ESPAÑA 30-15-5: Un modelo territorial para vertebrar el país

RESUMEN DEL ARTÍCULO

España afronta el reto de superar una profunda fractura territorial que ha concentrado población, riqueza y oportunidades en grandes áreas urbanas, mientras que el interior está desvertebrado. Frente a esta realidad, se plantea un nuevo modelo de organización territorial basado en la equidad de acceso a los servicios, la habitabilidad de las ciudades y la revitalización del mundo rural. La propuesta se estructura en tres escalas complementarias que articulan el territorio a partir del tiempo necesario para acceder a los bienes y servicios esenciales.

En la base se sitúa el “País de 30 minutos”, una iniciativa del Gobierno de España que establece como principio que cualquier ciudadano, viva donde viva, pueda acceder a los servicios fundamentales en media hora. Este enfoque introduce la justicia espacial como criterio de política pública y promueve una planificación coordinada de infraestructuras, servicios y normativa, apoyada en herramientas de análisis territorial que permiten dirigir las inversiones allí donde la accesibilidad es menor.

En el ámbito urbano, las “Ciudades de los 15 minutos”, concepto formulado por Carlos Moreno y ya impulsado por numerosas ciudades españolas, reorganizan la vida cotidiana para que trabajo, comercio, educación, cuidados y ocio estén al alcance de un breve desplazamiento a pie o en bicicleta. Este modelo busca ciudades más saludables, sostenibles y eficientes, capaces de funcionar como nodos dinámicos que conectan y prestan servicios al territorio circundante.

La pieza que completa el sistema son los “Pueblos de los 5 minutos”, modelo formulado por Juan Carlos Casco y Jesús Ortega, con su epicentro y pilotaje en Castilla-La Mancha para su posterior extensión al conjunto del país. Esta propuesta transforma la pequeña escala rural en ventaja estratégica, ofreciendo proximidad total a los servicios básicos e integrando los municipios en redes territoriales jerarquizadas que conectan núcleos rurales, ciudades y Estado.

El modelo 30-15-5 configura así una malla territorial equilibrada donde la calidad de vida no depende del tamaño del lugar de residencia, sino del acceso real a oportunidades y servicios.

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ARTÍCULO COMPLETO

Los “Pueblos de los 5 minutos”, la pieza del engranaje para fortalecer el “País de 30 Minutos” y  las “Ciudades de los 15 minutos”

España se mira al espejo y, a menudo, no reconoce su propio reflejo. Las dinámicas políticas, sociales y económicas de los últimos dos siglos han esculpido la geografía nacional a golpe de contrastes, dejándonos en herencia un país invertebrado. Hemos consolidado una fractura territorial profunda que dibuja dos realidades antagónicas: una periferia y una capital que concentran población, riqueza y ruido, frente a un interior extenso, desarticulado y empobrecido. Es la cicatriz de la «España Vaciada», un término que ha servido para denunciar el olvido, pero cuyo significado no sirve para construir el futuro.

Esta es la realidad heredada, el punto de partida ineludible y asimétrico. Sin embargo, más allá de la queja y la alicorta disputa partidaria, emerge una certeza: tenemos un gran país. La cuestión no es qué somos, sino qué queremos ser. España se enfrenta a la urgencia de diseñar un proyecto de futuro compartido, un nuevo contrato social que requiere un consenso transversal para abordar tres desafíos colosales: nivelar el acceso a los servicios y oportunidades entre las zonas densamente pobladas y las que no lo son; transformar nuestras urbes en espacios más humanos y habitables; y, el gran reto pendiente, dotar a las zonas rurales de un atractivo para vivir.

La respuesta a esta encrucijada no pasa por soluciones aisladas, sino por una nueva arquitectura territorial basada en la gestión del tiempo y el espacio. Nuestra propuesta es un modelo integral que fusiona tres escalas, tres métricas para una misma equidad: el país de los 30 minutos, las ciudades de los 15 minutos y, la pieza clave que cierra el círculo virtuoso, los pueblos de los 5 minutos.

Esta propuesta de jerarquía y ecosistema tridimensional busca equilibrar y armonizar el territorio. En el primer nivel, a escala estatal, contamos ya con el Plan de Acción Estatal “País de 30 Minutos”, impulsado por la Secretaría General para el Reto Demográfico del Gobierno. Su objetivo es garantizar derechos, asegurando que cualquier ciudadano acceda a servicios esenciales en media hora. En el segundo nivel, la política urbanística de muchas ciudades del país ya avanza hacia las “Ciudades de los 15 minutos”, un concepto popularizado por Carlos Moreno que busca la sostenibilidad y un diseño de las urbes a escala humana.

Pero para cerrar la ecuación y coser el territorio, falta integrar al mundo rural. Aquí entra en juego el tercer nivel, el más disruptivo: los “Pueblos de los 5  minutos”. Un modelo diseñado y proyectado por JuanCarlos Casco y Jesús Ortega, este concepto introduce una nueva jerarquía que dinamiza el mundo rural, convirtiéndolo en un actor clave en la vertebración nacional.

Para que esta malla territorial funcione con su jerarquía nodal, es imprescindible una coordinación política e institucional donde el Gobierno central, las Comunidades Autónomas y las Administraciones locales deben alinear sus planes. En esta tarea son imprescindibles las entidades que operan sobre el terreno, como los Grupos de Acción Local (GAL), capilares necesarios para que este proyecto de país articule, por fin, una respuesta eficaz a los desequilibrios históricos. No se trata solo de repoblar, se trata de nivelar el tablero de juego para que vivir en un pueblo o en una ciudad sea, simplemente, una cuestión de elección y no de renuncia.

El Plan de Acción Estatal “País de 30 Minutos”: El cronómetro de la igualdad territorial

España se enfrenta hoy a una disyuntiva histórica: consolidar la fractura que divide al país en zonas de primera y de segunda velocidad, o implementar un modelo de corrección definitivo basado en la equidad de servicios. La respuesta del Gobierno, orquestada a través de la Secretaría General para el Reto Demográfico (MITECO), es ambiciosa y estructural. Lejos de plantear una lluvia de subvenciones coyunturales, la Administración propone un cambio de paradigma bajo el nombre de Plan de Acción Estatal “País de 30 Minutos”.

Este plan nace de una premisa sencilla: la ciudadanía no se mide por el lugar de residencia, sino por el acceso a derechos. Si la sanidad, la educación o la seguridad son universales, la distancia temporal para acceder a ellos determina la calidad de nuestra democracia. El objetivo, por tanto, es garantizar que cualquier ciudadano, viva en una capital de provincia o en un pueblo del Tajo-Tajuña, tenga acceso a una cartera de servicios básicos esenciales en un tiempo de desplazamiento no superior a media hora.

Si el Plan de 130 Medidas (2021-2023) funcionó como un desfibrilador de emergencia financiado por los fondos Next Generation, el nuevo marco estratégico que se despliega a partir de 2025 busca la salud permanente del paciente. La Secretaría General ha diseñado una arquitectura institucional robusta que abandona la retórica del «problema» para centrarse en la «funcionalidad» del territorio. Este enfoque se articula mediante una Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico (ENETRD), concebida como una brújula alineada con la Agenda 2030. Tras un intenso proceso de consulta pública que ha involucrado a todas las administraciones y a la sociedad civil, esta hoja de ruta ha identificado que el desafío ya no es solo frenar la despoblación, sino garantizar la «justicia espacial».

Para materializar esta visión, el Plan actúa como el brazo operativo que coordina la maquinaria de la Administración General del Estado. Ya no es viable que el Ministerio de Transportes planifique infraestructuras sin dialogar con Sanidad, o que la agenda digital ignore las necesidades del sector agrario. Esta nueva política impone una transversalidad obligatoria, reforzada por innovaciones legislativas como el Mecanismo de Garantía Rural (Rural Proofing), que obliga a revisar cualquier nueva ley con «gafas rurales» antes de su aprobación, evitando que normativas diseñadas desde los despachos tengan efectos nocivos imprevistos en los pueblos.

Para convencer a las autoridades y a la inversión privada de la viabilidad del modelo, el plan se apoya en una sólida base científica, dejando atrás las intuiciones políticas. Herramientas avanzadas como SIDAMUN (Sistema Integrado de Datos Municipales) y el análisis de isocronas permiten dibujar un mapa real de la accesibilidad en España. Estas tecnologías identifican las «zonas de sombra» —lugares a más de 30 minutos de un servicio esencial— para dirigir allí las inversiones con precisión quirúrgica: un transporte a demanda que sustituya al autobús vacío, una unidad móvil de cuidados o un punto de conexión de alta velocidad. El «País de 30 Minutos» es, en definitiva, el suelo firme sobre el que se asienta todo lo demás; el compromiso del Estado de que habrá una carretera, una conexión y un médico al alcance, abriendo la puerta para que ciudades y pueblos construyan, sobre esta base, sus propios modelos de habitabilidad.

Las “Ciudades de los 15 minutos”: Humanizar la urbe para coser el territorio

Si el Plan Estatal “País de 30 Minutos” establece el esqueleto de conectividad que vertebra la nación, el corazón de este organismo reside en sus núcleos urbanos. En el segundo nivel de esta nueva arquitectura territorial, España ha abrazado con decisión el paradigma de las “Ciudades de los 15 minutos”. Este concepto, popularizado globalmente por el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno y elevado a categoría de política pública a través de la Agenda Urbana Española, postula una reorganización radical de la vida de la ciudad: que cualquier residente pueda satisfacer sus necesidades esenciales —trabajar, abastecerse, cuidarse, educarse y descansar— en un radio de un cuarto de hora a pie o en bicicleta desde su hogar.

La implantación de este modelo en España parte de una ventaja estructural frente al urbanismo disperso anglosajón: la herencia de la ciudad mediterránea compacta. Sin embargo, la evolución reciente hacia el crecimiento de núcleos periféricos desconectados y la dependencia del vehículo privado habían amenazado esta identidad. La respuesta ha sido contundente y diversa, convirtiendo al país en un laboratorio europeo de referencia. Casos como el de Pontevedra, reconocida internacionalmente por peatonalizar su almendra central y priorizar a la infancia, o Vitoria-Gasteiz, que ha fusionado sus anillos verdes con la trama urbana, demuestran que la propuesta es ejecutable y rentable socialmente. A ellas se suman las Superillas de Barcelona, que han reabierto el debate sobre el espacio público, o las estrategias de regeneración en ciudades medias como Logroño y Soria, que utilizan la proximidad para crear espacios habitables a escala humana.

La evolución de estas políticas ha trascendido la mera estética urbanística para convertirse en una cuestión de salud pública y eficiencia económica. Tras la sacudida de la pandemia, la ciudadanía exigió recuperar la calle como espacio de convivencia, impulsando a los ayuntamientos a desplegar zonas de bajas emisiones y redes de movilidad activa que actúan como vasos comunicantes. Aquí radica la coherencia sistémica con el “País de 30 Minutos”: para que el Estado pueda garantizar el acceso a servicios en media hora a nivel nacional, los nodos urbanos —que actúan como cabeceras  y proveedores de servicios especializados— deben funcionar como maquinarias de precisión, libres de congestión interna. Una ciudad atascada es un tapón para el territorio circundante; una ciudad de 15 minutos es una puerta abierta y accesible.

No obstante, el modelo urbano no está exento de desafíos, como el riesgo de gentrificación o la brecha entre los centros históricos y los nuevos barrios dormitorio. Para subsanarlo, la planificación estratégica española ha comenzado a integrar la visión de los “Territorios de 45 minutos” en las áreas metropolitanas difusas, reconociendo que la ciudad no termina donde acaba el asfalto. Esta mirada integradora prepara el terreno para el tercer y último eslabón de la cadena: si la ciudad lucha por conquistar el cuarto de hora, el mundo rural se prepara para ofrecer una propuesta de valor aún más ambiciosa, basada en la inmediatez y la reconquista del tiempo. Es en este punto donde la ecuación territorial se completa, dando paso a una nueva jerarquía donde la calidad de vida no se mide por el tamaño de la población, sino por la soberanía sobre el propio reloj.

Los “Pueblos de los 5 minutos”: La pieza maestra que cierra el círculo virtuoso

Si el Estado garantiza la conectividad en treinta minutos y la ciudad aspira a la eficiencia en quince, el mundo rural guarda un as en la manga que resignifica y redefine por completo la ecuación: la inmediatez absoluta. La pieza que faltaba para completar este rompecabezas territorial es el modelo de los “Pueblos de los 5 minutos”, una propuesta disruptiva que invierte la lógica del desarrollo tradicional y las viejas políticas rurales. Lejos de la nostalgia o la queja asistencialista, este planteamiento, diseñado y proyectado por Juan Carlos Casco y Jesús Ortega, transforma la supuesta debilidad de los municipios pequeños —su escala reducida— en su mayor ventaja competitiva. El planteamiento es un desafío directo a la lógica imperante de elegir la ciudad como lugar de residencia: ¿Para qué conformarse con la ciudad del cuarto de hora si es posible acceder a todos los servicios esenciales, la naturaleza y la reconquista del espacio y el tiempo en apenas trescientos segundos?

Esta revolución silenciosa, que estamos trabajando para su materialización mediante un proyecto piloto pionero en Castilla-La Mancha, no es una utopía teórica, sino una estrategia de «marketing inverso» y un plan con actuaciones perfectamente definidas para ser aplicado al territorio. Desde esta región, que actúa como zona cero y laboratorio de innovación para el resto de España, vamos a mostrar como el verdadero lujo del siglo XXI es la soberanía sobre el tiempo y el espacio, eso sí, contando con que los servicios básicos para vivir están en un radio de cinco minutos.

La asociación y red de municipios piloto que va a ser liderada por RECAMDER, certificará que sus miembros reúnen los requisitos y se ajustan a los estándares. Al digitalizar y georreferenciar sus recursos, estos pueblos demuestran con datos que la escuela, el centro de salud, el comercio y el ocio están a un paso de la puerta de casa, rompiendo la barrera psicológica del «aislamiento» que frena a muchas familias a la hora de abandonar la ciudad y vivir en un pueblo.

La coherencia de este modelo con el Plan de Acción Estatal “País de 30 Minutos” y las “Ciudades de los 15 minutos” es simbiótica. El marco estatal de los 30 minutos actúa como el paraguas de seguridad que garantiza las infraestructuras pesadas y la conexión digital, permitiendo que florezcan estos nodos de excelencia local de 5 minutos. Sin la garantía del Estado, el pueblo quedaría aislado; pero sin la vitalidad del pueblo de 5 minutos, la inversión del Estado sería una carretera a ninguna parte. El mismo encaje, interacciones y complementariedades se generan con las ciudades y sus áreas de influencia en torno a los 45 minutos. Es en esta intersección donde se genera el ecosistema territorial perfecto: una malla donde lo rural, lo urbano y lo nacional se retroalimentan, convirtiendo a los pueblos en un actor dinámico capaz de atraer teletrabajadores, nómadas digitales y nuevos pobladores que buscan una vida de alta calidad.

La fortaleza del modelo reside en su capacidad para vertebrar el territorio sin excluir a nadie. La jerarquía de los “Pueblos de los 5 minutos” no pretende que cada pueblo tenga un hospital o un instituto, lo cual sería insostenible, sino que identifica y potencia los nodos intermedios de servicios. Estos municipios cabecera actúan como centros de gravedad que prestan servicio no solo a sus habitantes, sino que integran a las poblaciones de menor rango, pedanías y núcleos dispersos en su órbita inmediata. De este modo, una pequeña población que no cumple el criterio de los 5 minutos se revitaliza al saberse satélite de un nodo mayor que sí lo hace, quedando integrada en una red funcional que garantiza la cobertura de necesidades. Se construye así una jerarquía territorial solidaria que sienta las bases para coser la herida de una España invertebrada.

Adelante!!!

Para profundizar en el modelo de los pueblos de los 5 minutos, haz clic aquí:

https://juancarloscasco.emprendedorex.com/category/otros-temas-claves-para-el-desarrollo

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