Nos educan para ser pobres.

Detrás de esta afirmación hay una terrible realidad. Una planificación consciente para reproducir la pobreza, cuyos protagonistas desde la educación son inconscientes del proceso. Cuando era pequeño tenía buenas preguntas, la escuela me las fue eliminando, tuve la ocasión de conocer y vivir muchos años con personas que sufrieron los horrores de la guerra y la dictadura, años después entendí que yo mismo era un producto más de esas miserias, vivía en un ecosistema global que reproducía la pobreza de manera intencionada y programada.

pobres

Una pregunta constante que me hacía en mi niñez y juventud era ¿por qué no nos atrevemos a hacer más cosas de las que hacemos? Las respuestas que obtenía en mi entorno siempre eran las mismas: ten cuidado, no te metas en líos, así son las cosas y así serán siempre, no te salgas del redil.

Más tarde lo entendí, en el recuerdo de mi comunidad estaba la guerra, la destrucción …; el miedo. Aunque mi generación no lo vivió, sí estaba presente en nuestros padres y abuelos, en sus mentes y conversaciones. Cuando mi madre se sentaba a coser al sol con las vecinas del barrio escuchaba sus conversaciones acerca de sus vivencias en los “años del hambre”, la escasez y las penurias.

Años después, por fortuna, han desaparecido esas escenas del imaginario colectivo, pero permanece lo esencial, los códigos que reprograman a las personas y la educación reproduce, relegando al individuo a una posición marginal y servil en el mundo, a un papel de trabajador disciplinado y sin espíritu crítico.

Dediqué varios años en la universidad a estudiar este hecho, a preguntarme cómo funcionan los mecanismos del miedo y la represión, a hacer trabajos de reconstrucción oral de centenares de personas que habían vivido esas humillaciones. Y entonces uní las piezas del puzzle y lo entendí todo. Y me vi como un estúpido universitario siguiendo un patrón codificado para convertirme en un “ciudadano ejemplar” cándido y complaciente, rodeado de una mayoría de profesores en un teatro de marionetas en el que  como actores no eran ni conscientes que estaban siendo movidos como muñecos de trapo.

Desde entonces me apasiona la educación porque tengo la absoluta convicción que es la palanca que acciona la transformación del mundo, el mecanismo que permite cambiar la mirada sobre nosotros mismos, nuestro horizonte de posibilidades y el espacio para emprender y prosperar.

Cómo podemos crear abundancia si en el hogar, la calle y la escuela nos han grabado a fuego las frases: los pies en el suelo, siempre a lo seguro, no te hagas ilusiones, no arriesgues… Al final, como un mantra, acabas pensándolo, creyéndolo, hablándolo y haciéndolo.

Aunque no te lo creas, nos educan para ser pobres de cuerpo y alma. Nuestro sistema educativo está diseñado para perpetuar un orden social y reproducir personas manejables y sumisas. Al poder establecido, y no me refiero a los gobiernos de turno que son unos peleles más de un orden global (stablishement), no le interesa que sus súbditos prosperen porque la prosperidad intelectual lleva a la mayoría de edad de las personas, y cuando llegas a ese estatus descubres el engaño en el que habías estado toda tu vida.

Nos educan para pedir permiso, cada acto ha de estar escrutado por la mano invisible del poder para decidir por ti si es lícito o ilícito. Y así, en pocos años tenemos una sociedad anestesiada  y domesticada, una sociedad de pobres.

La pobreza es un estado mental opuesto a la visión de abundancia. Si te instalas en ese lado del pensamiento, arrastrado por lo que te enseñan en la escuela, acabarás generando escasez en todo lo que haces en la vida. Y lo peor de todo es que nos codifican la mente y nos programan para que esto sea así y se perpetúe.

Las raíces de la pobreza. Cómo se diseña la pobreza.

  • La pobreza se construye desde las creencias limitantes. Tanto si crees que puedes alcanzar tus deseos como si no lo crees, estás en lo cierto. Si la pobreza está instalada en tu mente y en tu interior resuenan las voces: no puedo alcanzar mis metas, dependo de las circunstancias,… De nada te servirá lo que digas o lo que hagas.
  • Luego se refuerza en tu lenguaje: cuando el pensamiento está  instalado se refuerza en el lenguaje, sin darte cuenta comienzas a hablar en pobre: es que yo no puedo, eso no está a mi alcance, pensemos en cosas realistas, me puedo equivocar, es muy difícil, es que, es que, es que…
  • Después se convierte en acciones: una persona es capaz de hacer lo que está en el límite de su lenguaje, pensamientos pobres y conversaciones pobres traen acciones pobres: trabajos y actividades para salir del paso, no asumir riesgos, esperar un golpe de la fortuna…

Es fácil cultivar la pobreza en una persona, recortando premeditadamente sus expectativas y ambición, sembrando el temor y la resignación. Pero más fácil todavía es hacerlo en una comunidad de personas, en un pueblo, en un país, porque los mecanismos de retroalimentación son muy poderosos y contagiosos. Bastan los mensajes subliminales del poder o la autoridad a través de los medios de comunicación para inocular el miedo y paralizar en un instante a la sociedad.

Los economistas saben que el sentimiento de escasez se puede sembrar en unos minutos para manipular los movimientos de las bolsas, de hecho se hace diariamente y sin pudor. De la misma manera que la crisis económica es un acto provocado (deliberadamente o no) ante una perspectiva de escasez, la crisis es una emoción que se convierte en un estado de ánimo paralizante que lo envuelve todo. La prosperidad solo regresa cuando cambia ese sentimiento.

El emprendimiento y el liderazgo surgen cuando alguien comienza a convertir los problemas en oportunidades, cuando alguien se hace cargo del estado de ánimo colectivo y lo transforma, cuando alguien piensa, habla y actúa en clave de abundancia.

La forma más rápida y odiosa de someter a una persona o a un grupo es inocular el miedo, cuando se instala, reproduce por sí mismo la pobreza. Quien tiene la capacidad de hacerlo es quien ejerce el poder o la autoridad. Una sociedad sin miedo es incompatible con un estado arbitrario.

Bernstein a través de sus investigaciones descubrió que la pobreza estaba codificada en la sociedad. Había clases sociales que utilizaban un hablar de pobres (código restringido) y otras un hablar de ricos (código elaborado); proceso que se reproducía a través de la educación (pedagogías invisibles).

Cuando era pequeño me fascinaban las conversaciones de una familia que veraneaba en el pueblo, hablaban del futuro, tenían optimismo, ganas de hacer cosas, eran atrevidos, mientras que nosotros éramos conservadores y murmuradores. Desde entonces intuí que su riqueza manaba y se retroalimentaba en ese conversar (no estaba equivocado).

Los dictados de nuestra educación están plagados de códigos restringidos, invisibles para la mayoría, pero que actúan con una eficacia aplastante para crear pobres en su dimensión material y espiritual.

La pobreza a escala global es un asunto muy sensible con el que no se puede frivolizar por las terribles connotaciones que tiene para el sufrimiento del ser humano. Pero sus raíces son las mismas, se instalan en las creencias y las convicciones del ser humano y después se hacen visibles en un estilo de conversar. En este tiempo me he convertido en un ávido observador de este fenómeno, intrigado por conocer la esencia de la pobreza y sus mecanismos, he podido entender y comprobar el patrón que define la pobreza en el mundo, idéntico en las personas de mi país, los países vecinos y de otros continentes, en definitiva, los pobres no tienen frontera, son los pobres del mundo, la pobreza es una patria universal diseñada al efecto para perpetuar un orden. El instrumento que lo hace posible es la educación a través de la codificación de unas creencias limitantes que se instalan en el cerebro y se convierten en convicciones, luego el lenguaje hace su efectiva tarea, relegando ya al ser a una caricatura de sí mismo, incapaz de desarrollar sus funciones creativas, su espíritu emprendedor y su vocación de liderazgo.

Llevo dedicando muchos años, junto a mi equipo, a construir herramientas, modelos y procesos para desbloquear los mecanismos que cortocircuitan el progreso,  y todos ellos pasan por cambiar la mirada del ser humano sobre el mundo y aprender lenguaje (no el que se estudia en el colegio), sino otra forma de hablar para coordinar acciones, diseñar futuros, transformar el mundo y crear riqueza.

La pobreza de una persona o comunidad se delata en su forma de hablar. Sin darnos cuenta, en nuestras conversaciones diarias, revelamos lo más íntimo de la naturaleza de nuestro ser. Desde mis prácticas de escucha, lo primero que descubro en una persona cuando hablo con ella es si es rica o pobre, y no me estoy refiriendo a los recursos materiales que tiene porque hay millonarios muy pobres, y personas que no tienen recursos materiales muy ricas.

Definitivamente, romper el círculo vicioso de la pobreza precisa de una reingeniería de la educación y del ser, un trabajo para desinstalar  del cerebro las creencias limitantes y aprender nuevas competencias para producir un giro ontológico.

La pobreza programada, es inducida desde el poder y reproducida desde la educación para relegar a una parte de la sociedad en una posición de servilismo, conformismo y resignación.

Sí, lo que te estoy diciendo es lo que ya intuías, que la pobreza es una estrategia programada para el dominio de unos seres humanos sobre otros. Sus mecanismos son tan sutiles como efectivos, una ingeniería social refinada y calculada para reproducir un statu quo.

En un foro internacional sobre educación me hicieron la siguiente pregunta: ¿Entonces cómo se podría erradicar la pobreza en el mundo? Aún a riesgo de parecer frívolo en un asunto tan sensible, respondí: enseñando a la gente a pensar, hablar y actuar en grande.

El movimiento para romper la lógica de la pobreza solo se puede propiciar cambiando las conversaciones constitutivas de la educación, el problema es que quienes tenemos que hacerlo (padres, educadores) nos entrenaron para ser pobres y de hecho, somos prescriptores y reproductores de la pobreza. La manera de hacerlo es reprogramar nuestras conversaciones desde un sistema educativo que actúe en consecuencia.

Por eso estamos poniendo las bases de una nueva educación transformadora, desde nuevas competencias para emprender y liderar, para que la gente se haga cargo de su futuro, construya su proyecto vital, para que aprenda a mirar los problemas con alegría, para que se vea parte de la solución, para desarrollar un compromiso con los desafíos globales desde su acción diaria. Personas con narrativas poderosas y ambiciosas, con nuevas visiones sobre el mundo, capaces de crear equipos, impecables en el trabajo, productoras de nuevas ofertas… Personas capaces de aprender para emprender y de emprender para prosperar.

No hay tiempo que perder. Adelante!!!

Artículos relacionados.

Print Friendly

9 pensamientos en “Nos educan para ser pobres.

  1. xavier

    Muy interesante articulo. Creo que hay investigaciones que relacionan justamente la falta de inversion economica en Educacion y Pobreza, que pueden aun profundizar y detallar los factores que cita este articulo.
    Ya ha pensado de ampliar este tipo de articulo con objetivo de ‘Formacion para Formadores’?
    Creo que el area pedagogica, muy focada en los puntos que cita aqui el autor, estaria muy interesada en profundizar estos puntos con objetivo de mejorar el nivel economico de los alumnos.
    Y es intersante entender que existen las formaciones pedagogicas a tal fin, mas no existen formacion para Formadores propiamente dicha.

    Responder
    1. Juan Carlos

      Estimado Xavier, considero esencial el trabajo a desarrollar con los formadores, como forjadores y guías de un nuevo espíritu y emocionalidad de los estudiantes. Bajo mi punto de vista y desde la perspectiva de Bernstein, es necesario descodificar los códigos restringidos que estrangulan las posibilidades de crecimiento de las personas.
      Estoy dispuesto a continuar esta conversación y poder trabajar un plan de acción en este sentido.

      Gracias y Adelante!!!

      Responder
  2. Alicia

    Felicidades por el artículo, es revelador e inspirador a partes iguales.
    Me encantaría profundizar en el tema de una forma lo más práctica posible, como un manual de instrucciones para “pensar como si fuera rica”, enseñar a mi hija a hacerlo. Entiendo la teoría pero me resulta complicado pasar de la teoría a la práctica, especialmente cuando algún miedo planea en la mente…

    Muchas gracias, he difundido el artículo entre mis amistades.

    Responder
    1. Juan Carlos

      Hola Alicia, que motivadora e inspiradora es tu propuesta, sabes, llevo pensando hace años en ese manual de instrucciones, de hecho, en este blog ya he publicado varios artículos sobre como programar las conversaciones que nos conviertan en “personas ricas”.
      Quieres que hablemos y profundicemos en ello, quizá podríamos hacerlo juntos. Este es mi teléfono: 625633587.

      Gracias de nuevo Alicia.

      Responder
  3. Pingback: Nunca dejes de creer. | El blog de Juan Carlos Casco

    1. Juan Carlos

      Estimado Michel, muchas gracias por tu sugerencia, nos ponemos con ello y lo tendremos listo en unas horas. Quiero aprovechar la ocasión para manifestarte mi admiración por tu brillante trayectoria y aportes a la gerencia moderna.
      Muchas gracias de nuevo y a tu disposición.

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *