Archivo del Autor: Juan Carlos

El mundo rural del futuro.

Mundo rural y urbano abandonan su dicotomía para integrarse en un espacio difuso donde se abren nuevas realidades a pasos agigantados desde la ubicuidad, movilidad, bigdata, hiperconectividad, hiperrealidad y autenticidad. Todo un horizonte de posibilidades en un universo en el que por primera vez hemos roto con la tiranía del espacio y el tiempo. Pero todo ello necesita de una mirada renovada para imaginar el mundo poniendo en juego la creatividad y el talento.

Un estruendo al fondo de aquél bullicio hizo reaccionar al joven Patric y buscar a su amigo Douglas ante el temor de una avalancha humana que hiciera estallar por los aires aquélla hiperrealidad. Este año, el Multiplayer World Congress, organizado por la Universidad de Stanford, estaba especialmente abarrotado de gente que con sus conectores había acudido allí desde múltiples lugares del globo. Sinceramente, pensaba, cada vez resulta más insoportable en este tipo de eventos multitudinarios la saturación de contenidos y el exceso al que llega la sobreexposición publicitaria, en un monumental alboroto más propio de las grandes ciudades del pasado. Patric encontró con la mirada a su amigo, que había apagado ya su traductor simultáneo, y le hizo un ademán de despedida. Instantáneamente entonces, tras desenlazar su conector, volvió a la auténtica realidad en la que se encontraba: bajo una encina en mitad de la dehesa. Reaccionó rápido, tomó su bicicleta hasta alcanzar su cómoda casa en el pueblo, recorriendo apenas dos kilómetros por la antigua cañada. Tenía que tomar su coche autónomo y viajar hasta Madrid, pues los servicios de ciberseguridad de su empresa habían detectado suplantación de identidad en varias de las últimas reuniones virtuales, por lo que en esta ocasión exigían una reunión presencial, y a Extremadura no había llegado aún el Hiperloop. Sería un placer abrazar y estrechar la mano de sus colegas en un choque de realidades corporales. Viajará solo, pero al menos durante el camino podrá tumbar su asiento y descansar un rato.

No, no es una película de ciencia ficción, ni nos hemos trasladado al siglo que viene. Es tan solo una realidad pensable e imaginable que se encuentra a la vuelta de la esquina. Sin que nos hayamos dado cuenta, la presión del mundo moderno nos ha hecho participar de unos mismos patrones culturales que se han extendido como una mancha de aceite por el mundo rural tanto como por el mundo urbano, de manera que cada vez más la dicotomía rural-urbano se reduce a unos cuantos aspectos de “fisionomía”. Y es precisamente eso, la fisionomía, la apariencia y el aspecto de las cosas que se encuentran a nuestro alrededor, la que sufrirá una mayor transformación a través de los mundos virtuales con los que ya estamos construyendo el futuro.

Ya en 1988, arrancando con una de las más importantes reformas estructurales de la PAC, la Comisión Europea publicó un estudio titulado “el futuro del mundo rural”, en el que reconocía un tejido socioeconómico que abarcaba ya un conjunto de actividades muy diversas, y apostaba por la difusión y aplicación de nuevas tecnologías como cruciales para el mundo rural. Era una etapa de la humanidad en la que la expansión económica y cultural se concentraba en las grandes aglomeraciones urbanas y en grandes centros industriales, y ahí era donde había que ir para entrar en contacto con las nuevas oportunidades. El estudio nos colocaba claramente en una de las clasificaciones intermedias de las problemáticas diagnosticadas: decadencia rural, al igual que las muchas regiones rurales de la periferia mediterránea europea.

Diagnosticado el problema, recetado el remedio. Frente a la decadencia del mundo rural la receta de la diversificación económica y el desarrollo del propio potencial. Frente a la diversidad de situaciones, la estrecha colaboración de autoridades nacionales, regionales y locales más el diálogo, asociación y compromisos de los afectados. El resto del vademécum forma parte de un manual en muchos aspectos ya obsoleto que sin embargo mantenemos sobre nuestras mesillas. Por cierto, de esa idea formulada de asociación y compromiso de los afectados nacerá ese invento entonces innovador que ha permanecido en pie como cerro testigo en el paisaje del desarrollo rural durante el último cuarto de siglo: el de los Grupos de Acción Local y su método de intervención LEADER. Pero dejemos de mirar atrás y volvamos al futuro.

Porque en 1988 las nuevas formas de organización del trabajo se centraban aún en lo que sucede en el interior de las fábricas -cualquier actividad subvencional que piense, todavía hoy en día, en esta arcaica organización productiva, dibujando en un plano la ubicación de la maquinaria como esencia de lo subvencionable, estará condenada al fracaso-, y los artefactos tecnológicos de las entonces denominadas “nuevas” tecnologías se reducían al CD-ROM, la telefonía móvil, internet y, en general, la informática.

Esto ya ha cambiado. Y mucho. He aquí algunas nuevas realidades y tendencias que se encuentran ya entre nosotros y que hacen de la revolución digital la mejor aliada, ahora más que nunca, para abrir un amplio abanico de posibilidades al mundo rural del futuro:

.- La ubicuidad. Es la facultad que se tiene para estar en dos lugares distintos al mismo tiempo ¿todavía piensas que hay un lugar llamado ciudad y otro distinto llamado pueblo? La información ya es ubicua, y nosotros vivimos experiencias vitales pegados a la información. La información está ya en todas partes y el concepto tradicional del espacio ha cambiado. Podemos ya ser anfibios y navegar por más de un medio.

.- La movilidad, que va más allá de una nueva revolución de los transportes (en formas, usos y velocidades) y que en relación con lo anterior hace posible hoy día que no importe tanto dónde te encuentres. Puedes trabajar en una aldea y tener tus clientes en Pekín o en San Francisco ¿todavía piensas que para todo es importante el lugar? Mira entonces cómo cada vez hay menos obstáculos para trabajar con cualquier persona y en cualquier lugar. La distancia ha dejado de ser un obstáculo para las relaciones profesionales y sociales, tendencia que va a continuar.

.- El bigdata. Los datos ya son la nueva materia prima y objeto de cada vez mayores transacciones. Se transforman en una gama de productos cada vez más diferenciados, que a su vez procesa la inteligencia artificial para ofrecer nuevos niveles de servicios sofisticados. No existe un lugar físico donde localizar mi actividad para que se encuentre al pie de la “materia prima”.

.- La hiperconectividad, que es el cambio que viene más acelerado. La conectividad hace que todos los modelos de negocio cambien y de ello solo se está empezando a aprender. La llamada Generación C marca ahora el rumbo del futuro más inmediato: ser creativo, colaborar, compartir, estar comprometido y estar conectado. Al mismo tiempo, la economía colaborativa y los nuevos modelos de negocio no podrían existir sin un ancho de conexión adecuado. Pero, en realidad, los nuevos métodos de conexión y los estándares de comunicaciones se multiplican, y cada nueva generación supone un salto tecnológico que supera lo previamente imaginable y para la que ni siquiera estábamos preparados. Las redes 5G ya están aquí y harán una realidad el internet de las cosas. Ya no existen excusas en el medio rural que justifiquen este tipo de brecha digital y pronto serán muy pocos los lugares en los que para pillar señal haya que subirse al cerro o al campanario.

.- La hiperrealidad, Fruto de la postmodernidad cuántica, un ejército de objetos virtuales inundará nuestros sentidos sin que sepamos realmente si existen o no existen. Curiosamente, como en el caso de la ceguera, el exceso de visión hará que necesitemos siempre de un guía. Es aquí donde se desarrollarán de forma explosiva los chatbots, hasta que nuestra propia conciencia tome forma digital ante nosotros. Será muy difícil distinguir si un robot saborea en realidad en su paladar una lasca de jamón ibérico o una cata de buen vino, pero todos nos dejaremos guiar por sus recomendaciones.

.- La autenticidad, el valor de las cosas, que es aquello en lo que mejor puede especializarse, de forma no fraudulenta, el mundo rural del futuro. En un mundo así, sin duda, lo más deseado y que mayor valor tendrá, al alcance solo de unos pocos, será el silencio, aunque seguramente se necesitará la prescripción de un robot para venderlo.

Vale, hasta aquí nada nuevo. Ya sabemos que todo eso ocurrirá. Lo nuevo será que aprendamos a interiorizarlo también en el mundo rural y aprendamos a imaginar el futuro.

Y sí, a mí también me preocupa la despoblación -yo también enarbolaré la bandera de la lucha contra el despoblamiento-, pero me preocupa más el envejecimiento de las formas, de las ideas y de la cultura con la que hemos de construir nuestro futuro, con nuevas formas de producción y modelos de negocio. Hemos primero que desterrar del imaginario colectivo esa idea que insiste en otorgar únicamente a las ciudades el privilegio de disfrutar de los avances en innovaciones tecnológicas. Puestos a imaginar, imaginemos que, frente al declive imparable de las grandes ciudades, quedan áreas rurales en las que cada vez más se va concentrando una clase creativa y talentosa.

El mundo rural será también digital, o no será. En la urbe global en la que vivimos la antigua dicotomía entre lo rural y lo urbano es cada vez más difusa. La diferencia es solo de lugar, y ya no existen razones objetivas para pensar en el lugar en el que estás si se quiere hacer cualquier cosa, ahora que por primera vez en la historia de la humanidad hemos roto con la distancia y el espacio.

No sabemos cómo sería un nuevo grupo de acción local reinventado, pero sí sabemos que únicamente con lo pensable, imaginable y deseable se puede construir el futuro, y que éste puede ser radicalmente diferente. Siempre y cuando pueda volver a debajo de una encina con la misma velocidad con la que mi imagin-acción puede trasladarse a cualquier parte.

Manuel Bautista Mora.

Gerente del Grupo de Acción Local.

http://www.adismonta.com/

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