Reto demográfico, discursos tóxicos, compromiso radical y alumbramiento de un nuevo mundo rural.

Señalar culpables, anticipar catástrofes, recurrir a matemáticas elementales para hacer una semblanza de lo obvio y decirnos que el mundo rural se despuebla, utilizar cuatro palabras rebuscadas para parecer interesante, proponer generalidades, utilizar consignas populistas que tocan la fibra sensible de la gente, escurrir el bulto y desaparecer de la escena eludiendo todo compromiso y responsabilidad…volver al poco tiempo para repetir el mismo cuento, aplicando a los argumentos manidos solo una capa de pintura superficial, se ha convertido en un deporte que vende mucho y tiene todo tipo de medios que esperan esa carnaza para alimentar una audiencia fácil y acrítica. 

Siguiendo a quienes adoptan esta actitud, surge una caterva de palmeros y altavoces, porque los jinetes del Apocalipsis que anuncian desastres y reparten culpas, son bienvenidos por una parte de la sociedad que busca chivos expiatorios para calmar sus frustraciones. Por eso se ha puesto tan de moda hablar mal y en negativo de lo que acontece en el mundo rural, eludiendo todo atisbo de responsabilidad propia.

Si yo repito argumentos simplistas y generalidades como: primero los nacionales y luego los inmigrantes, los inmigrantes nos quitan el trabajo y se llevan las ayudas… lo que hay que hacer es crear empleo cualificado para que nuestros jóvenes se queden a vivir en los pueblos… hay que poner industrias… a este paso se mueren los pueblos… todos los días se van de los pueblos tantos o cuantos jóvenes… el dinero que se ha invertido hasta ahora se ha gastado mal… lo que se necesitan son buenos diagnósticos… los políticos tienen la culpa de lo que pasa… y a partir de ahí remuevo los  sentimientos de la gente, agitando el avispero de sus sufrimientos. Y al final lo remato con la frase “y esto lo vengo yo diciendo hace mucho tiempo”, adornándolo con citas recurrentes (citorrea), datos con obviedades (datorrea) y discursos facilones (verborrea), ya tengo montado un circo de acólitos, que no ayudan en nada, pero joden un montón. 

Y, a continuación, desaparezco de la escena como si la cosa no fuera conmigo, volviendo pronto a la carga como la gota malaya, ya erigido en juez y fiscal impenitente repartiendo condenas y castigos a tutiplén.

Si me dedico a esto, hago un flaco favor a mi tierra desde un discurso fácil y destructivo, alimentando a la par un relato en negativo del mundo rural que encaja a la perfección con la leyenda negra de Las Hurdes, las películas de Paco Martínez Soria o Puerto Hurraco.

Pero claro, lo que estoy retratando es una actitud tóxica, corrosiva, descomprometida y dañina; porque tanto ustedes como yo sabemos que no hay personas capaces de hacer tales cosas.

Todos los diagnósticos sobre el mundo rural están hechos, es tiempo de actuar.

El ejercicio de escudriñar el pasado para buscar culpables, no tiene ningún sentido. La labor de los “adivinadores del pasado” y los apologetas de los desastres del futuro (amigos de las proyecciones demográficas y de las matemáticas básicas para ilustrar tendencias obvias), no tiene ninguna utilidad. 

A colación de lo dicho, quiero parafrasear aquí a la ministra de Política Territorial de España cuando dice que los diagnósticos sobre elmedio rural están hechos a la perfección, es tiempo de la acción, de que cada uno asumamos nuestra responsabilidad. Y también al presidente de la Junta de Extremadura cuando afirma que la labor de la política es contradecir las tendencias y pronósticos, aunque me quedo con su sentencia, que espero que cumpla, cuando dice que se puede hacer todo lo que no está expresamente prohibido. Estaremos expectantes, veremos.

El mundo que hemos heredado es el que tenemos, el reto es transformarlo.

No tiene ningún sentido revisar el pasado, ni dar soluciones a toro pasado. Pese a las dificultades existentes, en ningún momento de la historia estuvimos mejor que ahora, cualquier tiempo pasado fue peor, y si no te lo crees, pregúntaselo a tus padres y abuelos. Es el momento de probar cosas nuevas, hay que hacer y arriesgar, estando dispuestos a equivocarnos y aprender de los errores, porque si no, estaremos condenados.

El reto demográfico, una tarea colectiva y un nuevo enfoque estratégico.

El reto demográfico es una realidad tan compleja que precisa de un enfoque holístico y multifocal, donde se combinan factores endógenos y exógenos, materiales e inmateriales, económicos y culturales. Por eso necesitamos un cóctel de soluciones que apunten en todas esas direcciones a la vez.

Para enfrentar tan gigantesco desafío hemos de poner las luces largas de la mente y desarrollar una visión de perspectiva amplia, comenzando por entender que se trata de un problema global que en mayor medida afecta a todos los países y continentes, que forma parte de una deriva civilizatoria, que existe una tendencia de fondo más poderosa que la acción de los gobiernos, que su abordaje necesita de nuevos actores y alianzas fuertes (sociedad civil, gobiernos, organismos multilaterales, medios de comunicación de masas, líderes de opinión…).

Si no somos conscientes de que todos y cada uno de nosotros tenemos que poner nuestro grano de arena como parte de la estrategia y la acción para comenzar a revertir una tendencia global, el cambio no se producirá, por mucha inversión pública, leyes y normativas que se implementen. Y toda esta tarea puede  y debe ser orquestada y liderada por la administración, pero cediendo el testigo y protagonismo a la ciudadanía.

Para empezar a iluminar el camino y orientar la acción, cada uno de nosotros y nosotras tiene que saber dónde puede aportar: los filósofos, cambiando la mirada colectiva y poniendo cerco a los prejuicios y pensamientos limitantes; los poetas, desvelando la belleza de lo rural e inspirándonos; los profesores, mostrándonos las posibilidades de un mundo rural lleno de oportunidades; los políticos, dejando hacer todo lo que no está expresamente prohibido; los funcionarios, siguiendo la consigna anterior y haciendo más fácil la vida a la gente; los medios de comunicación, difundiendo un nuevo relato y mostrando la realidad de un mundo rural bello y lleno de oportunidades; los líderes de opinión, comprometiéndose con llevar la imagen de un mundo rural lleno al imaginario colectivo; los ciudadanos de a pie, mejorando la autoestima y mostrando los valores invisibles de lo rural…

Repensar y rediseñar el relato de lo rural.

Como hemos puesto de manifiesto en artículos anteriores, el relato de lo urbano con sus “bondades” ganó hace tiempo la guerra al relato de lo rural y sus “miserias”. Un mensaje tan simplista como efectivo que orienta las decisiones vitales de la mayoría de los ciudadanos del mundo.

Los relatos civilizatorios son mucho más poderosos que la acción de los gobiernos, más duraderos que las generaciones. Las personas no tomamos nuestras decisiones de manera racional, porque por encima del raciocinio individual, está la fuerza del grupo y nuestro carácter gregario.

Desde la alienación y la desindividuación, que son rasgos distintivos de lo humano, nos convertimos en seres fácilmente manipulables y “hackeables”. Nuestras fantasías, deseos, ambiciones e ideales pueden ser teledirigidos sin ningún problema. Sapiens es mucho más imbécil y manejable que muchas de las especies que están en su nicho ecológico.

De hecho, si es fácil orquestar la mente de los humanos en torno a ficciones como el dinero, la patria o los dioses; mucho más fácil es hacerlo en torno a la negación del cambio climático, el terraplanismo, la maldad de las vacunas o la superioridad de la vida urbana sobre la rural. Las inercias y movimientos civilizatorios son más fuertes que la acción de las instituciones, cuando se engendran, nada escapa a su fuerza centrípeta.

Romper tópicos, diluir prejuicios.

Aunque muchos de los tópicos sobre la superioridad de la vida urbana son difíciles de disolver, debemos de hacer un esfuerzo para contradecirlos, por ejemplo, cuando se habla de movilidad y dificultad para desplazarnos en el mundo rural, podemos plantear a los urbanitas, cuántas horas al año emplean en desplazarse a su lugar de trabajo. A los que recurren al argumento de la oferta cultural de la ciudad, cuántas veces van a ver una obra de teatro, visitar un museo o asistir a una película de estreno. O a los que hablan de la posibilidad de ir de compras a grandes centros comerciales, recordarles que la tienda más grande del mundo (Amazon) está igual de disponible en el pueblo que en la ciudad.

No nos engañemos, la elección de vivir en la ciudad se sustenta en una fantasía de nuestra mente asociada hábilmente a la felicidad y alimentada por tópicos, porque como seres gregarios y extremadamente primarios que somos, nuestra decisión del lugar donde vivir latenemos tomada de antemano y es tan irracional como nuestras decisiones de compra, orientadas hábilmente por poderosos mecanismos de fidelización. 

Tomamos nuestras decisiones antes de pensarlas, en modo automático, donde pesa más la emoción que la reflexión. Los señuelos del mundo urbano con sus luces de neón y cantos de sirena son atronadores y han disminuido nuestra capacidad de raciocinio, a la par que la ciudad se convierte en símbolo supremo de poder, de éxito personal, de realización plena… ocultando hábilmente el desarraigo, la soledad no deseada, la tristeza, la pérdida de biorritmos naturales, la depresión, la carestía de vida, el hacinamiento, la vida sin luz natural y aire puro.

La resignación es el enemigo más fuerte que tenemos que enfrentar para abordar el reto demográfico.

Ante la magnitud de un problema de dimensión descomunal y el sentimiento de no poder sortear un tsunami que nos supera.

Aunque la guerra del relato la estamos perdiendo, la batalla final está por dar, mientras algo fuerte y auténtico comienza a moverse a favor del mundo rural. Ahora la clave es orquestar esta fuerza emergente en torno a un proceso de inteligencia colectiva, para construir de manera compartida un MUNDO RURAL NUEVO, que conserve las esencias más genuinas del antiguo, libre de prejuicios y tics culturales trasnochados, bello, inclusivo, sostenible, digital, inspirador y atractivo para los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI.

Nosotros ya hemos comenzado esta aventura y te invitamos a sumarte y hacerlo realidad juntos.

Adelante!!!

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