Recomponer el ecosistema rural para enfrentar el reto demográfico.

El mundo rural, un sistema complejo en desequilibrio y riesgo de extinción.

Vamos a analizar la debilidad del ecosistema rural en una serie de artículos, al objeto de poder entender los factores, actores, relaciones y mecanismos que están operando en un “sistema ultracomplejo” como es el mundo rural, cuyos diagnósticos y recetas realizados desde las cátedras y despachos, en lugar de ayudar a su desarrollo, están cavando su tumba.

¿Por qué las comunidades rurales se estancan? ¿Cuáles son sus problemas sistémicos? ¿Dónde están sus frenos al desarrollo? Son preguntas que una y otra vez se plantean las instituciones, los responsables políticos, los técnicos y planificadores del desarrollo local, repuntas cuyas respuestas requieren de un conocimiento en profundidad de la realidad rural, como un ecosistema con grandes desequilibrios que frenan el desarrollo y la creación de valor. Y todo ello mientras se siguen aplicando recetas y soluciones que no producen resultado alguno.

Conocer las debilidades del ecosistema rural.

Podíamos definir al mundo rural como un ecosistema débil con tremendos déficits y desequilibrios que se mantiene en precario con “respiración asistida”, caracterizado por la ausencia de tradición en la innovación, cuando no por una actitud refractaria al cambio, conectividad e infraestructuras deficientes, falta de tradición emprendedora, redes de colaboración y diversidad humana precarias, difícil acceso a la financiación, marcos regulatorios que frenan la iniciativa y las inversiones, ausencia de liderazgo y agentes movilizadores.

En los entornos rurales no hay ambientes propicios ni espacios emocionales para el desarrollo de nuevas ideas, espíritu de creación compartida y colaboración, ni valoración social de las personas que ponen en marcha nuevas iniciativas y arriesgan.

Por otro lado, las actividades tradicionales y la tecnificación agroganadera han reducido drásticamente el número de explotaciones, liberando mano de obra que no encuentra acomodo en el desarrollo de otras actividades que generen más valor añadido, mientras que la deficiencia en las redes de comunicación e infraestructuras dificultan las inversiones y la creación de nuevas empresas.

Todos estos factores generan un ecosistema frágil que se mantiene por parte de las administraciones en forma de subsidios y transferencia de capital (esta es la respiración asistida que antes mencionábamos).

Desde este análisis que hemos completado en una serie de artículos (ver apartado de artículos relacionados al final del post), es esencial descubrir las fallas que se producen en el correcto funcionamiento del “ecosistema rural” como un aspecto central para la planificación y ejecución de las políticas públicas en el medio rural. Entre otras cosas porque las inversiones que se realizan no surten los efectos deseados (infraestructuras sin uso, polígonos industriales sin actividad, políticas de emprendimiento erráticas, programas formativos que cumplen la función contraria a la deseada…).

El error de aplicar modelos estándar para el análisis y ejecución de políticas de desarrollo rural.

Para actuar sobre el mundo rural no solo es necesaria la descripción de sus realidades mensurables (demográficas, económicas, laborales…), porque existen factores subyacentes de carácter intangible cuya influencia pasa desapercibida. Se trata de factores culturales cono la visión limitante del mundo, la dificultad para ver posibilidades, la falta de iniciativa, o la resignación.

Para el trabajo diario en el medio rural con sus actores y la toma de decisiones, son necesarias nuevas herramientas y estrategias compartidas por parte de autoridades, funcionarios, financiadores, agentes de desarrollo, gerentes de programas, facilitadores, gestores culturales, influenciadores, medios de comunicación, etc.

Casi toda la literatura de ecosistemas para la innovación y el emprendimiento existentes se circunscriben al estudio de casos en economías desarrolladas, entornos urbanos y referentes de éxito, como Silicon Valley, Bangalore, Sidney o Toronto. Cuando hablamos de desarrollo local en entornos rurales, cometemos el error de extrapolar algunas realidades, tendiendo a generalizar o a dar por sentado mecanismos que no funcionan de la misma manera en el mundo rural. Una consideración esencial a tener en cuenta para corregir sus deficiencias, fortalecer sus mecanismos y generar modelos de transferencia para su escalabilidad.

Para intervenir en un sistema hay que interiorizarlo y entender cómo funciona.

Un error que se comete muy a menudo por parte de los burócratas desde los despachos, o los académicos desde la transposición de modelos estándar descontextualizados.

La realidad rural es un sistema complejo.

En primer lugar porque existen un gran número de elementos que están interconectados entre sí, cuyos vínculos crean información adicional no visible por un observador que desconozca el contexto. Como resultado de las interacciones entre elementos, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de los elementos aislados. Y que, en muchos casos, dichas interacciones, producen resultados diferentes a las generadas en otros sistemas.

Conocer las complejidades del ecosistema rural nos va a ayudar para determinar sus fortalezas y debilidades y, en consecuencia, actuar sobre ellas. Es decir, operar sobre el contexto para producir resultados, teniendo en cuenta las posibilidades y las oportunidades, así como el descubrimiento de los elementos que faltan o los déficits existentes en los mismos. Poniendo en evidencia las debilidades que lastran la producción de resultados.

El ecosistema rural es como un ser vivo conformado por una serie de elementos, relaciones entre ellos, y un propósito que determina los resultados que produce (intencionados o no).

Con frecuencia los modelos propuestos desde la planificación estratégica, ponen su énfasis en los factores materiales (tangibles), pero ignoran o soslayan los factores culturales y sociales (intangibles), que a la postre son más determinantes que los primeros.

De un primer análisis resulta que el ecosistema rural frena la innovación y el emprendimiento.

Expresándonos en propiedad, tendríamos que hablar de ecosistemas rurales, ya que la realidad rural no es uniforme en el ámbito regional, nacional o global; existen diferentes variantes respecto a la configuración de los actores y sus relaciones.

¿Qué elementos componen el ecosistema rural? ¿Cómo interactúan los elementos?

Podríamos alcanzar fácilmente un consenso para identificar los elementos que configuran y están presentes en el sistema rural, porque se trata de un simple ejercicio descriptivo. Otra cosa es determinar la intensidad y su peso en el funcionamiento del sistema, así como la complejidad de sus interacciones. 

Utilizando la analogía del ecosistema rural con un ser vivo, la complejidad es similar a la diferencia que hay entre describir las partes de una célula y entender su funcionamiento desde las interacciones entre sus órganos. Una cosa es la descripción del sistema y otra establecer el modelo de la dinámica del sistema.

El ecosistema rural es un sistema complejo que responde a un propósito, unos elementos, y unas relaciones entre ellos.

El propósito: lo podríamos definir como una movilización de sus actores para alcanzar un modo de vida sostenible que proporcione bienestar a sus habitantes, generando bienes y servicios para la sociedad. El propósito puede ser explícito o bien definirse a través de los resultados que produce. Suele responder a los valores, visiones y aspiraciones de las personas que viven en el territorio.

Los elementos esenciales del sistema son las personas, las organizaciones, los recursos, el capital, etc.

Debemos tener en cuenta también las relaciones e interconexiones existentes entre estos elementos.

Las tres categorías principales de elementos del ecosistema rural son:

  1. Actores: organizaciones, entidades e individuos que operan en el territorio, definidos por el tipo de actores y roles que desempeñan.
  2. Recursos que están presentes en el territorio (naturales, históricos, infraestructuras, financieros, capital humano, social…).
  3. Ambiente que facilita o entorpece el funcionamiento de los actores, son los aspectos culturales que determinan el potencial del ecosistema y su productividad, tienen que ver con la creatividad, la innovación, el emprendimiento, el espíritu empresarial y el liderazgo.

Los actores y sus roles en el ecosistema rural.

La productividad del ecosistema rural, como el de cualquier otro ecosistema,  depende de la diversidad de los actores y la calidad de sus relaciones e interacciones:

  • Empresas.
  • Organizaciones sociales y sin ánimo de de lucro.
  • Centros educativos, de investigación e innovación.
  • Entidades financiadoras y servicios financieros.
  • Agencias que promueven el desarrollo (nacionales, regionales, provinciales, locales).
  • Redes y alianzas sociales (asociaciones), tanto formales como informales.
  • Creadores de opinión y medios de comunicación.

Los roles que juegan los actores y su calidad son determinantes para el funcionamiento del ecosistema rural:

  • Innovación.
  • Conexión.
  • Convocatoria a los actores y conexión.
  • Formación.
  • Transferencia de conocimiento.
  • Financiación.
  • Promoción.
  • Reconocimiento y valoración.

La sola presencia de los actores no implica que éstos estén jugando su rol. De hecho, en el medio rural no se despliegan las sinergias que cabría esperar porque faltan algunos actores, porque éstos no hacen su función o no ejercen ejercen el liderazgo que les corresponde; volviéndose ineficaz su funcionamiento.

Desde aquí hemos iniciado la primera parte del análisis del sistema “ultracomplejo” del mundo rural que vamos a seguir desgranando en próximos artículos para proponer un modelo que ayude a plantear nuevas políticas, estrategias y planes para enfrentar el reto demográfico y la lucha contra el despoblamiento.

Adelante!!!

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1 comentario en “Recomponer el ecosistema rural para enfrentar el reto demográfico.

  1. Pingback: El papel de la cultura en el ecosistema rural | El blog de Juan Carlos Casco

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