Nunca pidas permiso. 6 Reglas.

Si tu propósito es noble y tu intención es elevada ¡No pidas permiso! El permiso es el acto que más iniciativas ha enterrado a lo largo de la historia. Por eso, y siempre desde la lealtad, el compromiso y la responsabilidad: no pidas permiso a tus padres, no pidas permiso a tus compañeros, no pidas permiso a tu jefe, no pidas permiso a tu comunidad, no pidas permiso. Tus actos no pueden estar condicionados y sancionados por el criterio de otros.

permiso

A cuántas personas conoces que no están con la persona que quieren porque no obtuvieron el permiso de sus padres, que no estudian o trabajan en lo que les gusta porque no les dieron permiso, que para iniciar cualquier proyecto necesitan que alguien les dé permiso…, que a fuerza de pedir permiso para todo no son capaces de hacer algo sin tener la aprobación de otros. Que levante la mano a quien le haya pasado esto alguna vez, o mejor, para no exponerte: ¿A cuántas personas conoces que les ocurre esto?

Hagas lo que hagas, nunca será del gusto de todos, por eso, pondera tu automandato sobre la aprobación de los demás. Pero, cuidado, el automandato sin principios, disciplina, criterio, compromiso…; es más peligroso aún que la recurrencia al permiso.

El automandato es cómplice de la escucha: escucha a tus padres, escucha a tus profesores, escucha a tus amigos, escucha a tu jefe, escucha a tus seguidores, escucha a tus detractores, escucha a tus clientes…; pero desde tu criterio y tu capacidad para fundar juicios con los que conferir sentido a tus actos. El permiso solo es patrimonio tuyo, tú eres el dueño de tu permiso, so pena que quieras delegar las funciones superiores de tu vida en otros y dimitir del don más elevado del ser humano que es la libertad para conducir su vida.

Un consejo, cuando escuches, haz más caso a lo que la gente hace que a lo que te dice.

La vida social de nuestras comunidades está condicionada por una educación guiada desde el poder que atenaza al individuo para someterle al permiso. Después, con los años, una vez instalado el hábito, ya tenemos personas que antes de hacer cualquier cosa, recurren al permiso, una situación que limita su potencial y cortocircuita el progreso global.

¿Cuáles son los límites del permiso? 

En el otro extremo están los que se dan permiso para todo, esos si que tienen peligro, son los verdaderos corruptores de la vida social y los que apelan al  recurso del miedo porque se creen dueños del permiso y guardianes del statu quo. Se da la paradoja de que quienes predican el permiso para el actuar de los demás, se dan a si mismos todas las licencias para actuar.

En nuestra vida ¿civilizada? Hay entidades que se autoarrogan el permiso para todo, también individuos tóxicos que se adueñan de las bulas del permiso. Y todo ello en el edificio más sagrado de nuestras ¿democracias? Ante las narices de todos.

¿Entonces, cómo debo comportarme? La pregunta ya la formuló Kant hace muchos años, y al parecer nos han servido de poco sus aportes para instituir unos valores éticos y morales que nos conduzcan entre otras aspiraciones al progreso para todos y la paz perpetua.

Yo, el límite del permiso lo veo circunscrito al imperativo categórico de Kant en su doble formulación:

“Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal. Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza.

Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”.

En cualquier caso, tú decides las máximas por las que te mueves, lo importante es que tengamos máximas si no queremos someter a nuestras comunidades a la ley de la jungla.

Ahora vamos a ver 6 reglas generales para manejarte con el permiso.

 Regla 1. Date permiso para hacer aquello que no está prohibido desde principios.

En principio puedes darte permiso (desde tus máximas), para hacer todo aquello que no está expresamente prohibido (no robar, no matar, no perjudicar, no engañar…), en lugar de pedir permiso como condición para hacer cualquier cosa.

Y es que el permiso es la compuerta que abre o cierra el torrente de las cosas importantes de tu existencia. Si tu vida está estancada tienes que hacerte mirar cómo andas de permiso.

A veces me pregunto qué hubiera pasado si Jesucristo hubiera condicionado sus planes al permiso de su madre, si Mandela hubiera pedido permiso a su partido, si Lutero hubiera pedido permiso a sus superiores, si Colón hubiera pedido permiso a su familia, si Amancio Ortega hubiera pedido permiso a su jefe… No sé qué derroteros hubiera tomado el mundo, pero seguro que la humanidad estaría más cerca de la Edad Media que de la Sociedad del conocimiento. Lo que está claro es que la prosperidad nace del permiso que nos damos para hacer las cosas.

El permiso es la llave que abre los cambios históricos, luego el progreso viene como una concatenación de pequeños actos que ejecutamos todos en el día a día y que ponen en funcionamiento o cierran el camino a la imaginación, la creatividad, la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

Cuando estaba en la escuela hace medio siglo, me educaron, como a la mayoría de mi generación para pedir permiso para todo, y cuando digo para todo era para todo (levantarse del pupitre, ir al baño, toser…). La cadena del permiso continuaba en la familia y en la vida social hasta convertirse en un hábito elevado a categoría de “buena educación”. No sé si pertenezco a una generación perdida, pero cuanto menos a una generación que ha entregado un escaso porcentaje de su verdadero potencial. Más de 20 años llevo trabajando en desinstalar de mi mente el permiso y aún no lo he logrado plenamente.

Regla 2. No pierdas el tiempo con otras personas que tienen que pedir permiso.

Busca personas que ya hayan superado el trauma de pedir permiso para cada cosa que hacen. So pena de formar parte de la lista de las huestes de ppt que caminan solos por la vida (piden permiso para todo). Busca personas con todos sus permisos en regla.

No hay nada más irritante que reunirse o trabajar con ppt. Al final, las personas con permiso terminan unidas y sinergizando con otras que toman sus propias decisiones. Es ahí donde surgen los oasis que producen los cambios.

Regla 3. Primero hazlo y después explícalo.

Si estás convencido de lo que haces y tienes automandato, sigue tu instinto, primero hazlo y luego da explicaciones.

Como norma general, primero dispara y luego apunta.

Regla 4. Las ideas no sirven para nada si no te das permiso para hacerlas.

No pierdas el tiempo en contar tus ideas a los demás, no conozco a nadie que tenga muchas ideas y le vaya bien en la vida.

La gente a la que le va bien no cuenta ideas, hace ofertas y se ocupa de satisfacerlas (prometiendo algo valioso y pidiendo algo a cambio), casi siempre la idea la tomó prestada de otro. Lo que nos hace ricos en la dimensión material e inmaterial son las ofertas que hacemos y la habilidad para transmitir la imagen de esa emoción a las personas a las que están dirigidas (clientes).

Las personas que viven en el permiso y tienen la cabeza llena ideas, deambulan tristemente por la vida en una espiral que termina en resignación y resentimiento ante los que sí se dan permiso para hacer realidad sus sueños.

Regla 5. A lo que te expones cuando pides permiso.

A que tus conocidos te digan que fracasarás y te hagan sentir un fracasado de antemano, a que tus seres queridos te muestren las dificultades y el peligro en lugar del esfuerzo y los logros, a que tu jefe o superiores sientan celos de tu empresa y te pongan palos en las ruedas…. Qué hubiera pasado si los hermanos Wright que se dedicaban a fabricar bicicletas hubieran pedido permiso para fabricar el avión, si Ford hubiera pedido permiso para fabricar automóviles, si Luther King hubiera pedido permiso a los blancos para conseguir la igualdad racial …

Es más fácil reponerse a un intento fallido que al escrutinio y las heridas emocionales que te infligen todos ellos.

Regla 6. Descubre las trampas culturales que actúan como un piloto automático y te cierran al permiso.

No me lo puedo permitir, no está a mi alcance, soy muy viejo, soy muy joven, todavía no sé lo suficiente (esperaré a tener otro máster), qué dirá la gente… Identifica estos pensamientos automáticos, ponlos en cuarentena y expúlsalos de tu mente.

Ya ves, no solo es tu jefe, tu familia, tu partido político, tu guía espiritual… Encima a lo largo de los años te han codificado un pensamiento limitante que poco a poco atrapa tu vida en una hermética redoma.

A la mierda con el permiso.

Adelante!!!

4 pensamientos en “Nunca pidas permiso. 6 Reglas.

  1. Josilen Soza

    Un artículo muy interesante ,e vivido en carne propia cuando era más joven no pude cumplir uno de mis sueños porque mis padres no me dieron permiso eso cambió el rumbo de mi vida. Después de 2 años de una búsqueda de una alternativa no pedi permiso más que a mi misma y salir de mi país a buscar nuevas oportunidades.

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  2. Juan Carlos Casco

    Tú eres una persona con automandato, todo un ejemplo para la juventud española, nicaragüense y del mundo. Sigue así amiga. Adelante!!!

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  3. Sandra Champet

    Buscar oportunidades, dejar de ser la protectora de todos, deja de pensar en lo que pude haber hecho, los factores económicos influyen, pero por ejemplo hoy me tome la libertad de leer este articulo, que influye en mi vida hoy, porque aunque uno no se percate en el día a día, lucha para ser la diferencia, para ser mejor cada día, sin permiso de nadie, más que de uno mismo, es uno quién tiene que velar por ser mejor, día a día. Gracias por tan motivador mensaje, y aunque ya no pido permiso, considero que nunca lo he pedido. Y ahora voy en busca de mi tranquilidad, que como bien dicen se semeja a la felicidad.

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