban como proveedoras de los medios para que los individuos se desenvolvieran casi sin necesidad de esfuerzo.

A cualquier persona le bastaba con estudiar y seguir unos itinerarios definidos para luego alcanzar un trabajo bien remunerado con el que ganarse la vida, y poderse dedicar más tarde a buscar la realización y la felicidad. Profesión-vocación-talento-felicidad por lo general eran realidades disociadas.

En esa vorágine, una gran mayoría de personas no se sentían realizadas en su trabajo, que se convertía en un mal necesario para conseguir los recursos con los que buscar la felicidad por otra vía.

El instinto natural del ser humano que está unido a la acción, la transformación y el cambio, se narcotizó. En nuestro recuerdo genético está el nomadismo, levantarse cada día y procurarse el alimento, recolectar, proyectar la caza, producir utensilios y herramientas, proveerse el vestido, construir el hábitat … Y de aquí hemos pasado a vivir en una incubadora, en un invernadero, en espacios de falso confort que nos privan de las sensaciones más auténticas de la vida.

Cuando el esfuerzo y el espíritu de superación decaen se abre el espacio para la queja que lleva a la reivindicación, a la minoría de edad, a la pérdida del compromiso y el valor de la palabra dada… Una sociedad sin metas, sentido del legado, deseos, grandes ideales, causas por las que luchar, principios firmes …

Mi abuela vivió todos los rigores de la guerra y la posguerra, tuvo que sacar adelante, ella sola, a sus tres hijas en condiciones muy difíciles. En la oficialidad era analfabeta, pero en la realidad tenía una gran cultura, junto a ella viví algunos de los años más felices de mi vida, ella me enseñó desde muy pequeño muchos secretos de la naturaleza, a recolectar y utilizar una infinidad de especies silvestres como alimento y medicina, a preparar trampas para cazar animales, a curar los males del alma… Mi abuela mantuvo vivo mi instinto humano, ese que nos impulsa a integrarnos con la naturaleza, a buscar el sustento, a emprender. De ella aprendí a cultivar la recursividad humana y a sacar el máximo partido de la escasez de medios, a ella y a su coraje le debo mucho más que a la universidad. Cada vez que mi duende malo se pone en modo queja, ella se me aparece y me da una colleja para quitarme la tontería del cuerpo.

Por desgracia, muchos jóvenes de hoy tienen abuelas mucho más “cultas” pero no tan sabias como la mía y las de mi generación. Estamos creando ecosistemas artificiales para el desarrollo de nuestros jóvenes, y lo vamos a pagar muy caro. Cuando uno se cría en un invernadero le resulta muy difícil abandonarlo porque fuera hace mucho frío o calor, y claro, nos encontramos con una generación de niños de 30 y 40 años que se resisten a abandonar la madriguera, con la excusa de que fuera no hay trabajo, no hay oportunidades… Si levantaran la cabeza nuestras abuelas se descojonarían de la risa.

Necesitamos activar el “hambre”, la ambición positiva, el atrevimiento, la pasión por vivir y conjugar los recursos que tenemos a nuestro alcance …. Remover a una sociedad que está entumecida y quejumbrosa, donde cada individuo está lamiéndose sus heriditas por los rincones, esperando a que su familia, el gobierno o la divina providencia le allane el camino para vivir cómodo.

Sé que lo que digo no es políticamente correcto, creo firmemente en la aspiración colectiva para que todos vivamos con dignidad, pero para ello necesitamos que los individuos y las organizaciones desarrollen su máximo potencial. Y desde luego, eso no lo estamos consiguiendo porque en una sociedad adormecida sus miembros no pueden dar lo mejor de sí mismos. Debemos refundarnos como seres humanos y como sociedad, repensarnos y tomar otro rumbo porque el actual nos lleva al desastre seguro.

Nuestro insostenible sistema lo mantenemos a duras penas endosando la deuda de nuestros excesos a las generaciones futuras y eso es éticamente inaceptable. O espabilamos o la cagamos.

Nunca en la historia el ser humano ha tenido tantos medios a su alcance para transformar su mundo para crear valor, emprender, liderar y hacer una diferencia. Nuestra crisis no es material o de recursos, nuestra decadencia es espiritual, es existencial, de niños caprichosos que viven en la falsa creencia de que son ricos.

Estamos en una encrucijada sin retorno, el futuro no está escrito, puede que nuestras energías se agoten en el intento de reconstruir el invernadero que nos protegió y creó nuestra falsa zona de confort por un tiempo. O por el contrario nos apliquemos con energía para construir un nuevo ecosistema que nos conecte con las esencias del ser humano, esas que hicieron posible nuestro afán infinito de conocer lo más grande y lo más pequeño, vivir en armonía con la naturaleza, buscar la belleza en todas sus manifestaciones o viajar por el universo.

Tú decides. Alea iacta est.

Adelante!!!

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4 pensamientos en “¿Sociedad del bienestar? Una sociedad atontada.

  1. Carlos Nava Condarco

    Lo felicito!! Ha realizado una descripción fantástica de un criterio que comparto completamente. Cuesta mucho hacer un resúmen de esta categoría en un tema tan importante y complejo. Reciba todos mis respetos!

    Responder
  2. Fernando Nevado

    Juan Carlos, te suscribo y te confirmo. Estamos ante la antesala, calma y quieta, de un sunami. Cae verdadero orín del cielo y decimos que llueve. No es posible mantener por mas tiempo esta pubertad social y las consecuencias están claras.

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  3. Juan Carlos Casco

    Gracias Carlos y Fernando por vuestros comentarios, somos muchas las personas que compartimos la necesidad de una refundación.

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  4. Manuel

    Juan Carlos creo que acabas de cargarte el sueño americano y las campañas de marketing para potenciar el consumo cuando se consolidó la era industrial (que los míos tengan lo que yo no pude tener o que mis hijos no se sientan discriminado por no tener lo mismo que los demás, etc…), como nos lo tragamos, joder que rabia.

    Pero amigo, ¿ahora que?, ya todos somos tontos y muchos, como mantenemos este sistema, como explicamos a nuestros hijos que todo era mentira, como les decimos que lo de trabajar en el mercadillo con siete años a las cinco de la mañana fue algo bueno que nos ocurrió a nosotros, porque de esta manera desarrollamos recursos naturales del ser humano que nos permiten superar situaciones en la vida y hacernos a si mismos. La verdad es difícil, creo que tenemos que hablar más de esto, creo que debemos decirles a los niños desde muy pequeños que lograr las cosas requieren de un esfuerzo, que nada es dado porque sí, que todo lo que se recibe en la vida tarde o temprano tiene que ser devuelto, que posiblemente estarán solo para responder ante la deuda con la sociedad y como no, con el planeta.

    Es cierto que vivimos anestesiados con el derecho a que las cosas nos sean facilitadas, esto se debe a los modelos políticos de las últimas décadas, yo diría que facilitar recursos es la moneda más efectiva de un grupo político para lograr lo votos que lo conducirán al poder, pero ahora vemos que esta moneda es tóxica, produce anestesia y por consiguiente perdida de instinto de supervivencia.
    Posiblemente la nueva era en la que estamos entrando y a la velocidad que se desarrollan las cosas, el poder de la ciencia puede anular el poder político tal y como lo conocemos en el mundo en no mucho tiempo, es posible que la ciencia genere ofertas políticas que no tengan que ver con la historia, que al final entendamos que la historia solo sirve para ser escrita y leída, pero que al final es historia, y que los que nos levanta cada día es la necesidad de vivir en armonía y disfrutar el día que tenemos por delante a tope, con pensamientos libres que nos conviertan en líderes de nosotros mismos para perder el miedo al fracaso, ganar confianza ampliando nuestros recursos individuales, empoderar nuestras habilidades para retener riqueza y tantas cosas buenas que podemos lograr con los medios actuales.
    Los políticos en todos los tiempos entendieron bien que mantener la ignorancia en la sociedad es clave para mantener el poder, hoy día están tan anulados que en algunos casos tratan de llamar a nuestra ignorancia diciendo que se enteran de las inquietudes sociales por los periódicos, cuando en realidad viven enganchados a las redes sociales donde las noticias son instantáneas, su excusa es que se enteran tarde y a medias, nadie los cree, Internet se está cargando el sistema político que conocemos, el mundo está comunicado y con el tiempo cada vez se les cree menos, están muriendo como líderes y naciendo como ignorantes ante una sociedad cada vez más informada y consciente de la realidad.

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