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El arte de transferir entusiasmo

RESUMEN DEL ARTÍCULO 

“La venta es una transferencia de entusiasmo”, afirmaba Brian Tracy. Y aunque la frase parece limitada al ámbito comercial, en realidad describe uno de los motores más profundos de la conducta humana. No solo compramos movidos por entusiasmo: también elegimos pareja, votamos, creemos, nos comprometemos y damos forma a nuestro destino impulsados por la emoción que otros logran despertarnos.

La razón suele llegar después, cuando la decisión ya está tomada. Actúa como justificación, no como origen. El entusiasmo es el verdadero detonante. Nos enamoramos por la energía que sentimos, adquirimos bienes por la promesa que representan y seguimos a líderes por la emoción colectiva que encarnan. La vida, en el fondo, es un intercambio continuo de entusiasmo.

Pero el entusiasmo auténtico no se improvisa. No puede simularse ni construirse desde el vacío. Solo emociona quien está verdaderamente emocionado. Y para que funcione, debe contener una promesa creíble, valiosa y realizable para quien la recibe.

Entusiasmar no es manipular, sino comprender el alma de quienes te escuchan y ofrecerles algo pensado en grande. Cuando carácter, argumento y emoción se alinean, el entusiasmo surge de forma natural. Y entonces, ya no hace falta empujar: la gente avanza sola.

Adelante!!!

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Cómo se genera  la energía que decide unas elecciones

RESUMEN DEL ARTÍCULO

Existe un termómetro infalible para predecir el éxito electoral que no tiene nada que ver con las encuestas ni el cálculo racional: la energía emocional que se respira en los actos públicos. La política se decide en el territorio invisible del deseo, y en ese ecosistema, quien logra elevar las expectativas gana por goleada a quien solo se centra en cubrir las necesidades básicas.

Vivimos un cambio de época impulsado por disrupciones tecnológicas y crisis sísmicas que reconfiguran la arquitectura emocional de la sociedad. En este tránsito, los partidos tradicionales cometen un error histórico: siguen hablando el lenguaje de la escasez y la gestión burocrática («el pan»), mientras la ciudadanía, angustiada pero deseosa, busca desesperadamente un sentido («el futuro»). Aquí es donde la ultraderecha y los populismos encuentran su autopista hacia el poder: llenan el vacío con relatos de abundancia, fantasías de identidad y enemigos culpables, convirtiendo la frustración en combustible político.

Los seres humanos no somos criaturas racionales, sino animales emocionales que racionalizan lo que sienten. Podemos soportar la pobreza, pero no la falta de horizonte. Mientras las fuerzas democráticas se limitan a administrar lo existente con un discurso asistencial que no inspira, sus adversarios despliegan una «reprogramación global de expectativas» basada en ilusiones que, aunque falaces, movilizan y generan adhesiones inquebrantables.

La conclusión es una alerta roja: si la política democrática no recupera su alma y empieza a articular un proyecto de futuro que emocione, movilice y devuelva el propósito a la vida de la gente, entregará el destino de la sociedad a los traficantes de ilusiones. Aún estamos a tiempo de construir un relato que reivindique la grandeza de lo posible frente a la facilidad de lo destructivo, pero el reloj corre.

Adelante!!!

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Guía para los malos políticos que quieran permanecer mucho tiempo en el cargo.

Para conseguir un cargo y mantenerse en él, muchas veces se pone el foco en cuestiones como la gestión, obviándose aspectos que son mucho más importantes para los electores. Cada ciudadano tiene en su cabeza estas preguntas: ¿Yo soy importante para ti? ¿Tú me quieres? ¿Tú me puedes ayudar? Y todo esto parece obviarse. 

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7 prácticas para reeducar nuestras emociones, superar el desánimo colectivo y esquivar la depresión.

¿Por qué la sociedad está en depresión? 

El cambio permanente al que nos vemos sometidos nos está trayendo muchos problemas mentales y emocionales (miedo, zozobra, desazón, ira, resignación, resentimiento, paralización, desconcierto…), como reacción a las situaciones nuevas e imprevistas que tenemos que enfrentar cada día. La educación de las emociones que recibimos estaba diseñada para una vida más previsible y estable, pero cuando el tiempo se aceleró y las circunstancias comenzaron a cambiar rápidamente, se desordenó nuestro equilibrio y empezamos a sufrir tensiones emocionales que afectan gravemente a nuestra salud (solo hay que mirar el agravamiento de la salud mental de la población en los últimos años). Los cambios son tan grandes que la mente humana no está diseñada para  encajarlos con tanta celeridad.

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La felicidad está determinada por los genes.

Vivimos más años, tenemos mejor salud y alimentos; los 3 jinetes del Apocalipsis en la historia (guerra, peste, hambre) se repliegan drásticamente; el trabajo y la fatiga humana se mitigan con la mecanización de las tareas más agotadoras… Y sin embargo esto no se refleja en los niveles de felicidad de la población. Los nuevos demonios que afligen el mundo son la depresión, el suicidio, el estrés, el fanatismo o el nihilismo; fenómenos que nos amenazan con ser más fulminantes que el hambre o las guerras.

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