El final de las religiones.

El cambio civilizatorio que estamos viviendo no deja títere con cabeza y las religiones que conocemos no van a ser menos. Las 4200 religiones que han existido van a sufrir un tsunami al alterarse los presupuestos de la inmortalidad y el origen de la vida  que las sustentaba. La nueva generación de religiones ya está aquí, esperamos que los mundos que traen sirvan al propósito de la justicia y la felicidad humana.

Cuando era pequeño y estudiaba la historia de otras religiones, las risas con otros compañeros de pupitre eran incontenibles ¿Cómo podrían creer semejantes incongruencias aquellas gentes de otras civilizaciones? Y sin embargo no tenía la capacidad para cuestionar las quimeras de la mía propia. Años después comencé a ver la viga en mi ojo y a alcanzar la perspectiva y madurez para entender los relatos del más allá y lo que se esconde detrás de ellos.

Una religión es un cuento del futuro que porta una promesa que no se puede verificar. La promesa encierra una oferta, en torno a la cual se obtiene una recompensa (cielo, huríes rubias, salvación, vida eterna…) o un castigo (oferta inversa): infierno.

Solo ante el imparable deseo del ser humano de perdurar, se puede explicar que compremos cuentos inverosímiles acerca de la salvación para “garantizarnos una parcela en el cielo”. Como plantea Harari, en eso somos más ingenuos que nuestros parientes los chimpancés: si a un chimpancé le pides su plátano contándole la historia de que cuando se muera y vaya al reino de los chimpancés tendrá miles de plátanos, seguro que no es tan cándido como para entregártelo.

Todas las religiones, más o menos, siguen este patrón: perduran porque existe la muerte y arraigan en la búsqueda de la trascendencia (deseo de no morir, de perdurar). ¿Pero qué ocurrirá cuando hayamos vencido a la muerte? ¿Qué ocurrirá cuando el ser humano sea creador de vida y nuevos seres?

Los hitos que marcarán el final de las religiones actuales y el nacimiento de otras nuevas.

El logro de la inmortalidad.

A día de hoy es un hito lejano, pero los esfuerzos que se están realizando en la ciencia y la tecnología van a dar sus frutos en los próximos años, los más optimistas lo sitúan en unas décadas (http://juancarloscasco.emprendedorex.com/los-mundos-que-nacen-fruto-de-los-avances-cientificos-y-tecnologicos/).

El logro de la creación de vida nueva.

Además de por el monopolio del “más allá”, las religiones patrimonializaban la función superior de crear vida y nuevos seres. Así los diferentes dioses a partir de barro u otros materiales, o de su palabra o voluntad, creaban la vida. ¿Pero qué ocurrirá cuando el ser humano sea creador de nuevas formas de vida? De hecho, ya lo está haciendo.

En las últimas décadas estamos interviniendo en la biología, alterando y acelerando sus procesos, mucho más rápido que la evolución lo ha hecho a base de mutaciones a lo largo de millones de años.

Harari sostiene que en las próximas décadas el ser humano dará un salto evolutivo mayor que el producido en los millones de años de la hominización, convirtiéndonos en entidades con capacidades a medio camino entre los humanos y los dioses.

La era del posthumanismo.

Ésta es una realidad que se está gestando en este momento: hibridación ser humano/máquina, convergencia tecnológica NBIC, singularidad tecnológica… son hitos que están a la vuelta de la esquina.

Adorábamos a quien administraba la inmortalidad y creaba vida ¿cuando estas funciones sean del dominio de la ciencia y la tecnología, quiénes serán nuestros nuevos dioses?

En la actualidad muchas de las religiones antiguas han desaparecido porque la explicación mágica que daban a ciertos fenómenos han sido  interpretados y explicados en clave científica, con lo que su relato se devaluó y tendieron a la extinción.

Tecnorreligiones y dataísmo.

Estamos asistiendo al nacimiento de movimientos religiosos que configuran las ideas en torno a dios a partir de la tecnología.  Tecnorreligiones como Way of the Future, Movimiento Terasem, Bioética Desafiante, Sinteísmo, Transhumanismo Cristiano,  Dataísmo…; y otras muchas, ya están en marcha. Posiblemente el centro de gravedad y las capitales de la religión se trasladarán de Roma, La Meca, Delhi… al Silicon Valley y otras capitales de la tecnología.

Quién sabe, posiblemente las religiones actuales quedarán reducidas a filosofías menores, reductos fósiles de grupúsculos de chamanes anclados en el pasado, o tal vez a soporte de actividades turísticas y folclóricas, como ocurre hoy con algunas religiones del pasado.

Los relatos fantásticos, sus oligarcas y jerarquías que otrora acumularon fabulosas concentraciones de poder y  subyugaron y tiranizaron a los pueblos, no van a rendirse tan rápido. Tampoco tienen ya la fuerza para organizar sangrientas cruzadas, ni carta blanca para perpetrar matanzas y mutilaciones masivas de inocentes (tipo Inquisición). En su declinar utilizarán todos sus resortes de poder (que son muchos y efectivos) para encastillarse en sus posturas y defender con uñas y dientes sus privilegios hegemónicos (quizá en su declinar aún realicen algunos exorcismos masivos para someter irredentos ¡como anuncian en NIcaragua en pleno 2018! ¡Increíble!).

Las religiones orientales, muy enfocadas en la búsqueda del equilibrio y la armonía del ser humano con la naturaleza, posiblemente se beneficiarán de la crisis de identidad que trae el nuevo proceso civilizatorio, del signo de los nuevos tiempos para expandirse por aquellos lugares donde la tiranía religiosa cometió sus mayores desmanes (lo podemos observar por ejemplo en el avance en Europa del yoga y otras prácticas asociadas a esas religiones).

Las viejas religiones tratarán de seguir expandiéndose en las comunidades más marginales, en las concentraciones humanas azotadas por la miseria y la falta de acceso a la educación y la cultura, donde la gente necesita agarrarse a un clavo ardiendo a través de la fe. Éste seguirá siendo el terreno más fértil para hacer arraigar relatos inverosímiles y quimeras. En esas pobladas comunidades todavía gozarán de algún predicamento hasta que en ellas se vaya abriendo paso la luz y  accedan  a niveles culturales y educativos que les acerquen a su mayoría de edad.

Pese a todos los sufrimientos infligidos y toda la sangre derramada en nombre de dios, las religiones nos dejaron cosas buenas. Como sostiene Harari, en torno a sus increíbles relatos fueron capaces de hacer cooperar a cientos de millones de personas, de ellas nacieron culturas e imperios, estados nación, construcciones fabulosas y edificación de ciudades, templos… Y también en su nacimiento hicieron un buen papel por la paz, después de milenios de guerras, aunque pronto olvidaron su objeto fundacional y volvieron a las andadas.

Pero su tiempo toca a su fin. Hoy podemos atisbar las nuevas formas de religión, sin embargo no sabemos qué fisonomía tomarán ni cuál será el relato final que las sostenga. Lo que sí sabemos es que existirán porque mientras haya todavía una parte humana en nosotros, habrá religiones porque somos seres relatodependientes, necesitamos formar parte y ser gregarios de un cuento colectivo acerca del futuro, aunque en nuestro fuero interno sepamos que el relato es falso, un hecho del que muchos avezados se han aprovechado en el pasado construyendo pingües beneficios y prebendas.

4200 religiones existen o han existido a lo largo de la historia, todas ellas con dioses y deidades compitiendo en poder y milagrosidad, el avance de la ciencia y los tiempos las ha ido minando, y la erosión continuará con mayor crudeza al compás imparable de la convergencia tecnológica NBIC, la llegada de la era de la inteligencia artificial y la singularidad tecnológica.

El relato religioso es fácil de instalar en el imaginario colectivo, como sutiles y efectivos son sus mecanismos de control, si no que se lo pregunten a personajes como Constantino cuando descubrió en su tiempo la fuerza del cristianismo para dominar el mundo, reconociendo que el nuevo credo era mucho más efectivo que el de sus debilitados dioses para el mantenimiento del status quo.

No sabemos con certeza las religiones que vamos a crear, lo que sí podemos hacer es aplicarnos el cuento de ser más cuidadosos en la invención de sus relatos para que se conviertan en aliadas del ser humano y amigas del progreso en lugar de estructuras de poder para perpetuar la injusticia, la intransigencia y la persecución.

Las religiones pierden clientes por todos lados, clientes que quedan huérfanos de relato y mayoritariamente son presa fácil para formar parte de otros relatos que se están inventando ahora en torno a nuevas “revelaciones y milagros científicos”. A sus nuevos fabuladores y tecnocreadores  les deseo buen tino y sentido de la justicia para no errar. Por el bien de todos. Amén!

Adelante!!!

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3 pensamientos en “El final de las religiones.

  1. Mario Felix Chicaiza

    El NUEVO DIOS TODOPODEROSO es el DINERO porque TODAS las religiones lo han reemplazado por los VALORES a los que supuestamente están sirviendo, la caridad, la esperanza, la justicia, la autoestima, solidaridad… “funcionan mejor” si tienen el favor del DIOS DINERO.

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